miércoles, agosto 9

Por su culpa



Cuando en la escuela se me pasmaban en el frasco de compota las caraotas con que pretendía reproducir el fenómeno de la germinación, con increíble aplomo le decía a la maestra que eso no era conmigo, que yo no era el responsable de aquella derrota agropecuaria, que todo fue culpa del thysanoptera thripidae, plaga que azota estos cultivos y cuya erradicación las autoridades nunca enfrentaron enérgicamente… En fin, desde muy temprano advertí mi naturaleza acusadora que, con el tiempo, refiné hasta convertirme en un genio en eso de depositar sobre las espaldas ajenas el peso de cualquier cruz.
Para atribuirles a terceros nuestras pifias, no hay mejor coartada que trabajar en grupo. En caso de bajas calificaciones o si el resultado disgusta al jefe, esquivo las balas admitiendo que fulanito no entregó su parte a tiempo, que de haber sabido que zutanito era tan bruto nunca lo hubiese dejado entrar al equipo. Y uno no levanta, no por pusilánime o torpe, sino porque nuestros padres no dejaron ni en la cara ni en el bolsillo de su descendencia ningún bien preciado ¡Ah!, porque eso sí, la familia es el fabuloso manantial de donde extraer disculpas como si fueran salmones: que después de seis años mamá renunció a darnos teta, que papá siempre eludía nuestros abrazos, que madrina nunca se apareció en Navidad con un regalito … y ya estamos resueltos para zozobrar por el resto de los días sin reconocer la autoría del naufragio (Pero, ¡cuidado con imputaciones inadecuadas!, que si se sobresale como sujeto exitoso fue porque vencimos toda suerte de adversidades, porque le echamos bolas a la vida).
Un fundamento básico es la victimización, convertirse en paria del destino. Mis justificaciones varían desde la tierra que piso (“¡Qué vaina con en este país! Si hubiese nacido en Austria, otro gallo cantaría!”); hasta el cielo que me cubre (“Qué trabajo voy a estar consiguiendo –leo por la mañana el horóscopo, absorto en responsabilizar a las estrellas-: ¡si es que Mercurio retrógrado nada que atraviesa nuestra casa astral”).
Es todo caso es imperioso identificar para cada circunstancia al ingenuo o ingenua a quien apuntar con el dedo cuando la marea suba hasta el cuello, recurso utilísimo en la esfera romántica. Si la relación no resulta, no es porque a la menor discordia uno saca a relucir insolencias o un bate, nada de eso; sino porque ella no nos comprende, que tras la visita al altar vino a lucir su genuino temperamento, que es una bicha y por eso, sólo por eso, esta noche pretendió huir en silencio hacia otros brazos.
Ya veré mañana a quién culpar del crimen.

2 comentarios:

Linus Lowell dijo...

Qué buen blog.
Me he reido con genialidades como "sistema automatizado", he asentido con "la guaricha mediática" y me he sorprendido con "el drama de la viuda hermosa". A partir de ahora me tendrás como visitante habitual.

Consuelo dijo...

Excelente post¡¡ Y verme reflejada en algunos de sus pasajes¡¡