miércoles, septiembre 12

Del arte del préstamo

Cuando sospeche que un amigo o pariente viene a pedirle dinero pero usted no anda ese día con ánimo de entidad de ahorro y préstamo, recurra a la mejor táctica para sortear la coyuntura: ponerse a llorar. Y por “llorar” aludo a tomar la delantera improvisando, antes de que sea muy tarde, evasivas del tipo:
- ¡Epale, compadre! ¿Cómo está la cosa? –amenaza el pedigüeño inminente.
- Aquí, chico, si te cuento… –responda usted para, de inmediato, exponer casi con lágrimas en los ojos su tragedia personal, ya sea real o inventada-. A que no sabes que la semana pasada me cortaron la luz y tengo varios días sin almorzar mientras reúno los realitos para pagar el recibo, ah.
Pese a evasivas de esta magnitud, hay prestadores difíciles de convencer, por lo que se recomienda rematar el acto con una declaración impactante: “Mi perrito agoniza y no tengo para las medicinas”, por ejemplo. Y es que llorar estratégicamente es una alternativa más rentable que abrir un fideicomiso o invertir en fondos mutuales. Claro, en ocasiones usted será agarrado fuera de base, sorprendido por el prestador que lanza, sin anestesia, la malévola solicitud: “Epale, compadre ¿Cómo está la cosa? Porque a mí las deudas no me dejan dormir… ¿no tienes por ahí una fuerza que me prestes?”. La petición tipo puñalada trapera es la más difícil de esquivar, pero no imposible. Acá algunas maniobras de comprobada eficacia:
Mantenga dos cuentas de ahorro
Una en donde guarde su cuantiosa fortuna, y otra con apenas el saldo mínimo para que no se la cierren, y cuyo balance impreso usted llevará siempre dentro de la cartera. Cuando el prestador le lance la bola, saque a relucir el íngrimo papelito.
Pida primero
Cuando sospeche que un prestador acecha, tome ventaja y pida primero: “¿Tienes que me prestes para el pasaje?”. Con esta técnica, podría presenciar el milagro de que esa persona le coloque en la mano los dos últimos Cestaticket que le quedan.
Actúe como una entidad financiera
Dígale al interesado que sí va a prestarle el dinero, pero una vez que presente dos referencias comerciales y bancarias, RIF y NIT, balance personal auditado por un contador público colegiado, última declaración del Impuesto sobre la Renta, y fiador.
Espérame en la redoma de Petare a las 3:00 A.M.
O paute cualquier otra zona de dudosa seguridad, y preferiblemente en horas de la madrugada, como lugar de encuentro para entregarle el dinero solicitado. Sin duda el prestador no llegará con vida a las 3:05 A.M., ahorrándose usted esos realitos.
Sea asertivo
Diga honesta y crudamente: “No tengo”. Porque ya lo habrá pensado: con la pelazón imperante, es uno quien casi siempre se ve precisado a interpretar el papel de prestador. De las mañas para superar con éxito esta circunstancia hablaremos en el módulo siguiente, cuando será usted el encargado de tender la perversa emboscada.

HAY TANTOS INGENUOS
Cuando la mayoría de las personas pide dinero prestado recurre a una técnica equivocada: exhibir la miseria ¡Grave error, señores! Hacer gala de la bancarrota es un medio contraproducente si el fin es conquistar la confianza de un prestamista. Así que vístase con la pinta del último 31 de diciembre, báñese en perfume, y exponga que usted busca (no las monedas faltantes para comprarle el pote de leche a los muchachos, nada de eso) sino capital para invertir en una transacción que lo catapultará en pocos días al cielo de los magnates.
Hay un obstáculo: todo prestamista es la imagen viva de la incredulidad. Pero también un sabueso de oportunidades. Si aquel demanda detalles suplementarios del negoción, dígale a la oreja, casi en un susurro: “Es confidencial. Si se entera Carlos Slim, va a querer bañarse en este chorrito”. Si ve que el otro comienza a pensarlo, puede jurar que el mandado está hecho. Aunque no se desanime si ya agotó su línea de crédito y nadie cae: hay tantos ingenuos por ahí como estrategias para emboscarlos.
Maneje la pena ajena
Hay personas a las que les avergüenza exigir la devolución del dinero ofrecido en calidad de préstamo. Su tarea es identificar a estos individuos, haciéndoles sentir culpables durante la recaída: “Sí, chico, yo sé que te debo un millón de bolos desde hace dos años; pero… ¿me vas a negar precisamente ahora cien mil más, en este preciso instante, ah? ¿Dime… son esas tus intenciones?”.
Vaya al grano

Si el motivo del préstamo es, por ejemplo, comprarse una camisa, evítese el viaje a la tienda y pida directamente el artículo necesitado. Eso así, empleando justificaciones cuya elocuencia nadie dude: “No es que quiera que me prestes un traje, nada de eso; lo que pasa es que Giovanni Scutaro me quedó mal otra vez ¡Ya no le encargo un modelito más!”.
Registre una fundación
La contribución desplazó la figura del préstamo. Invocaciones de corte ambientalista, tales como el calentamiento global o los efectos de la industria petrolera en la Amazonia, constituyen exquisitos alegatos. “¿Sabías que el rinoceronte negro africano se extingue y yo, como miembro de Greenpeace, ando recogiendo para proteger la vida de esos pobres animalitos?”.
Ventee los trapos sucios
No hay estrategia más sofisticada que servirle de confidente al prestamista. Escuche sus secretos, tiéndale su mano amiga, arrímele el hombro hasta que descargue su inventario de intimidades ¿Quién habló de chantaje? La sutileza en la exposición de los argumentos nos libra de tan bajas pasiones. “No creo que le vayas a negar esos realitos a quien ha sido reservorio de todas tus picardías. Yo, que nunca revelaría públicamente que te robas las resmas de papel bond y los clips de la oficina ¡A mí, que primero me matan antes de decirle a tu esposa que le montas cachos!”.

