domingo, diciembre 14

Esbeltos en diciembre

Durante fin de año abundan en los medios de comunicación los nutricionistas afanados en difundir consejos para mantener la salud mediante un equilibrado régimen alimenticio. Las recomendaciones van desde atiborrarse de patilla antes de asistir a una cena, hasta sustituir el champagne por juguito de melón al momento de levantar el brazo en medio de un brindis. Pero… ¡se quedan cortos estos maestros del buen comer! pues diciembre ofrece estrategias insospechadas para ponerse en forma sin prescindir del gozo. Aquí, algunas sugerencias de obligatoria observancia para que su organismo sobreviva a estas fiestas y, de paso, luzca usted en enero una figura excepcional:

Hallaca vegetal
Entre las valiosas opciones sugeridas por los nutricionistas despunta elaborar hallacas con guiso de pavo, pero… ¿ha pensado usted en confeccionar sus multisápidas con sardina o atún? ¡Reemplace el tocino por una deliciosa tajada de queso Ricota! Y si llegaran a ofrecerle una hallaca que no cubra estas exigencias, échela a un lado con desprecio para dejar sobre el plato sólo las hojas de bijao a modo de exquisita ensalada verde. Se sugiere aderezar con aceite de oliva, vinagre y -¡dese un gustazo, que estamos en diciembre!- una pizca de sal.

Jamón medicinal
No basta con comerse sólo las rodajas de piña y la cereza cuando le sirvan jamón planchado. Incorpore la actividad física apremiando al resto de los comensales a utilizar el jamón planchado como pelota de vóleibol a matear sobre la mesa, o válgase del hueso de pernil como bate de beisbol. Si se decide por el fútbol con la bola de jamón, quizá hasta logre mayor número de goles que los alcanzados por la Vinotinto en partidos recientes.

Bailoterapia decembrina
¡Póngase a bailar cada vez que un canal de televisión transmita su cuña navideña!

Triqui traquis adelgazantes
Un extraordinario ejercicio consiste en caminar en horas de la noche por su vecindario. Cuando los carricitos comiencen a lanzarle desde los balcones triqui taquis y chifladores, corra de una acera a otra con el propósito de evadir los juegos pirotécnicos y, de paso, librarse de esos kilitos de más.

Cardio Pabilo
¿Ya degustó la hallaca vegetal? Sería un desperdicio lanzar el pabilo a la basura. Utilícelo para saltar a la cuerda, como cinta de resistencia para personalizar el nivel de tensión durante sus sesiones de Pilates, o empléelo como hilo dental luego de cada comida hasta obtener una dentadura esplendorosa.

Platique con un comensal antagonista
Si ha obviado los consejos propuestos, durante la sobremesa siempre podrá buscarle conversación a algún comensal contrario a la orientación política a la que usted pertenezca. A medida que el otro exponga sus nauseabundos argumentos, echará usted fuera todo lo que ha comido, abandonando el festín con el estómago revuelto, pero eso sí, con su figura intacta.

jueves, diciembre 11

El detallazo

De acuerdo a una encuesta realizada por la compañía británica BMRB Dynamic Marketing, la tacañería es un mal que embiste a las parejas a medida que pasa el tiempo. Tras los dos primeros años de convivencia –revela el estudio como si se tratase de un secreto-, no sólo la cantidad de dinero invertida en los regalos para la media naranja disminuye significativamente, sino que también declina la calidad de los mismos.
Si al principio el obsequioso galán gustaba sorprender a su amada con un viaje a una isla caribeña, tras contraer nupcias el mismo tipo se aparecerá con una maleta; al otro año con un libro de Los Roques pleno de imágenes full color, en la siguiente oportunidad con un álbum donde colocar las fotos del viaje a la isla caribeña, hasta el día en que se apersone con un bonito estante de herramientas donde quepa la maleta, el libro de Los Roques más el álbum.
El romanticismo que durante el inicio de la relación caracterizó al gesto de regalar, cede su espacio al pragmatismo: basta poner un pie en el altar para que aquel cargamento con que el conquistador tocaba a las puertas de su mimosa durante el cortejo, y cuyo grado de ternura era proporcional a su inutilidad (léase bombones, rosas, ositos y demás bichos afelpados), pase a componerse de utensilios de uso común, tales como licuadoras y edredones. Hasta esos obsequios que de manera encubierta constituyen un regalo para quien los da, como es el caso de la lencería sexy, en algún momento cambian de carácter. Según la empresa encargada del estudio, a los cinco años de consumada la unión ya ella, durante Navidad o el día de su santo, ha perdido todo chance de recibir así sea un sostencito, ni siquiera una pantaletica para el diario.
El factor sorpresa también zozobra con los años. Si durante el noviazgo él formulaba consultas clandestinas con el propósito de impresionarla a ella durante su primer aniversario de bodas, al cabo de un tiempo surge la pregunta a secas: “¿Qué quieres que te regale… ahora?”, o le pone la plata en la mano para que “te compres lo que quieras, querida, porque ya sabes cómo odio el bululú de los centros comerciales”. Y va que chuta, pues hay quien duda si luego de cierto tiempo todavía debe cumplir con el fastidioso ritual del regalo, suponiendo que sustituirle la grifería al lavaplatos para que no bote agua es una delicadeza más que suficiente.
Aunque dudo que el grado del amor pueda medirse por la cantidad de dinero destinada a un regalo. Como reza la cuña de la tarjeta de crédito, un gesto reconfortante no tiene precio; a la vez que hay ocasiones en que si él o ella toman la vieja maleta del estante para cruzar la puerta de casa y no volver, eso sí sería lo que se llama un detallazo.

martes, diciembre 9

Receta para una telenovela mexicana

INGREDIENTES:
- Un litro de agua.
- Una estampita de la Virgen del Guadalupe.
- Una nana confidente
- Una mantilla para la nana confidente.
- Media pizca de sed de venganza.
- Ninguna pizca de ingenio.
- Uniforme de cachifa a lucir en los capítulos iniciales.
- ½ cuñete de baba a deslizar por las comisuras de los labios del galán.
- Escaleras resbaladizas.
- Trapito para limpiar parabrisas.
- Un mazo de pestañas postizas para cuando, en los capítulos culminantes, la heroína decida su venganza y nadie, ni la mismísima nana, logre reconocerla.

PREPARACIÓN:
Poner a hervir el litro de agua para la noche tormentosa cuando la nana atiende el parto de la madre de la protagonista, y que fuera violada por su cuñado -dueño de una próspera hacienda- también durante una noche tormentosa. Una vez que la nana se ha hecho cargo de la beba, dejar transcurrir 18 ó 20 años hasta que ésta calce sostenes copa 40 y casualmente sea contratada de doméstica en la finca de su padre. La nana, chantajeada por el padrastro maltratador, oculta el secreto mientras la recogida se enamora del galán sin saber que es su hermano, aunque realmente no es su hermano sino el hijo de la nana que años atrás mantuvo un romance con el socio asesinado por su padre putativo pero procreador de la heroína y cuñado de la madre de aquella, es decir, la hermana de su esposa que es tía del galán y, obviamente, madre de la protagonista.
Como es costumbre en la vida cotidiana, los jóvenes se enamoran sin importar que él sea un próspero latifundista y ella quien lava los baños de la mansión. Pero en una de esas el padre -mañosito el sujeto- intenta violar a la cachifa (¡su hija!), pero durante la escabrosa tentativa el sádico rueda escaleras abajo y queda amnésico. Dejar hervir por 58 capítulos la misma guebonada, periodo en que el galán derrochará en generosas porciones el ½ cuñete de baba creyéndole a su perversa prometida cuando ésta le jura que el bebé que lleva en su vientre la heroína no es suyo sino del chofer.
Al nacer el retoño de los enamorados, la villana lo secuestra y abandona en la vereda donde casualmente vive el padrastro maltratador. El niño, al crecer, trabaja como limpiador de parabrisas que ocasionalmente ofrece sus servicios a un magnate sin sospechar que tan amable caballero es ¡su padre mismo! La heroína solicita la anuencia de la Virgen de Guadalupe para -gracias a Dios- tramar su venganza, valiéndose de un mazo de pestañas postizas con el que ni la nana logra reconocerla. El padre maltratador también rueda por las escaleras y, agonizante, revela el misterio a los héroes, quienes corren a rescatar a su hijo de las calles para rodearlo de lujos insospechados, que es la suerte natural de tantos limpiabotas o malabaristas callejeros que a diario examinan con su mirada el interior de las limosinas ansiando descubrir en cuál de ellas viaja su destino.

