lunes, septiembre 4

El plastiquito


Para muchas librerías representa un delito la lectura de una frase por la que no se ha pagado en la caja registradora, como si las letras fueran a borrarse con la mirada, envolviendo los libros en celofán según se acostumbra con las uvas del automercado y así repeler a los curiosos que llegan sólo a ojear, a robarse de un vistazo las palabras. Pero como con las frutas y el amor, en la literatura busco saborear la mercancía antes de llevarla a casa. Así me convertí en el azote de los plastiquitos.
El dibujo de la portada poco dice del contenido, mucho menos la reseña biográfica del autor impresa en la contratapa. Preciso es abatir los muros y avanzar hacia el hígado del misterio, deshacerse del plastiquito. No es tarea para cobardes. Se necesitan nervios de acero, constatar que ningún vigilante ande cerca para, con la pericia de una comadrona, rasgar la placenta del libro y extraer de su vientre un trozo de cuento o poema.
Todo malhechor experimentado sabe que limpiar la escena del crimen es el remate ideal de un delito; por lo que hago del plastiquito una bolita lanzada con discreción a los pies del que esté al lado (incriminar a otros es una enseñanza que he aprendido de ver tanto CSI), o me apresuro a esconder la evidencia tras los anaqueles antes de que el guardia descubra la intromisión y accione sobre mi cuello su arma paralizante.
Luego corresponde aquilatar los secretos del arca. He hallado en el interior diamantes insospechados, líneas a obtener casi con urgencia, conduciéndome de inmediato a pagar su precio en caja. En otros casos, los más, el asalto a la envoltura desemboca en un cofre de baratijas, sin que ninguna metáfora, razonamiento o diálogo allí guardados, valieran el esfuerzo.
Dar con un botín importante requiere numerosas tentativas, muchos plastiquitos arrugados sobre el piso de la librería como descamaciones de serpientes grises, pellejos de uvas sin sabor.

8 comentarios:

Librero dijo...

ciertamente mi caro amigo, nada mas odioso que ese "preservativo" librero....

XtremeVJ dijo...

Me parece un delito quitar el plástico a los libros y hacer una bolita tirándola al piso, dejándolos totalmente desprotegidos. Yo siempre llevo en mi bolsillo un rollo de Envoplast y así lo dejo, después de hojearlo, casi igualito.

unocontodo dijo...

Definitivamente, sobre todo en esos Libros de cualquier Software, que son mas gruesos que la Biblia... casi todos empiezan explicando como se maneja el Ratón y como se cierran las Ventanas de Windows.....

Si quitamos todas esas páginas que no hablan del programa es si, queda apenas un folleto.

¿cómo sabemos, que tan extenso es el libro en su tema principal, si no lo hojeamos?

Enza dijo...

Sobre el plastiquito no digo nada. Ya ni entro a las librerías: vivo de los libros que me regalan. Pero sí creo que este blog es uno de los mejores que he hurgado. No todo el mundo puede ser simpático e inteligente y además no hacer el ridículo.

falconiano dijo...

...amén de que "quitar el plastiquito" te dá una sensación tan placentera que bien vale el riesgo.

Salud

rugeweb dijo...

Yo quito la envoltura no para revisar el libro, sino para llevarme el plastiquito a casa y envolver las verduras. ¡¡¡Uno se ahorra un dineral!!!

Maléfica dijo...

He ido probando varias estrategias para poder ver el contenido del libro. Como tengo uñas largas, he aprendido a rasgar el plastiquito, hojear el libro y dejarlo como si nada con el plástico por fuera.
También he sido más agresiva, preguntando al empleado si lo puedo abrir (en muchos casos lo hacen ellos mismos) y si me dice que no, entonces levanto la voz y digo que como voy a comprar un libro si no puedo saber que dice, o si la impresión está bien hecha o si tiene dibujitos. Eso hace que muchos clientes se sientan identificados y empiecen a buscar maneras de romper el plastiquito. Subversión pura.
me encantaron las historias de este blog

Antonio dijo...

Pues yo os animo a arrancar plásticos sin miedo y sin pudor, que en TODAS las librerías de Europa ponen sillones muy cómodos en las librerías para que la gente disfrute del libro todo el tiempo que quiera. Luego, si lo quieres comprar lo compras y si no, vuelves mañana. Así de normal, como en una biblioteca.