jueves, noviembre 16

El cochinito

Antes de comprar un choripán le sugiero la siguiente prueba: constate el peso del cochinito ubicado por estos días entre los aderezos del puesto de perros calientes. Si el bicho está hasta el tope de monedas, puede usted jurar que allí el pan es esponjoso y la crema tártara recién hecha; pero si el cochinito luce ligero, con su estómago vacío de gratitud, dé la vuelta y huya de la amenaza de una salchicha medio verde y las legumbres marchitas.
Por sobre renos, muñecos de nieve y demás actores ajenos a nuestro paisaje, el cochinito es el genuino icono de la navidad venezolana. De enero a noviembre, hiberna en una caja junto a las figuritas del pesebre, encierro que no le produce pena alguna sino gran echonería pues en este plazo el cochinito acompaña al burro y al buey durante el nacimiento del hijo de Dios. Así sea a oscuras y en los meses equivocados.
Pero llega diciembre y el cochinito reanuda su importancia a un lado de las cajas registradoras del país. Lo he visto con lazos alrededor de su cintura y hasta cubierto de luces, apoteosis ornamental patrocinada por los empleados que cobran poco o ningún aguinaldo, y quienes recompensan con vítores al que deposite en la ranura parte del vuelto. Pero si, ya sea por insatisfacción o simple avaricia, alguien declina colaborar, sin duda esa persona abandonará el establecimiento con punzantes miradas sobre el cuello más una fea mancha en su reputación: “Allá va un tacaño”.Su carácter impositivo debería ser incorporado a otras esferas. El ama de casa que pase el día cocinando, pasando coleto, fregando platos, en fin, ejerciendo esa variante contemporánea de la esclavitud que es cuidar un hogar, debería poner junto al fregadero un cochinito y el hijo o esposo que renuncie a consignar su gratitud (no con las monedas sobrantes en el bolsillo, sino con un piropo o una salida al cine), se le negará la prestación de tan excelente servicio doméstico.
Ya en otros escenarios se dan avances de esta expansión cerdosa: el cochinito que actualmente prolifera sobre los mostradores de los comercios humildes, es la versión inofensiva de una costumbre cultivada en lujosas empresas y oficinas gubernamentales, donde acecha el empleado con mirada porcina, oronda e insaciable, sorda expresión de un grito de guerra frecuente durante todo el año: “¿Y pa´l cochinito qué?”.
De vaina y los comisionistas no se bañan en escarcha.

5 comentarios:

El loco dijo...

Tienes toda la razón, buen punto el del tradicional cocchinito, y pobre del que no colabore, si eres cliente asiduo estás fregado porque habrá que hacerlo todo el mes y a cada rato.
Saludos

El Trimardito dijo...

Hasta los portugueses en las panaderías tienen al famoso cochinito! Yo trato de no pasarme por el mismo sitio en diciembre, para no estra metiendo plata a cada rato a esos cochinitos desfalcadores! jejejeje!
Saludos

Maléfica dijo...

Es cierto, el cochino es símbolo de nuestra navidad. Y no sólo el de plástico (¿que me dices de los que usan lentes oscuros?) sino el jamón planchado, el pernil asado (y después el sandwich o arepas con lo que sobra). Hasta el poeta Jesús Rosas Marcano le dedico un poema llamado "La Marranidad"

La Flaca Simplona dijo...

Me encantó tu blog! Ya voy corriendo a ponerlo en la lista de mis favoritos! Pero antes de eso... ¿Y pal cochinito qué?

Jajaja! Saludos!

Lucifer dijo...

Ver para creer, no sabía eso del "cochinito"....

http://cripto.blogspot.com/