martes, diciembre 2

Espía de librería

Ojear libros no es la única actividad disponible cuando se visita una librería. Un pasatiempo casi igual de interesante resulta de pretender descifrar a las personas según el pasillo en el que se encuentran, extraer de la hilera de libros alguna noción del individuo que la recorre.
El espía de librería evita las conclusiones precipitadas y cruza muy pancho el anzuelo de best-sellers instalado por la gerencia apenas se entra al recinto para, pasillos más adelante, descubrir con agrado a la chica con la antología amarilla de Mafalda abierta entre sus manos, tentado a pedirle algún consejo para acelerar la PC al flaco de lentes absorto en el área de Informática (también aparecen presencias inquietantes, siempre esas sombras que en el departamento de Autoayuda revuelven los manuales destinados a mitigar la tristeza).
Este silencioso reality show al que se entrega la gente cuando cree que nadie la ve, precisa eludir el lugar común del encasillamiento por temario, de modo que el espía de librería no clasifica sólo de ingenieros a quienes ocupan el apartado de Hidrodinámica y de artistas a los que permanecen en la sección de Arte, sino que procura información confidencial, hallazgos sorprendentes, descubrir el secreto del tipo con facha de pandillero que hunde su barba entre fascículos de macramé, y la nostalgia de la abuela fascinada por las posiciones sugeridas en el Kama Sutra. Incluso compadece al farsante que, apenas advierte que un conocido llega al local, salta del área de las revistas de moda para irse a saludar agitando los brazos por sobre las repisas de Filosofía o Literatura Inglesa.
Aunque siempre alguien abre un libro porque allí espera encontrarse escrito, el espía de librería no es muy optimista sobre los resultados de estas indagaciones. Tan ocioso ejercicio contemplativo arroja más dudas que certezas, en realidad, sólo la certeza de que las personas son novelas de misterio de las que el espía de librería apenas si logra entender una palabra; rara vez, una frase entera.
- ¿Puedo ayudarlo? -le pregunta un empleado al agente encubierto.
- Sólo si manejas nociones de criptografía -provoca responder.
Ya en la caja registradora, echa un último vistazo a los ejemplares elegidos por los otros compradores, deseándole suerte al señor que paga el texto sobre auto hipnosis como remedio al hábito del cigarrillo, a la espera de que responda a un sano interés en la jardinería la doña que cruza las puertas del establecimiento llevando bajo el brazo un meticuloso manual de flores ponzoñosas.

viernes, noviembre 28

¿Es usted tolerante?

A pocos días de las elecciones regionales y municipales, debe usted asegurarse de que su espíritu está en paz con el cosmos. Si maneja alguna duda al respecto, sugerimos entonces responder el siguiente cuestionario según la metodología expuesta a continuación: con papel y lápiz en mano, vaya sumando el número obtenido en cada ítem del test; por ejemplo, si en la primera pregunta su respuesta es la 2, sume dicha cantidad a la calificación de la siguiente interrogante y así sucesivamente. Al final se muestra el puntaje que dirá si es usted un ciudadano en dominio de sus emociones o un obcecado antagonista.


Al descubrir que un invitado a cenar en su casa manifiesta ideas políticas contrarias a las suyas, usted:
1.- No le sirve la sopa.
2.- Le sirve la sopa fría.
3.- Al momento de servir la sopa usted derrama “accidentalmente” el líquido en estado de ebullición sobre la entrepierna del invitado.
Luego de abordar un avión y oír cómo otros pasajeros echan pestes en contra del candidato de su preferencia, usted:
1.-
Solicita con muchísima amabilidad el derecho de palabra a fin de exponer su punto de vista.
2.- Se coloca los audífonos del iPod.
3.- Secuestra la aeronave negándose a aterrizar hasta que sus rivales ideológicos se lancen sin paracaídas a 1.500 metros de altura sobre el océano más cercano.
Cuando la final de un partido Caracas-Magallanes o el último capítulo de su telenovela favorita son interrumpidos por una cadena, usted:
1.-
Apaga el aparato.
2.- Espera pacientemente a que la planta televisora reponga la programación habitual.
3.- Graba la alocución para ponerla cuando tenga en casa visitas inoportunas.
Si su hija anuncia que va a casarse con un contendor político, usted:
1.-
No asiste a la boda.
2.- La deshereda.
3.- Deja que se case para ejercer sobre el yerno y durante el lento transcurso de los años un ruin desempeño como suegra.
Si una marcha del grupo político adverso avanza bajo el balcón de su apartamento, usted:
1.- Saluda como si nada.
2.- Cierra las ventanas.
3.- Les saca la lengua coreando la tonada infantil “¡lero, lero!”.
RESULTADOS:
De 5 a 8: ¡Felicitaciones! Es usted una persona sumamente tolerante y abierta al diálogo.
De 9 a 14: Controle sus impulsos que a nada bueno conducen.
15: Lina y Marta… ¡no había necesidad de que respondieran la encuesta!

jueves, noviembre 27

El Lastimero

Cuando no es la ciática, es la rodilla o un misterioso dolor en medio del pecho o a la altura del peroné. Y es que cualquier región anatómica es válida cuando se trata de relucir un lamento al que acuda prontamente la zozobra de los allegados, quienes embargan la quincena para cubrir los exámenes de orina, radiografías, biopsia hepática, cuenta de triglicéridos y hasta pruebas de Carbono 14… y nada que la ciencia localiza el origen de tanta punzada indescifrable. Pero qué saben los médicos cuando El Lastimero o La Lastimera está convencido de que le llegó la hora de conocer a la Madre Teresa.
Aunque esmerado en meter en cintura a los incrédulos comunicando cada quince minutos su cuadro terminal mediante informes del tipo “de este año no paso” o “anoche no pegué ni un ojo”, el área sanitaria es sólo una variante de entre las muchas menguas que ocupan a El Lastimero. La amante que amenaza con acercarse un puñal a las venas si su adorado pone un pie en la calle o la madre bañada en lágrimas cuando su hijo anuncia que abandona el hogar, gemir, toser, hipar, suspirar ruidosamente, en fin, mercadear las tragedias reales o imaginarias (sobre todo las imaginarias) es una maniobra inmejorable para que el prójimo acceda a sus intereses y qué hijo, esposo o amigo serías si me dejas tirado/a aquí a la intemperie para que me parta un rayo y que sobre tu conciencia recaiga el peso de mi desdicha.
Debido a que los pobres no pueden darse el lujo de ser hipocondríacos, algún viejo amigo recurrirá a la ruina sentimental producto de su reciente divorcio para solicitar en calidad de “préstamo” nuestro bono vacacional que invertirá en pagarle el alquiler a la querida. Noten que en líneas precedentes la palabra préstamo va en comillas pues ni una locha veremos de vuelta: si a los cuatro años incurrimos en la grosería de recordarle al pana la liquidación de la deuda, de inmediato aflorará en su cara el asombro, un lógico abatimiento por aunarnos al resto del mundo ensañado siempre en su contra. El Lastimero o La Lastimera no conocen la satisfacción, son carnívoros. Su gratitud nunca sale de la duda. Si solicita 100 favores y le concedes apenas 99, ese 1% residual tirará por la borda cualquier servicio ofrecido en el pasado: la víctima profesional sólo repara en la pincelada inconclusa, la cuerda del zapato desatada, el nudo flojo a cerrar mediante otra estupenda maniobra con la que adereza su rutina: luego de oír nuestro rechazo a su última petición, aplica el silencio culposo, abrazador, una pausa administrada con estudiado histrionismo; sí, otra vez ese gesto de Cristo azotado con que tantas madres, hijos, esposas, hermanos, maridos, amigos de la infancia y compañeros de trabajo procuran depositar sobre los hombros de tu culpa el peso de una cruz muy conveniente

martes, noviembre 18

El Empleado del Mes

Cuando visito una franquicia de comida rápida permanezco largo rato frente al muro donde resplandece la foto de El Empleado del Mes, especie de santuario corporativo cuya visión inspira preguntas cruciales, si fueron doce o dieciséis los sacos de papa freídos en media hora, o si tan alto honor le fue otorgado a quien logró la hazaña de erradicar el viejo rastro de salmonella sobre los mesones de la cocina.
En otros ámbitos laborales no se da de manera explícita la figura de El Empleado del Mes, aunque en todos los casos se sobreentiende y siempre es un privilegio muy difícil de obtener. No basta con marcar tarjeta a las 8 de la mañana y marcharse a las 7 de la noche (un dato: ningún jefe toma en cuenta cuando un empleado llega temprano, sino si éste se retira antes de la hora) para cumplir con las obligaciones por las que le pagan, no señor; dicho logro demanda sacrificios adicionales a resolver con gozosa disposición.
Inscribirse en el equipo de softbol organizado por Recursos Humanos -sería más vistoso todavía participar como entrenador y/o coser los uniformes-, llevar el antipasto cuando el patrón cumple año o invertir la hora del almuerzo decorando el pino navideño del lobby son actividades de muy buen ver. Y ni hablar de alinearse por todo el cañón a las metas organizacionales como, por ejemplo, el ahorro de insumos. Así que un fuerte candidato a El Empleado del Mes será quien recicle cinco veces una misma grapa, extrayéndola con los dientes del cúmulo de documentos para no despilfarrar los recursos mediante la manirrota adquisición de un sacagrapa.
Nunca está de más calentarle la oreja a los superiores con jugosas confidencias sobre amoríos entre compañeros de cubículo y -¡en esto sí que ha de mostrarse inflexible!- bajo ninguna circunstancia sugerir que cobra poco. Todo trabajador con ínfulas de Norma Rae verá desaparecer de cuajo la posibilidad de convertirse en El Empleado del Mes (y, si continúa de necio, hasta de seguir como empleado)
No hay que confiarse pues los responsables de la nominación son individuos de temperamento voluble, siempre atentos a cualquier disparate. Cuando supone usted haber trepado hacia el altar de El Empleado del Mes, puede que cometa la pifia de introducir un reposo médico por las quemaduras de tercer grado sufridas cuando instalaba las lucecitas del pino navideño del lobby y ¡zúas!, de nuevo al sótano del afecto patronal.
Atañe entonces remontar sin desmayo la cuesta, primero como El Empleado del Minuto, luego de la Hora, de la Semana y, si sigue así de derechito, sus esfuerzos serán recompensados no sólo con su fotografía en la cartelera o impresa en el boletín institucional, sino que hasta podría ser ascendido a supervisor, cuajando el sueño de todo sujeto que figurase regularmente como El Empleado del Mes: elegir a El Empleado del Mes sucesor y a tomar nota del número de informes, la cantidad de horas extra, cuántas papas fríe Martínez por minuto.