DEUDA KARMÁTICA
Como todo deudor sabe, en el acto de recibir el dinero solicitado no termina la epopeya de un préstamo. Una vez que el financista ha sucumbido a nuestras súplicas, varía drásticamente su naturaleza redentora para transformarse en un espanto que nadie quiere ver a los ojos. Sí: se transforma en un cobrador. Para enfrentarlo satisfactoriamente, existen estrategias cuyo éxito dependerá de la pericia del perseguido, más el grado de inocencia del perseguidor.
Sea proactivo
Ya pasó de moda eso de esconderse cuando acechen los cobradores. Renuncie a la apatía y no espere con los brazos cruzados el vencimiento de un giro, o que el infame personaje toque a su puerta para exigir el pago de la deuda contraída. Armado de valentía, días antes de la fecha de vencimiento del compromiso, plántese frente a él y pídale el doble de lo fiado la vez anterior.
Hágase el ofendido
La dignidad es una virtud propia de las almas elevadas y cuando el acreedor exija lo suyo, no le permita terminar la frase y respóndale con un cortante: “¿Es que tú crees que no te voy a pagar? -frase formulada mientras usted abre enormemente los ojos y se lleva una mano a la boca en gesto de incredulidad-. ¿Estás insinuando que no tengo palabra, que pretendo engañarte? ¿Ah, eso insinúas, ah?”.
Declárese en bancarrota
Declarase en “bancarrota” o en suspensión de pagos es un recurso legal accesible a toda persona o unidad familiar que se encuentre en una situación manifiesta de endeudamiento, en la que no puede hacer frente regularmente a los pagos y las deudas contraídas. La ventaja de esta figura legal es que los embargos inmediatos se paralizan y dan el esperado respiro.
Déjelo para otra vida
En el budismo no existe el concepto de alma, sino un estado de pureza y sabiduría latente en la vida de los seres vivientes. La reencarnación, o transmigración, es el paso hacia la siguiente existencia física, estadio para cuando podría postergar el pago de sus pasivos.
Apele a la macroeconomía
Las páginas de economía de la prensa son de gran utilidad. Entre la maraña de tasas de interés y reservas internacionales, está usted resuelto. “Me pides que te devuelva los 20 mil bolívares que me prestaste hace cinco años cuando, ni siquiera aplicándole la indexación acumulada que el BCV estima durante ese periodo, más la tasa de cambio fijo en 2.150 bolívares por dólar, por ese monto ya hoy nadie se come ni una reina pepeada en la Baralt. Por Dios ¡Qué miserable eres! ¡Usurero!”.

6 comentarios:

Rafael Jiménez Moreno dijo...

Amigo Cástor,

Amigo Cástor este escrito es el más brillante análisis del fenómeno crediticio desde los días de la publicación del famoso afiche: "Cuando vienes a pedir prestado (un apacible corderito); cuando te cobro (un lobo con grandes colmillos).
Estos consejos, pues, no hay como pagarlos.

Un abrazo.

la dama dijo...

Me has hecho pasar un rato bueno. Es muy gracioso lo que dices porque hay muchos buitres por ahí que saben ingeniárselas para sacarte el money y casi sin que te de tiempo a pestañear...Por eso hay qu ser avispao y olerlos de lejos y ser más listos y soltar un "mira majo, no me da la gana" sin rodeos...nos quedaremos más chulos que un ocho.

Saludos y hasta la próxima
la dama de Shalott

IMAGINA dijo...

Puedo ver a leguas que eres todo un experto pedidor y todo un experto prestador.
Buenos tips. Voy a masticarlos.

Loren Michelle dijo...

oh dios! te doy gracias por estos consejos! necesito q me presten real urgentemente!!!!!!!! voy con todo!! te aviso si me sirvio de algo!

Joaquín Ortega dijo...

jajajajajaja!!

Hermano Castor, esto da para un manual q le de por patas al matrimonio Kiyosaki-Kiyosaki...

es hora de un libro de su autoría sobre éste tema...u otros más...

te dono unos cuantos títulos para que te animes:

Madre Rica, Padre Pobre: crónicas de un divorcio mal peleado

El Código Da Antonini: coma, beba y viaje -peligrosamente- haciéndose amigo de millonarios guisones

Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Limpia: cómo gastar lo ingastable, y que no es suyo, en sólo 8 años

y

El Flujo de Caja de los Templarios: 7 trucos para llenar la "secta" familiar

un abrazo y mucho juicio

J

Bandera Negra dijo...

jajajajaja

farsantes!

salud,

Bandera Megra