Sólo porque insistes
Los invito a estudiar cómo piensa una persona que gusta hacerse la dura. Para nuestro análisis utilizaremos el diálogo (ni tan ficticio) con una suegra, bastante válido para toda situación que involucre a otros individuos hambrientos de súplicas. Comencemos.
- Suegra, la invito a cenar.
- Es que no tengo mucho apetito –responde la doña, pese a que no ha probado bocado en todo el día a la espera de la invitación. Noten que enfatiza el adverbio “mucho”, es decir, su grado de apetito es cuestionable y deja una fisura abierta a los ruegos.
- Vamos, seguro que en el restaurante se le despierta.
- Es que no me gusta que gastes en mí –se excusa, aunque si esto fuese verdad, en las pasadas navidades no hubiera pedido de regalo una lavadora/secadora morocha. Y es que un experto en hacerse el duro tiene clarísimas sus prioridades: se hace el duro en lo intrascendente, para doblegarse en lo fundamental. Se opondrá con firmeza cuando un pariente o amigo pretenda obsequiarle, por ejemplo, un yesquero de mil bolos: “no, no, gracias… me daría mucha vergüenza despojarte de tan preciado bien” ¿Un bolígrafo tapa amarilla? “Déjalo así, a ti te hace falta” ¡Ah! pero ante el ofrecimiento de un televisor plasma de 42 pulgadas e interface de alta definición, inteligentemente abandonará toda resistencia: “me pones en un compromiso, pero dame acá ¡Ya está bueno de andar despreciando tanta generosidad de tu parte!”.
- Suegrita, una sopa por lo menos.
- No, mijo, yo me la preparo aquí –frase con que denota su sacrificio en aras del bien ajeno. Eso sí: conoce los límites, sabe cuándo detenerse pues, de sobrepasarse, entonces sí tendría que ponerse a cachifear.
- ¿No va a ir entonces?
- Bueno, está bien... Sólo porque insistes –y he acá el fin de toda persona ávida de súplicas: dejar por sentado que al recibir el beneficio, está haciendo un favor.
Destino las últimas líneas para ventilar un caso emblema, el de la moza negada a ceder su flor al pretendiente. Los inexpertos suelen reaccionar ante esta situación soltando con torpeza: “pero no te hagas la dura, mami”, terrible argumento con que sólo obtendrá que la chica, desenmascarada, redoble la resistencia. Así que tomen nota: el hacerse de rogar se combate con más hacerse de rogar.
- Mi amor, dame un piquito en la boca.
- Me da pena -porfía la doncella por cuarta vez.
- Tienes razón, tesoro. Por eso hoy mismo me uno a una secta donde se practique la abstinencia sexual.
- ¿Cómo es eso?
- Sí, una fe donde todo manoseo sea condenado por el sumo sacerdote.
- ¿Ni una agarradita de teta?
- Nada.
- Ay, cielo –dice ella, mientras ya desliza su mano por sobre la rodilla del beato-. Vente pa´ca.
- Bueno, está bien, mami... Sólo porque insistes.


casillero







7 Comments:
Como siempre¡ Gozo un mundo cuando por aquie vengo....es todo tan cierto je je
6:23 PM
chico, eres una rata. pero si, totalmente veraz
7:55 PM
Jajaja... Diosss!!! Tienes mucha razón... Castor eres un GENIO!!! Te estaba leyendo desde el anonimato. pero no resistí la tentación de comentarte XD Además ahora soy una adicta a tu blog!!! Que Dios me perdone... =P
Saludos
10:57 PM
te acabo de descubrir
me encantó este artículo
el que pueda entenderlo en un ser amado
debe entenderlo a nivel macro
esto es, político
declaro adicción eterna a lo que escribas
salud,
Bandera Negra
11:49 AM
cuanta realidad!!!! No me gusta darmela de dura pero de vez en cuando cae bien que te rueguen un poquito :D
Saludos!!
T.
10:40 AM
Jajajajaaaa. LA dureza ante todo!!!
Pero no de a mucho :)
Como siempre, este post esta espectacular.
Un abrazo
12:41 PM
jajajajaja xD yo tenía una suegra así.
5:32 PM
Publicar un comentario
<< VOLVER A PAGINA PRINCIPAL