lunes, noviembre 10

Dayana desata la guerra de los mundos


La NASA se mantiene alerta. Luego de interceptar las declaraciones de una asamblea intergaláctica acontecida en las profundidades celestes, la agencia espacial está al tanto de que habitantes de otros mundos debaten la posibilidad de invadir la Tierra ¿La razón? El justificado reconcomio cósmico ante la soberbia de la especie humana de atribuirse el dominio absoluto de la belleza universal.
- No puede ser que, sin siquiera esperar pruebas de si por aquí afuera hay vida o no, los terrícolas suponen que tienen al espécimen más bonito… ¡del Universo! –reza un fragmento de las deliberaciones habladas en una jerga que a los científicos les costó mucho descifrar.
- Y es que no pudieron contentarse organizando el Miss Sistema Solar o, cuando mucho, el Miss Vía Láctea. Nooo… sino que se fueron de buchones y se adjudican la hermosura del universo completico con todo y supernovas, quásares y hasta hoyos negros.
- Se aprovechan porque son quienes dirigen el jaleo. Y no sólo eso, sino que tienen el tupé de imaginarnos cabezones y con los ojos brotados, cuando los terrícolas, evidentemente, son los seres menos agraciados del cosmos.
Un aspecto que enardece la cólera entre los alienígenas es el menosprecio humano a los sacrificios que realizan los pobladores de otros mundos para verse guapos. Se cita el caso de las andromedianas, señoritas nativas de Andrómeda, galaxia ubicada a 2,2 millones de años luz, y quienes invierten sumas astronómicas para fijarse a la altura de la cadera tentáculos suplementarios u otra docena de ojos sobre la frente con el propósito de lucir despampanantes.
- Yo tengo una ahijada que desea en 975 idiomas la paz sideral y que mejore la situación de los selenitas de la calle, pero ni siquiera la invitan a que concurse ¡Qué descaro!
- ¿Y qué me dicen de las venezolanas? Se llenan la única boca que tienen diciendo que son pioneras, cuando las jupiternianas fueron las primeras en nutrirse de ropa vieja y en disfrutar, mediante complejos dispositivos acústicos, de la música de Shakespeare.
- La traición de Osmel tampoco merece nuestra misericordia. Hace siglos lo enviamos a la Tierra con la misión de estudiar las costumbres terrestres, pero se pasó al lado oscuro de la Fuerza haciéndonos esta marramucia.
- ¡Invadamos o arrojemos sobre sus dominios una lluvia de rayos gamma! –sugirió uno de los asambleístas; y ya cuando las naves guerreras calentaban los motores para abatir el planeta azul, intervino una voz mayormente amenazadora:
- Ya va. Debemos de actuar con sutileza, según nuestra inteligencia superior. Propongo atacar donde más les duele en una embestida con secuelas francamente apocalípticas.
- ¿Como la vez anterior, cuando procedimos a engordar a Alicia Machado?
- Peor aún. Haremos que grabe un nuevo disco.

sábado, noviembre 1

Mandamientos del mal pensa´o

· Nunca dejarás a tu novia por mucho tiempo en compañía de un amigo que sea más bonito, mejor conversador o más rico que tú.
· Desconfiarás del jefe encerrado en su oficina con otro compañero de trabajo o que converse bajito por teléfono (ningún jefe se encierra en su oficina con otro compañero de trabajo o conversa bajito por teléfono para hablar bien de ti).
· No te operarás con el cirujano que durante la primera consulta médica te confiese que sufre de hematofobia (propensión al desmayo ante la presencia de sangre y jeringas).
· Dudarás maliciosamente del marido que, sin motivo alguno, se aparezca a medianoche con un ramo de rosas o una caja de bombones.
· Si te sacaste recientemente el premio gordo de la lotería, no beberás del vaso -cuyo líquido burbujee y lance humito- ofrecido por alguno de tus herederos.
· Al subir a un avión, no revisarás las salidas de emergencia, si funcionan las máscaras oxígeno o si hay un salvavidas debajo del asiento, porque de seguro el siniestro ocurrirá precisamente cuando la aeronave sobrevuele un tramo del Océano Atlántico repleto de tiburones.
· Cruzarás hacia el otro lado de la calle si vas caminando a las 3 de la madrugada por la avenida Baralt y por tu misma acera se aproxima un par de sujetos con medias sobre sus rostros y armas blancas en las manos.
· Delegarás tu fe en el sentido del tacto, y no en el de la vista, cuando observes unos senos firmes e insólitamente redondos, así la propietaria de los mismos asegure: “son naturales”.
· Te negarás a responder el correo electrónico donde un alto funcionario nigeriano solicita que le deposites en su cuenta bancaria con el fin de gestionar los trámites para sacar de su país millones de dólares.
· No botarás la ropa con tu talla actual el mismo día que compres el frasco de pastillas adelgazantes o el Abdominazer promocionado por Chuck Norris.
· No te comprometerás a asistir a una segunda cita con quien durante la primera cita te abofeteó por no querer comprarle el número de una rifa.
· Tomarás un paraguas y el impermeable cuando el Observatorio Cajigal anuncie un día esplendoroso.
· Llevarás un fiador contigo cada vez que te toque hacer mercado.
· Tras ser anestesiado, harás caso omiso si escuchas una voz que te exhorta: “¡camina hacia la luz, camina hacia la luz!”.
· No comerás arroz chino con camarones vendido por buhoneros.
· Mascullarás un “ujuuum” cuando veas en la calle una Hummer.
· Confiarás en Dios... pero, por si las moscas, igual le pondrás el trancapalanca al carro.

domingo, octubre 26

Un caballero en el “Palacio”

Aquí no pasa como en las películas. Según la versión hollywoodense, un caballero que se adentra en una tienda de ropa interior femenina es atendido por las empleadas con extrema naturalidad y -he visto en filmes y series de televisión- hasta hay señoritas de diversas dimensiones que desfilan las prendas para asistir al cliente durante la elección ¡Eso es lo que se llama primer mundo!
Aquí no. Aquí apenas un caballero cruza las puertas de una tienda de ropa interior femenina, las empleadas lo reciben con un vistazo concienzudo, mientras las doñas presentes disimulan su incomodidad frente al avance del forastero, como si un intruso acabara de irrumpir en el baño de damas (tampoco falta a quien le baila en los ojos una muy latinoamericana picardía, entregándote con la mirada un codazo fraternal que se traduce como “entonces, sinvergüenza, con que preparándote para la rochela”).
- ¿Qué se le ofrece? –te corta el paso la empleada más aguerrida. La pregunta demanda un motivo convincente que justifique tu presencia pues una respuesta vaga te llevará a ser tomado como a) un fetichista que recorre el establecimiento para nutrir su delirio, o b) un travesti en plena renovación del guardarropa. Y bajo ninguna circunstancia se sugiere ofrecer la típica salida esgrimida en otros locales para sacarse de encima a una vendedora inoportuna –“sólo estoy mirando”- porque ahí sí que te hundes hasta el cuello.
Aunque los intereses de los metrosexuales obligaron a enriquecer el catálogo de ropa interior masculina (con nuevas prendas absolutamente mariquísimas), lejos estamos de igualar el infinito universo de posibilidades que ellas llevan debajo del vestido. A diferencia de lo pasa con el uniforme de trabajo y los trajes coctel, unas pantaletas nunca mienten sobre la personalidad de su portadora. El inventario parte desde las llamadas “mata pasiones” estilo cuello tortuga que ascienden hacia el ombligo para sepultarlo, pasando por el terapéutico corsé con cualidades ortopédicas y termoreductoras, hasta los ligueros de encaje transparentoso cuyo uso por parte de la doncella omite el tránsito que va del repliegue de la falda al estallido de la desnudez.
Un aspecto bastante vistoso en estos emporios de la intimidad son los maniquíes, esfinges de silueta intachable que ya quisiera Hugh Hefner, magnate del imperio Playboy, para una portada de calendario. El impulso documentalista de comprobar esa firmeza sobrenatural aplicándole a la altura del abdomen (por citar cualquier altura) unos golpecitos con los nudillos como cuando se toca madera, explica porqué ciertas situaciones sólo pasan en las películas: si aquí maniquíes vivientes desfilaran prendas íntimas, habría que ponerles guardaespaldas, enseñarles karate o a correr rapidísimo.
- ¿Que qué se le ofrece? –insiste la vendedora, sacándonos de nuestro alelamiento.
- Vine a buscar a mi señora.
- ¿No será aquélla de allá, en la sección XL?

