sábado, febrero 11

Informe de Pasantía




Respetado profesor:

Sirva la presente para informar sobre las actividades por mí ejercidas en una prestigiosa compañía donde -con el propósito de aplicar en el mercado de trabajo los conocimientos teóricos obtenidos en clase- serví como pasante durante los últimos 12 años, experiencia que me fue de gran provecho para el desarrollo de las habilidades y destrezas en vías a mi futuro desempeño profesional. Por ejemplo, yo antes no sabía hacer café. Me quedaba malísimo. Ahora soy toda una autoridad en la preparación del guayoyo (el preferido de la asistente de Presidencia) y del marroncito (con bastante azúcar para los motorizados), además de obtener una meritoria experticia al momento de cambiarle el botellón al filtro de agua.
Durante el periodo en cuestión los miembros de la compañía, desde el mensajero hasta la señora que limpia, se mostraron muy comprometidos con mi proceso de aprendizaje, a tal punto que todos y cada uno de ellos ejercían sobre mí una función de jefatura, adiestrándome en las áreas estratégicas del negocio, tales como sustituirle el papel a las fotocopiadoras y los cartuchos de tinta a las impresoras. Y si se colgaba una computadora o se perdía un sacagrapas, no dudaban en señalarme como responsable con la noble intención de forjarme el carácter. A este desinteresado propósito atribuyo también el hecho de que en diciembre pasado, durante los preparativos para el juego del amigo secreto, olvidaran añadir mi nombre entre los papelitos, seguro para no distraerme de mis ocupaciones fundamentales, cosa que hubiese ocurrido si la semana anterior, cuando fue mi cumpleaños, me hubiesen sorprendido con una torta de piña, como es la costumbre entre los empleados de aquí.
Conocedores de mis numerosas responsabilidades académicas, no se atrevían a importunarme convidándome a almorzar en el cafetín (yo solía comer un sanduchito de queso en el escritorio) ni a sus acostumbras salidas los viernes de quince y último. Siempre fui objeto de un trato especial. Entre el grupo de secretarias, por ejemplo, hubo una muchacha de la cual me enamoré perdidamente. Una tarde al invitarla al cine me respondió levantando su mirada del pintauñas: “Yo no salgo con pasantes”. Pobre ángel. Temía que si llegara a saberse de lo nuestro no me dejaran fijo. Ese día cobré noción de la grandeza humana que en una oficina se mueve alrededor de la figura del aprendiz (por cierto, eso fue lo único que cobré durante los 12 años allí).
Fui precisado a resolver emergencias laborales. Como aquella noche cuando el jefe me exigió adelantar el trabajo en su oficina. Tras cerciorarse de que no quedara nadie más, me dijo, parándose frente a mí: “imagínate que ésta es la Casa Blanca, yo Bill Clinton, y tú la pasante Lewinsky”. Gajes del oficio.
Ya superada esta enriquecedora etapa de aprendizaje, atesoro la experiencia necesaria para hacerme un nombre en mi profesión, tener éxito, montar mi propia empresa y, entonces, disponer de un pasante a quien transmitirle todo lo que yo aprendí.
Espero con ansías ese día.

3 comentarios:

marco dijo...

ola

Anónimo dijo...

HOLA QUE TAL, ME ENCANTAN TUS ARTICULOS, LOS LEO POR LA REVISTA DOMINICAL. Y ME PARECEN MUY REALES

SOBRE TODO ME IDENTIFIQUE CON EL DEL INFORME DE PASANTIAS.....

SALUDOS EXITOS.... Y ESPERO SIGAS PUBLICANDO COSAS ASI

CHAU
LEONOR

Anónimo dijo...

Hola! cómo estás, no sé como llegué a tu blog pero te he leído en Dominical. El punto es que no tienes idea de lo identificada que me siento con este artículo. Imagínate, lo escribiste en el 2006 pero describes todo lo que me pasa ahorita (a excepción de la experiencia tipo Mónica Lewinsky jajajajaja) Saludos.