martes, febrero 13

Pareja asimétrica


Cuando los miembros de una pareja comparten temperamentos afines, es decir, cuando ambos son buena gente o, por el contrario, igual de bichitos, la mejor explicación es aquella de que Dios los cría y ellos se juntan. La extrañeza aparece en la oportunidad en que uno de los dos es de pinga mientras el otro u otra muestra unas espuelas de este tamaño, desequilibrio de caracteres que suelo denominar pareja asimétrica y de la que destacan tres posibilidades:
1) Uno de los dos fue víctima de engaño por parte del otro que, una vez consolidada la relación, dejó caer la máscara de simpatía para liberar toda su naturaleza oscura. En estos casos, los observadores ofrecemos una conclusión inapelable: el mayor defecto de muchas personas, es su pareja.
2) Nadie se dejó engañar nada; por el contrario, desde el principio el uno estuvo muy bien informado sobre la bajeza del otro, lo que ocurre es que el primero presenta vocación de sometido y por eso se la cala.
3) Ambos son igual de desalmados, sólo que uno encubre tras la ruidosa vileza del otro, su propia e íntima perversidad. Esta categoría es la más peligrosa de todas, como en esas películas donde, al momento de interrogar a un sospechoso, un funcionario interpreta el rol de policía malo y su compañero, el de policía bueno. El primero amenaza y desbarata sillas contra las paredes, entretanto el segundo ofrece cigarrillos y un vaso de agua mientras platica con gentileza hasta ganarse la confianza del interrogado que, no hay pele, como un corderito le confiesa sus crímenes al policía cordial. Pero policía al fin y al cabo.
Es frecuente el comentario: “¿Cómo es posible que fulano/a, todo un ángel, se haya empatado con esa energúmeno/a?”. No caigan por inocentes, señores, que cuando el caso responde a la categoría 1, se está ante la presencia de una fina danza ejecutada por dos maestros de las apariencias. Tras escena, la presunta oveja blanca u autor intelectual ofrece las indicaciones de la atrocidad a consumar por el cónyuge explícitamente desalmado, quien, una vez cometida la fechoría, queda como una cucaracha ante todos mientras el primero pasa por bendito. Otra posibilidad consiste en hacerse el loco y mirar distraídamente a un lado mientras el monstruo visible desarrolla la barbarie apetecida por ambos:
- Mi amor –dice el brazo armado de la pareja-, el vecino está haciendo mucha bulla por las noches ¿Qué hacemos? ¿Le quemo el carro?
- ¿Viste a cuanto amaneció hoy el precio de la leche? –responde el otro u otra, en muda aprobación, todo un clásico de la vileza.
- ¡Y después le quemo la casa!
- Y el azúcar que no se consigue… De paso, cuando vayas al abasto, busca también kerosene, que se nos acabó...
Antes de pedirle a Dios que nos libre del agua mansa que con la brava ya veremos qué hacer, habría que rogarle primero que aclare cuál es cuál.

3 comentarios:

Principito dijo...

Ufff... menos mal que usted escribe ficción y que en la vida real esas cosas no pasan no?

Anónimo dijo...

tu eres periodista o psicoanalista

Mariángel dijo...

Hey estaba navegando por aqui y me encuentro con toda esta variedad de crónicas bien pero bien entretenidas.

Todo lo que dices en esta creo que es totalmente cierto!. jajajaaja demasiado bueno!.