viernes, octubre 17

El drama del consejero matrimonial

Todo profesional ha de constituir un ejemplo en la disciplina que ejerce, o… ¿confiaría usted en un asesor financiero sin una locha en el banco y perseguido por los acreedores? ¿Dejaría su rostro en manos de un dermatólogo con el cutis azotado por el acné? Pero son los consejeros matrimoniales quienes precisan de una paciencia ilimitada al momento de servir de modelos.
¿Pueden divorciarse los consejeros matrimoniales? En caso de que ninguna ley lo impida, al incuestionable estrés que conlleva toda separación conyugal se añadiría el hundimiento de su credibilidad ante la clientela. Les está prohibido -al menos en público- exhibir una expresiva manifestación de enojo marital, un gruñido liberador, hasta una modesta sacadita de madre significaría la ruina.
El drama se intensifica si el consejero matrimonial es famoso y la gente lo reconoce en la calle. Hasta una cola en el cine en compañía de la pareja representa un desafío que demanda soluciones creativas, marcadas siempre por el respeto más la imprescindible comunicación:
- Quisiera ver una comedia romántica –propone la señora del consejero matrimonial.
- Es que, mi amor, las dos últimas películas que vimos pertenecían a ese género cinematográfico - argumenta como corresponde a todo dechado de comprensión.
- No, la última que vimos fue de muertos vivientes. Tú no me complaces en nada.
- Tenemos un problema de comunicación que debemos resolver para alcanzar el equilibrio deseado.
- Guárdate los sermones para el consultorio.
- Sugiero entonces que cada cual entre en la función que quiera y nos encontramos a la salida, decisión que reafirmaría nuestra autonomía como individuos.
- ¡Tú lo que me quieres es abandonar! ¿Es porque yo gano más que tú, verdad? ¿O por los problemitas que últimamente has tenido en la cama? Porque, francamente, pa´ muerto viviente tú.
- Tesoro, te están escuchando todas estas personas acá presentes.
- ¡Me importa un carrizo! Y si lo que quieres es que nos separemos, ya vas a ver que te voy a dejar en la calle.
- Los conflictos que afectan la convivencia deben tratarse en la privacidad del hogar.
- Y olvídate de volver a ver a los muchachos.
- Debemos actuar basados en la empatía como pilar de la relación –insiste el consejero, pasándose el antebrazo por la boca para borrar cualquier rastro visible de espuma.
- Qué fastidio contigo. ¡Y ya no me pellizques!
- La confianza es crucial para salir de la crisis.
- Échate pa´llá que me estás apretando muy duro el brazo.
- Hay que aprender a dialogar para obtener el preciado tesoro de la armonía.
- No me arronces así que me caigo por…
- Y una vez que renuncies a los resentimientos…
- ¡las escaleraaaaaaaaassss….!
- ...verás que la alegría regresa a tu corazón.

martes, octubre 14

Operación colchón

Podría pensarse que soy la persona menos calificada para tratar el tema de la operación colchón, ni como cazador y muchísimo menos en la categoría de presa. Sobre lo primero, ignoro lo qué es acodarse en el escritorio para plantearle propuestas indecorosas a una secretaria escultural, por la sencilla razón de que nunca he tenido secretaria (escultural o no). Y como presa, mi aspecto físico es una bendición que me ha librado de insinuaciones subidas de tono, y hasta de las de tono intermedio, es más, casi siempre se dirigen a mí sin ningún tono.
No obstante, en calidad de testigo soy una autoridad en la materia. Por años he visto a cuantiosos/as compañeros/as de estudios u oficina pactar con sus superiores trámites de piel considerados por la mayoría como vergonzosos, pero cuya eficacia nadie pone en duda, al punto de conocer lances que podrían surtir por horas el segmento de testimonios de un infomercial sobre el tema:
- Graciela Q.A mí siempre me raspaban Matemáticas porque nunca me aprendí la tabla de sumar; pero en una noche pasé de 07 a 19 como calificación promedio y, aunque sigo siendo pésima con los números, en eso de los numeritos no me gana ni Euclides. Mi meta es lograr la misma nota en materias tales como Castellano e Historia de Venezuela ¡hasta graduarme Summa Cum Laude!”.
- José M. “Antes yo era un actor de reparto malazo; pero tras unos ensayos en el apartamento del responsable del casting de la telenovela, ahora soy un protagonista malazo”.
- Joaquina T. “Yo era una secretaria que no mecanografiaba ni once palabras por minuto; pero le puse empeño hasta convertirme en la asistente ejecutiva del tesorero de la empresa”.
Me figuro que el colchón es un artículo accesorio pues en más de una bóveda de banco o trastienda de almacén, espacios que ordinariamente no incluyen entre su mobiliario jergón alguno, se consuma el arreglo que -y he aquí otra certeza- comprende una tabla arancelaria conforme al ámbito respectivo: besitos en el cuello: 11 puntos; besitos muy por debajo del cuello: 14; arrumaco con destape frontal: 18; desempañar el vidrio de la ventana con el dorso de la mano como en Titanic: 20 puntos.
La presa (aunque es erróneo generalizar nombrándola siempre así. En muchas historias es ella el cazador) reacciona de dos maneras: obsesionada en guardar el secreto que a la larga derivará en jugoso comentario de la concurrencia; o, no bien termina de abotonarse el suéter, ya presume del recién logrado status frente a los compañeros sin que medien palabras en su declaración. También están los espíritus incorruptos ante las ofertas del desalmado depredador. A estos últimos sugerimos contraatacar interponiendo evasivas del tipo “hoy tengo cita con el médico para tratarme una muy contagiosa enfermedad”, o abandonando el uso de pasta de dientes tras comer mucha cebolla durante semanas.
Si nada de esto funciona, resígnese con saber que Pepeto no es su jefe.

domingo, octubre 5

Este bonche es un bochorno

Ninguna persona es la misma en el trabajo o en su casa que en un fiesta: el espacio que va de la mesa de pasapalos a la cava donde se enfrían las birras, aloja un surtido grupo de invitados cuya juiciosa estampa inicial va cayendo lastimosamente a medida que avanza el jolgorio, ocasión cuando el tercer trago servido libera al hombre lobo que muchos invitados llevan dentro. Con el ánimo de alertar al anfitrión, en las siguientes líneas referimos algunos de los bochornos que tocan a nuestra puerta apenas se anuncia el bonche:

LOS ARTISTAS
Llegan temerariamente con una guitarra terciada al hombro y -se ha visto más de un caso- hasta un CD contentivo de los demos inaugurales de su “promisoria” carrera artística. Esperan con ansias a que encienden las velas del pastel para cantar a todo gañote el cumpleaños, restregándole así al resto de los asistentes la dudosa magnitud de sus atributos vocales. De ahí en adelante, no habrá manera de hacerlos callar.

LOS INSACIABLES
Son de rápida identificación porque, apenas se asoman a la puerta, indagan con aires de arqueólogo el área donde acontece el festejo, no para saludar al cumpleañero o a la pareja de recién casados, sino para ubicar la mesa de los pasapalos. Acto seguido y por el resto de la velada, se atrincheran estratégicamente junto a los refrigerios, emprendiendo cada cuarto de hora un peregrinaje similar al del los musulmanes en torno al Muro de los Lamentos; pero, en este caso, alrededor de las tartaletas, los quesos, los ojos de buey, las salchichitas inmesas en salsa rosada o cualquier otro género de bocadillos que el anfitrión haya tenido a bien servir. Son a ellos quienes, concluida la velada, camino al carro, les rebosan las manos de servilletas convertidas en improvisados cotillones.
LOS CRITICONES
Tras un proceso de observación cuya rigurosidad nada tiene que envidiarle al método científico, los censores de las fiestas, cuales magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, despachan fallos inapelables sobre el peinado de la novia, el mal gusto en la selección de la lencería que abriga las mesas, o la miserable vestimenta del resto de los invitados.

LOS ANALISTAS
Entre un trago y otro estos ensayistas de la noche plantean –sin que nadie así lo haya requerido- observaciones lapidarias sobre las próximas elecciones regionales, la extinción de los caimanes paraguayos o el tejemaneje del ALCA. Durante toda la noche le disputan el protagonismo a Los Artitas (tampoco hay manera de hacerlos callar).

LOS FORASTEROS
El anfitrión no debe pagarles con la moneda del desprecio a los integrantes de este ramo pues ningún acontecimiento festivo es digno de ser recordado si no cuenta entre sus filas con el inevitable cola´o y/o arrocero, especie de sello de calidad que garantiza lo atractivo que resultó el evento tanto para propios como para extraños. Comen, bailan, besan y beben más que el mismísimo cumpleañero o el resto de los bochornos que –muy a nuestro pesar- sí figuraban en la lista de invitados.

lunes, septiembre 29

Escasez de picones

También en el rubro de los picones se observa una escasez alarmante, no como en el pasado, cuando su espera arrojaba frutos óptimos. En “Buenas y malas palabras” (Monte Ávila, 1987), el estudioso de la lengua Ángel Rosenblat comenta que a mediados del siglo anterior se elevaba en la urbanización caraqueña de El Silencio un paso denominado el Puente de los Picones, allí “permanecían en acecho ociosos adolescentes, mientras las pobres señoras subían y bajaban las escaleras, de tramos descubiertos”. La intromisión visual generaba ciertos percances y un periódico de la época llegó a titular en su primera página “Le rompieron la cabeza por mirar un picón”.
El término, según Rosenblat, deriva de otro territorio con silueta de diamante. “En el beisbol se llama pick up la bola que al batear pega en el suelo; el jugador tiene que agacharse para recogerla, sin dejar de mirar al mismo tiempo para calcular su jugada con precisión (…). Del campo de juego pasó a la vida urbana, que es también campo de juegos variados”.
El recientemente desaparecido Ramón Escovar Salom -en su artículo “El picón en la historia”, publicado en 1956 en El Nacional- ofreció como rasgo definitorio de esta golosina para los ojos “su aire furtivo, instantáneo, pasajero”, acierto secundado por el ensayista Roberto Hernández Montoya en el texto “Mínima teoría del picón”, donde explica: “Es ambiguo porque es puerta entrejunta: ni abierta ni cerrada. Gracias al picón nunca sabremos si la ropa cubre o descubre a la mujer”. Y concluye, de manera irrefutable: “Una mujer desnuda no da picón”.
Pero en estos tiempos cuesta conseguir un picón apegado a la normativa antedicha: o los vestidos no consagran grieta alguna donde quepa la mirada; o el destape sistemático te ofrece, sí, una certeza, pero matando la entretenida emoción de imaginarse esa certeza. Para confirmar esta tesis (nunca emito una opinión sin antes someterla al riguroso método científico) me fui al Sambil con el único propósito de cazar uno. El estudio de campo aplicado sobre una muestra de 275 féminas arrojó el siguiente desenlace estadístico: 72% mujeres con pantalones, 12% mujeres con mono deportivo, 10% mujeres con bermuda; 6% mujeres con manta autóctona.
Al otro extremo del recato están las discípulas de Britney Spears, intérprete que deja sin trabajo a la fantasía cada vez que se monta en un carro y muestra al lente de los fotógrafos, no digo un picón, sino sus Trompas de Falopio, arrebatándole todo el misterio al hallazgo de una gema que -según Hernández Montoya- maneja “negocios secretos con el viento y con la luz”.
Hasta que las salomónicas minifaldas vuelvan a ponerse de moda, presiento que seguirá el inquietante desabastecimiento de picones en su estado puro. Con una salvedad: a diferencia de lo que pasa con los alquileres regulados y las caraotas negras, uno busca el picón, pero es él el que te encuentra a ti.

viernes, septiembre 12

Así es cómo aquí nunca se inventará la rueda

- ¡Usted como que está loco! Dígame… ¿qué utilidad tendría ese perol en forma de casabe o arepa coreana que trae entre manos?
- Muchísimas utilidades. Déjeme explicarle…
- Ya va, que voy al baño y vuelvo… Ajá… ¿cómo me decía que se llama eso que trae ahí?
- Rueda. Este invento mío se llama rueda.
- ¿Y para qué sirve, me pregunto yo?
- Bueno, la rueda podría llegar a ser una metáfora increíble. Gracias a su contribución al desplazamiento, presiento que la gente dirá algún día que su vida va sobre ruedas o, si el asunto empeora, podremos echarle la culpa a la rueda del destino.
- Práctico, sea práctico, que en esta oficina no estamos pa´ coplas.
- Bueno, este invento mío prestaría beneficios en muchos campos. Por ejemplo, hoy a las madres se les acalambran los brazos por cargar todo el día a los tripones; pero con este invento mío, mañana podrán irse a pasear al parque llevando a sus críos en el interior de un cochecito.
- Pero ya el cochecito fue inventado.
- Sí, pero no tiene ruedas. Y hay que ver cómo sufre una madre arrastrando un cochecito sin ruedas.
- Ujum ¿Y eso daría real?
- ¡Claro! La rueda del casino sería una de las atracciones favoritas en Las Vegas, mientras una legión de empresarios amasaría fortunas insólitas en las ruedas de negocios. Eso sin mencionar a la Pirelli o a la Goodyear. Aunque la gente me va a odiar porque esto puede traer cola.
- No plagie, mire que ayer vinieron un planificador urbano más seis fiscales de tránsito a patentar la cola. Pero bueno… ¿Y ya usted inventó alguna otra cosa que le sirva de credencial? No sé, un Abdominazer o algo así.
- La verdad, no.
- ¿Y no trae una carta de recomendación, una tarjeta firmada, cualquier papelito que lo represente?
- Tampoco.
- Bueno, vamos a ver cómo arreglamos esa carencia… Si contáramos con su desprendida generosidad, quizá podríamos... ¡Ya va, que tengo una iluminación! ¡Señores… acabo de inventar la comisión! Y usted será el primer afortunado en mojarme la mano.
- Es que ahorita ando corto.
- ¿Así es la cosa? Llene entonces estos quince formularios, diríjase al registro mercantil, cancele allí los impuestos municipales y, tras adquirir las estampillas de rigor… ¿ve usted esa fila de allá? Pues póngase delante de aquel tipo que asegura haber extraído del sedimento de moho una cura a las infecciones, justo al lado del barbudo que trae un manuscrito de no sé qué cosa de La Mancha.
- ¿Detrás del señor ese que plantea poner goma de borrar al otro extremo de los lápices?
- Como usted quiera.

lunes, septiembre 1

Con el ñame pela´o

Ahora cualquier ingrediente se consigue ya listo para cocinar. Si usted apetece un sancocho, por ejemplo, los automercados ofrecen bolsitas de polietileno con el ñame, el jojoto, el ocumo y hasta la yuca adaptados a las dimensiones de un bocado promedio, atenuando el trajín de cocinar a la mera colocación de tan oportuno reca´o de olla sobre la hornilla; mientras, la guasacaca y la salsa de espagueti cuya preciosista elaboración era motivo de orgullo para nuestras abuelas, hoy vienen en presentaciones de diversos mililitros, con o sin sal.
Muy bueno que ya no se tenga que ordeñar una vaca como preámbulo a la preparación del café con leche, pero tanta condescendencia culinaria terminará aboliendo una de las más eficaces estrategias de manipulación conyugal: no hay mayor astucia que la ejercida por una mujer cuando, durante el proceso de limpiar la panza para el mondongo, recibe con una mirada de abnegación al marido salido del sofá en procura de otra cerveza de la nevera, instante esperado por ella para emitir un suspiro mientras con el antebrazo disipa el sudor de su frente. Son señales de agotamiento cuya lectura no es otra que la que sigue: “¡Mira a esta santa, a esta mártir que luego de tamaña entrega se conformaría con una entradita al cine o aquellos zarcillos que te enseñé el otro día en el centro comercial!”. El propio guiso.
La estrategia es unisex y durante mis incursiones gastronómicas, practico la vieja maniobra de hacerme con el cuchillo un tajito en el dedo o de pegarle la rodilla al horno caliente para no dejar duda de que con la confección de un pasticho pongo en riesgo la vida. Pero si los alimentos procesados (en combinación con las picadoras y demás armatostes que “trabajan por usted”) convierten el acto de cocinar en una tarea sin complicaciones… ¿cómo generar remordimiento en la pareja y los hijos cuando estos se asomen a la cocina? Si comparecer ante los fogones perdiera plenamente su categoría de sacrificio y la gestación del banquete se redujera a oprimir los botones del microondas… ¿cómo aspirar luego a la gratitud o -en no pocos casos- al sentimiento de culpa entre los comensales?
Hasta sospecho que estas trochas culinarias disparan los índices de divorcio ¿Por qué antes los matrimonios duraban tanto? Aventuro una tesis digna de estudio: los maridos de ayer vivían paralizados ante la pasmosa habilidad de sus mujeres al momento de asestarle un palo e´ cochinero al lechón, o de torcerle el cuello a la gallina prevista para la ensalada. Perdida esa destreza gracias a la gallina desplumada, deshuesada y ¡hasta sazonada! sobre los estantes del automercado, ahora pocos señores temen a las represalias al momento de cerrar tras de sí las puertas de la vida en común.
Y ni de lejos aparecerse con las entraditas al cine o aquellos zarcillos del centro comercial.

jueves, agosto 28

Sea un matatigre corporativo

Sacarse el RIF, llevar en el bolsillo un mazo de tarjetas de presentación más un bolígrafo bonito no son las únicas maniobras para que los trabajadores free lance y dueños de compañías modestas proyecten una deslumbrante imagen corporativa. Extraídos de mi experiencia profesional, presento aquí útiles consejos destinados a cautivar a la clientela desconfiada y que de ahora en adelante jurará estar a punto de cerrar trato con la mismísima Microsoft (así usted maneje su negocio desde casa o debajo de un puente):

Nunca responda el teléfono con su “voz”

Esto revelará que su empresa, ciertamente, sólo la integra usted. Por ello, el primer paso es procurarse un distorsionador de voz de esos que usan los secuestradores en las películas, y que ha constar mínimo con tres modulaciones para cuando usted responda, a saber: 1) de operadora de la central telefónica, 2) de vicepresidente a cuya extensión la operadora de la central telefónica redirigió por equivocación la llamada, y 3) de secretaria privada con un matiz nasal bastante parecido al de Maite Delgado. Luego, tras dejar en espera por cinco minutos al impresionado cliente (tenga cerca un reproductor con música de Richard Clayderman para poner de fondo) articule, ahora sí, con su voz natural: “Buenas, diga…”.


Lleve una laptop a la cita de negocios

Pero si los números no dan para adquirir esta herramienta, compre al menos el forro protector que ha de rellenar previamente con periódicos viejos.


Enriquezca su vocabulario

Busque en internet un glosario de gerencia para salpicar la conversación con términos impactantes, tales como “método de venta consultiva”, “benchmarking” o “curva de la demanda primaria”.


Use casco con visor ahumado

De esos que le ocultan completamente el rostro al motorizado, y el cual utilizará -sin quitárselo ni pronunciar una sola palabra- cuando tenga que desempeñar el rol de mensajero encargado de entregar a sus clientes una cotización o factura por cobrar.


Culpe al gobierno

Si un cliente insiste en reunirse en la oficina que usted no tiene, excúsese argumentando que le fue expropiada, que la clausuró el Seniat durante el último operativo aplicado a los grandes contribuyentes, o que el Seguro Social colocó senda calcomanía en la entrada de la sucursal del Sambil.


Hágase el duro

Así sea una trasnacional de cerveza o refrescos la que solicite sus servicios, exija un par de semanas para definir con los miembros de su departamento legal los detalles de la contratación. Eso sí, nunca, ¡pero jamás! pida un adelanto económico con el pretexto de que lo necesita para costearse el pasaje de la camionetica, y mucho menos llore o abrace al cliente gritando que, gracias a él, por un tiempo ya no tendrá que acostarse sin cenar.

sábado, agosto 23

Fases del pollo marital

DURANTE LA PRIMERA CITA
- En estos días leí, preciosa, que un grupo de científicos israelíes concibió a partir del cruce genético otro tipo de pollo, sin plumas y tan jugoso como el ave doméstica de siempre, pero cuya carne blanca de los pollitos se caracteriza por la ausencia total de grasa. Claro, tú, con esa figura que tan bellamente engalana esta pollera, no necesitas ni necesitarás nunca comer eso.
- ¡Ay! Pero qué instruido y dulce, además de auténtico: traerme en la primera cita a una pollera demuestra que eres un ser humano genuino, legítimo, ajeno a las apariencias o las falsas virtudes.
- Modestia aparte, así mismito como dices soy yo. ¿Y cuál es la pieza de tu predilección? ¿La pechuga o el muslo?
- La que me sirvas. No soy de buen comer.
- Pide lo que quieras, y date tu tiempo. Así podemos conocernos a fondo… aunque ¡aquí llega la pechuga que merece una reina como tú!
- ¡Graaaaacias! Voy a guardar una alita para llevarle a mamá. A ella le fascina el pollo.
- ¿Le fascina el pollo? Yo preparo uno con jengibre y especias que me queda de rechupete. Deja esa alita ahí: vamos a ordenarle a tu madre uno entero con bollitos y todo para que se lo lleves. ¿Te provoca un vinito? ¿Guasaquita? ¿Postre?

EN LA LUNA DE MIEL
- ¿Ya te dije que inventaron un pollo sin plumas?
- Creo que sí, la verdad…
- No importa. Aquí tienes el muslito, tesora; que ya sabes cuanto adoro yo la pechuga. Y come rapidito para que volvamos al nido. Ah, y no comas mucho, ya sabes lo que se dice: mujer llena no retoza.
- Claro, papi, para llevar. Más tarde saboreas esa o cualquier otra pechuga que se te antoje.
- ¿Y la guasacaquita para el bollito?
- Ji, ji, ji, grosero.

A LOS 7 AÑOS
- Qué vaina, chica, me agarraste otra vez la pechuga. Dame acá eso ¡antojosa!
- Tú si eres lambusio, sin mencionar lo agarra´o. Meses sin salir de casa y me arrastras de nuevo a este antro de pollera.
- Qué ingrata eres, uno que hace un sacrificio para que distraerte y es así como agradeces. Y traga rápido.
- ¿Me pides un refresco?
- Pásalo con agüita, que además de ser gratis sirve para rebajar los cauchitos y, de paso, hidratar la piel porque, sinceramente…
- Eso no me decías antes.
- En este sitio sí se tardan. Mejor pedimos el pollo para llevar porque hoy hay partido en la tele. Y no me vengas con que de regreso pasamos por donde tu vieja, que nos deja sin comida. Es una nirgua, come hasta cresta, y es que de tal palo…
- ¿Pedimos un postrecito?
- En casa hay gelatina.

LUEGO DE LA DÉCADA
- Mesonero, aquí, lo mismito de siempre.
- Ah, y un picantico... para variar.

lunes, agosto 18

Ramón, subtitulador

Lo imagino con un cigarro entre los dientes, en medio de una habitación iluminada apenas por el brillo de la pantalla del computador con el que se las arregla para subtitular los DVD pirata de las películas que luego distribuirá entre los buhoneros. Sospecho que se llama Ramón, nombre bastante probable si nos detenemos en el notorio dialecto azteca de sus “traducciones”:
- Orale, Harry, métele tantito una brujería al chingo ese para que no mame -reza, de acuerdo a la versión de Ramón, el diálogo en una escena donde participa el joven mago de Hogwarts.
- Chido, Hermione, yo también le tengo camote a ese cuate. Pero me late buscar lana para otra varita.
O en la escena romántica donde el galán recita al oído de su amada “honey, I don't know why you treat me so bad, well I tried so hard to make you see it my way”, Ramón traduce con pasmosa economía de lenguaje: “chica, no seas maluca” (al menos eso interpretamos, pues en su libre manejo de la ortografía Ramón colocó: “chicha, no seaz malukas”).
Dichas ligerezas van de la mano de la impericia de Ramón para sincronizar los diálogos con sus escenas correspondientes, motivo que genera dentro de la economía informal dos clases de película: unas en las que los subtítulos se esfuman con tal violencia que quien no haya tomado un curso de lectura rápida sólo le dará tiempo de leer la primera palabra; o aquéllas donde los cartelitos duran tanto que ya Bruce Willis atrapó al asesino pero aún permanecen en pantalla los ruegos de la víctima para que no la maten.
Para quienes dependemos de los subtítulos puestos por Ramón, inquieta ver una película en compañía de alguien que domine el inglés, quien llora de risa o tristeza al término de una frase que por hallarse misteriosamente subtitulada a nosotros no nos dio frío ni calor. “Esos subtítulos son una mierda”, dice esta persona a cada rato (que también lee los subtítulos con el único fin de decirnos eso, restregándonos por la cara que nos estamos perdiendo lo mejor).
Aunque me inclino por una segunda teoría: Ramón es un genio incomprendido cuya aparente ineptitud para subtitular es una forma de venganza. Quizá se trate de un agudo libretista cuyos guiones no interesan a los estudios de Hollywood, por lo que recurre a esta oscura ocupación para manipular la trama a su antojo, tejer la historia que finalmente se impondrá entre los espectadores subordinados a los cartelitos.
El fenómeno que lleva a que en una película los subtítulos tomen un rumbo distinto al seguido por las imágenes proyectadas, quizá responde a que ese día Ramón anduvo tan inspirado que decidió alojar en los labios de los personajes una ficción hasta entonces desconocida. Cameron Díaz siempre hace de sabrosona y Stallone es un paladín; pero Ramón, harto de lugares comunes, resuelve lo contrario.
Luego, tras cerciorarse de que su adaptación supera por mucho a la idea original, sonríe satisfecho y pasa a corregir otra mala historia.

sábado, agosto 9

Bailando con hambre

Tras la excelente acogida de Bailando con las Estrellas, luego con las reinas y, recientemente, con los gorditos, se anuncia para las próximas semanas el estreno de otra variante de tan exitoso formato televisivo, Bailando con los Abuelos. Como -por lo que se ve- este género de distracción aún dista de agotarse, sospechamos el surgimiento de versiones infinitas con igual ingenio y que, sin duda, reflejarán la muy resbaladiza pista de baile en que tiende a convertirse el territorio nacional:

Bailando con los Sobones del Metro
Aquellos sujetos que gustan propasarse manualmente con sus compañeras de viaje dentro de dicho medio de transporte, serían puestos a echar un pie con ricas mamis, quienes improvisarían frente a la audiencia un sinfín de malabares para que los depravados no les metan la mano hasta el tuétano.

Bailando con los Comerciantes
Supondría llevar a la pantalla chica el regateo recomendado semanas atrás por altas instancias oficiales como medida que minimice la embestida inflacionaria (lo novedoso sería la incorporación de fondo musical, pues desde hace mucho las amas de casa vernáculas despliegan frente a la caja registradora, pasos de mambo, samba y hasta de cha cha cha para estirar la quincena).
Bailando con Lobos
La película protagonizada por Kevin Costner hace casi dos décadas empezó todo. Podría hacerse una adaptación con cachicamos y rabipelaos.

Bailando con los Desaseados
Participarían los concursantes de pasadas ediciones, aunque durante los ensayos y la exhibición ante las cámaras se les prohibiría terminantemente usar desodorante. Resultará entretenido observar cómo las parejas mantienen la concentración y esa sonrisa imbatible que siempre exige el jurado calificador.

Bailando con los Atracadores
Se reunirían a célebres azotes de barrio para improvisar vivaces performances con ganzúas y patas de cabra. Esta variante, sin duda, se robaría el show (podría pensarse en una edición suplementaria con tombos y agentes aduaneros).

Bailando con el Amigo Imaginario
Una manera de incluir a los tímidos, desequilibrados mentales, y a la gente muy fea a la que nadie saca a bailar.

Bailando con los Tetrapléjicos
Sin comentarios.

Bailando con las Suegras
Durante la competencia el yerno aprovecharía para machucarle los pies, propinar “accidentales” codazos en la boca del estómago y -tras una compleja pirueta en el aire- dejar caer aparatosamente al piso a tan necia compañera de baile.

Bailando con el Ballet del Teresa Carreño
Propuesta que revolucionará el formato pues, por primera vez en este tipo de competencia, los participantes actuarían de manera impecable, desplazándose sobre el escenario con una gracia sin igual… ¿O eso era antes?

miércoles, agosto 6

Excluidos deportivos

Quienes no somos aficionados a ningún deporte pasamos a convertirnos en ciudadanos de segunda, mirados por sobre el hombro por esa inmensa cuota de la población presente durante todo el año sobre las tribunas de los estadios o que, frente a la pantalla del televisor, empata la clausura del béisbol de la liga americana con el inicio del campeonato nacional de básquet. Impasible ante las páginas de deportes de la prensa, uno apenas sospecha que es la temporada de algo por las caimaneras que improvisan los muchachos en la calle: si patean la pelota es época de fútbol; pero si la toman con las manos es de béisbol… ¿o será voleibol?
Este oscurantismo deportivo afecta sensiblemente la vida social. Amigos y parientes acuden a tascas para, entre animadas rondas de cerveza, ver la final de un campeonato; pero a los excluidos deportivos ni agua, recibidos con un gesto que mezcla la sorpresa con el desprecio en caso de acercarnos al local pues los expertos saben que dentro de poco consultaremos qué es un saque de esquina o un fly (admito que lo más entretenido de un partido es cuando las mascotas de los equipos comienzan a echar vaina durante el medio tiempo).
Escuchar una plática entre fanáticos genera entre los excluidos deportivos la misma sensación que de seguro invadiría a un analfabeto coleado en un simposio de literatura mongol del siglo XIX. Cuando hablan de “los eternos rivales” creo que se refieren a El Puma y Julio Iglesias, y si dicen “le dieron de comer arepas a los leones” provoca añadir con aplomo que esa es una dieta poco recomendable para estas fieras de naturaleza carnívora, constituyendo un duro golpe al ego masculino el que una dama te explique el enigma que representa la frase segundo cuarto de final (en cierta oportunidad una doncella me declaró que era “amante del cuero”; de inmediato, comencé a susurrarle al oído ciertas desvergüenzas, a lo que ella respondió con una cachetada fulminante seguida del grito de“¡depravado!”).
Y es que la ignorancia es atrevida. Para estar a tono con la atmósfera del momento, a mediados de la pasada Eurocopa me aventuré a repetir con aire erudito lo que había escuchado semanas atrás: “Pa´ mí que va a ganar Suiza”. El grupo de oyentes me ofreció la misma expresión que le fuera entregada a aquella miss que dijo sentir un entusiasmo tremendo por la música de Shakespeare.
Pero es mi empeño combatir tamaña barbarie deportiva y para estas Olimpiadas ya organizo entre los compañeros de trabajo la quiniela de la gimnasia rítmica, mientras que en la soledad de mi cuarto ensayo la ola para no desentonar entre la multitud arrebatada por el desempeño de los contrincantes sobre una mesa de ping pong.
Lo juro. De ahora en adelante no me van a agarrar dentro de base cuando la bote de autogol.

jueves, julio 31

Síntomas de que eres adicto a Facebook

- Cuando conoces a alguien en una fiesta o a un nuevo compañero de trabajo, le preguntas al momento de estrecharle la mano: “¿Me aceptas como tu amigo?”.
- Ya sabes qué animal representas, quién eres en los sueños, y con cuál héroe o princesa de Disney te identificas.
- Te mandaste a hacer una rinoplastia y a inyectarte botox con el propósito de renovar la foto del perfil.
- Ya escribes de un tirón, sin siquiera mirar el teclado, la frase: “¡Años sin saber de ti!.. ¿Qué es de tu vida?”
- Has planeado lanzarte en parapente o comer iguana con el único fin de contarlo a tus panas on line.
- Te quedas dormido acariciando el siguiente pensamiento: “Me faltan dos para completar para el san”.
- Has revuelto el closet en busca de las fotos de tu bautizo o primera comunión para escanearlas.
- Sientes una profunda envidia porque alguna de tus amistades de bachillerato “anda” con gente famosa; o, en caso contrario, la compadeces porque no llega a la docena de amigos (“pobrecito, está solo en esta vida”).
- Has tenido que explicarle a tu pareja la procedencia de todas y cada una de esas caritas.
- Crees tener más vida social que Paris Hilton porque ahora todos los días te invitan a un evento, y estás al tanto de que la Pepa asistió al cumpleaños del Toto o que Nacho conoció a la Cuqui.
- Presumes que la gente se emocionará al enterarse de lo que haces en este momento, si estás durmiendo la siesta o en el trabajo.
- Incluiste el link en tu tarjeta de presentación.
- Pasas la noche en vela meditando las razones de por qué aquella persona con la que sólo conversaste durante cinco minutos hace quince años, se demora tanto en aceptar tu amistad.
- Aseguras que ahora sí estás conectado porque Eladio Lárez se encuentra entre tus “íntimos”.
- Te has incorporado a grupos de extraordinaria utilidad, tales como “Coleccionistas de Clips” o “Partidarios de Escarbarse la Nariz con el Dedo Meñique de la Mano Izquierda”.
- Te crees la persona más desprendida de este mundo porque envías diariamente un cargamento de flores, peluches y chucherías virtuales.
- No duermes tranquilo porque estás en un programa de protección de testigos y sospechas que la mafia ahora sí te encontrará y te matará, o que la CIA ya abrió un expediente con información detallada de tu vida personal.
- Te deprimes si pasa un día en que nadie te invite a nada.
- Comienzas a preocuparte porque se te están agotando los recuerdos en común.
- Estás convencidísimo/a de que una multitud vendrá a auxiliarte en caso de que se te pinche un caucho en la autopista, o necesites un préstamo para pagar el alquiler esta quincena.
- Comienzas a sospechar de tus contactos porque cada vez que anuncias que estás de viaje, cuando regresas a casa el hampa arrasó con todo.

lunes, julio 14

Por qué doblar la página de un libro

Usted dobla el borde de la página del libro que lee porque a) nunca encuentra ese escurridizo pedazo de cartón llamado marcapáginas que le regaló una librería pudiente o un amigo pichirre, o b) no tiene a mano una servilleta o un lápiz que le hagan el quite al marcapáginas. Ante la ausencia de tan útiles recursos, improvisa entonces un dobladillo en la esquina superior de la hoja como señalización que indique dónde reanudar la lectura la próxima vez.
Mucha gente critica este método recordatorio por considerarlo un irrespeto a tan sagrada institución del saber. Yo opino lo contrario: doblar la página de un libro es el más sincero homenaje que pueda recibir la persona que lo escribió. Y es que cuando un pasajero del metro llega a su destino y dobla la página del texto que venía leyendo durante el viaje, acuerda una cita mediante esta operación, está diciendo hasta pronto, suscribe un pacto con el que promete que luego de honrar los compromisos del día y regrese a casa en un vagón con dirección opuesta al que tomó en la mañana, volverá a esa página para restablecer el encuentro interrumpido horas antes. Feo sería no doblar nada y cerrar muy panchos el libro, que es como despedirse de aquellas líneas con un adiós.
Quizá pretenda seguir leyendo corrido, pero usted también dobla cierta página antes de pasar a las otras porque en ella particularmente echa chispas un pensamiento esclarecedor, sobresale de entre el conjunto el verso más excitante o, si se trata de un recetario, el platillo que le volvió agua la boca. De allí que el sueño de cualquier autor sería que muchas, mejor aún, todas las páginas de su novela o de su tesis o de su poemario las honre ese doblez que funciona como el dibujo de la equis en un mapa del tesoro.
Desconfío de los libros que llevan mucho tiempo en la repisa de una biblioteca luciendo todavía impecables, como si ningún ojo, ningún dedo mojado de saliva hubiese pasado por ellos. Cuando le pido a un amigo que me preste uno, busco la hoja doblada para saber cuál episodio fascinó a mi amigo o lo llevó a colocar el libro en la mesita de noche antes de irse a dormir, qué dice o calla de su dueño la página marcada. Es una lectura dentro de otra. También pasa que cuando devuelvo el ejemplar hecho un acordeón se me recrimina furiosamente con un “¿Y esto?”. Provoca responder: “Chico, agradece el favor: ahí te dejo iluminadas varias perlitas”.
Aunque casi siempre el gesto se da sin siquiera tener un libro entre las manos. De las muchísimas páginas que componen la biografía de nuestras vidas, pocas logran que los dedos de la memoria doblen la punta de una tarde terrible o magnífica para volver a ella el día menos pensado.

lunes, julio 7

Cuando quiero beber sí lloro

Mis amigos me sacan el cuerpo cuando salen a beber en cambote, mi señora me esconde las botellas de licor de la alacena, ya no me invitan a fiestas... Y no es que yo sea de los que con cuatro palos encima desguasan floreros contra las paredes, al contrario: la cautela de mis prójimos responde a que pertenezco a ese empalagoso género de bebedores asolados al tercer brindis por un sentimentalismo que ya quisiera Lupita Ferrer en su desempeño histriónico. Lo mío es la pea llorona.
El derrumbe de la compostura es gradual, tampoco es cuestión de soltar el moco al primer sorbo. Comienza con un simpático estado de franqueza (“Compadre, ¡usted es un hermano para mí!”), luego sigue la exploración en la agenda telefónica de los amores inquebrantables ("Te quedaste con la casa, el carro y los perros… pero no puedes negar que lo nuestro fue bonito"), hasta sobrevenir el apogeo de la pea donde todo conmueve. Si un tucusito pasa frente a la ventana, ocurre el llanto. Y si no pasa, también.
- ¿Por qué lloras?
- Es que Las Águilas del Zulia perdió el campeonato en 1997… ¡buaaaa! –berreé hace poco, al término de la celebración de una boda, apoyando los brazos contra un muro cual Quico cuando le pega Don Ramón. Y eso que a mí ni me gusta el béisbol.
La pea llorona es unisex. Sacude la sensibilidad de la feminista a ultranza, u oxida con cada trago ingerido la armadura emocional de los hombres sobrios. Este hábito demanda una fortuna en la reposición de lentes de contacto, gasto retribuido con creces en caso de alcanzarse el máximo logro que alienta a todo borracho sentimental: contagiarle el llanto a su público. El primer anillo compuesto por pareja, amigos y parientes es un blanco fácil; el desafío radica en los testarudos cuya constante exposición al sollozo ajeno les ha endurecido las glándulas lacrimales (entre mis victorias destaca haber convertido en unas magdalenas a un barman y a la señora de la limpieza que, a pocos pasos de la barra, coleteaba esa noche el local).
Eso sí, cuide que ningún otro nostálgico le tome la delantera y cuando desde el extremo opuesto del salón de fiestas alguien arroje un suspiro, tome medidas porque están a punto de robarle el show. Todo borracho afligido es un fastidio que eventualmente conmueve, pero nadie acerca un pañuelo a los segundones.
Como estímulos complementarios se sugiere entonces poner un disco de Air Supply o -cada quien es libre de invocar a sus mediadores- uno de Juanga, recordar el saldo de la quincena, abrazarse a una rocola hasta que la primera lágrima desate el tsunami de las emociones estancadas, incorporándolo a esta raza que se niega a sucumbir en los aeropuertos o en las funerarias y aguanta hasta la hora en que abra el bar.
Quizá mañana ni siquiera recuerde que lloró.

lunes, junio 23

Bronca solidaria

La generosidad no abunda como arroz pica´o, por lo que las organizaciones caritativas lidian entre sí como tigres para obtener una porción de tan escaso bien. Vale todo, resultando el comadreo una fórmula de extendido uso entre las almas piadosas: si usted establece contacto con una asociación solidaria, digamos que con alguna esmerada en atender a los perritos de la calle, llegará el día en que uno de sus pioneros lo lleve a un rincón para confiarle: “Chico… ¿sabías lo de la fundación tal y cual? No es por nada, pero allá se cogen los reales de los desparasitantes, a los animalitos no les ponen ni agua, ¡ah!, y aquí entre nos –en este punto el tono de la revelación muda a susurro-, su secretario general acaba de montar un puesto de pinchos en el Mercado Guaicaipuro…”.

Y es que en el campo de batalla de las buenas intenciones también aplica el costo de oportunidad, concepto según el cual toda decisión se toma a expensas del sacrificio de las otras decisiones posibles; es decir, cuando usted ofrece un donativo para la conservación de los manatíes, está renunciando a destinar ese dinero al resto de la fauna en peligro de extinción. Muchas ONG´s y asociaciones benéficas saben esto y no dudan en arrimar, a toda cosa, el barco de la piedad a la orilla de su causa (cuya nobleza, que conste, no pongo en duda en la mayoría de los casos).
Ante tan reñido combate por conquistar al voluntariado, creé hace poco una organización sin fines de lucro consagrada a mediar las peloteras entre las organizaciones sin fines de lucro. Se llama "Fundación contra la Guerra Sucia entre Fundaciones" (Funguesufunda). Transcribo en las siguientes líneas un fragmento de la minuta recogida durante nuestra primera asamblea:
- Los ancianos han entregado su vida a la sociedad y como retribución lo menos que podemos hacer es ofrecerles una vejez tranquila –propuso el encargado de velar por los derechos de los pensionados.
- Maravilloso, aunque no olvidemos que en los niños radica el futuro… –dijo el defensor de la infancia abandonada.
- ¡Un momento, que sin planeta no hay ancianos ni niños! –intervino el delegado de la causa ecologista.
- ¿Y de qué valen los osos frontinos cuando un marido llega vuelto leña y muele a palos a su mujer?– se interpuso la delegada contra la violencia doméstica-. ¡Y a quien opine lo contrario le caigo a trompadas!
Volaron sillas al final de las deliberaciones, por lo que Funguesufunda prestará un gran servicio terciando en tan deslenguada carrera por hacer el bien. Claro, para cumplir con este propósito Funguesufunda apreciaría contar con su valioso aporte, preferiblemente en metálico. Prometo que los recursos serán manejados con responsabilidad y transparencia, no como en algunas organizaciones dizque benéficas y cuyos apoderados he visto, ‘con estos ojos que ni el sueño somete’, en peñas hípicas y salas de bingo… (aquí entre nos).

sábado, junio 21

Cronología del destape

En el Génesis:
Spencer Tunick invita a los habitantes del jardín del Edén para que participen en la primera serie de fotografías con muchísima gente empelotada. A la cita sólo acuden dos personas... Tunick, decepcionado ante el fracaso de la convocatoria, no toma la foto.

4.000.000 años A.C.
Durante el periodo del Plioceno, un Australopithecus entra imprevistamente a la cueva y por vez primera sorprende a la Australopitheca sin nada de piel de bisonte que la cubra. De ahí en adelante pasa a ser homo erectus.

3.000 años A.C.
Los egipcios inventan el calendario solar, que por encontrarse basado en los movimientos del astro rey, sobresale como el primer calendario caliente de la historia.

1501-1504:
Miguel Ángel esculpe el David. Por el tamaño de los genitales que exhibe la pieza de mármol, los estudiosos concuerdan en que el sujeto que sirvió de modelo acababa de bañarse en una piscina con el agua muy fría y que, de paso, tenía una camioneta 4x4 y doble cabina.

1901:
Nace Mariano Picón Salas.

1908:
El arqueólogo Josef Szombathy descubre en una excavación la Venus de Willendorf, con lo que se despeja plenamente la posibilidad de que existiese liposucción y dieta de puntos unos 25 mil años antes de Cristo.

1917:
Condenan a muerte a Mata Hari, espía y bailarina exótica, famosa por bailar “La danza de los siete velos” o -como mejor se le conocía entonces- “La danza pa´ velo”.

1934:
Disney estrena los dibujos animados del pato Donald, personaje vestido apenas con una camisa de marinero y sin pantalones, resultando el primer desnudo frontal de una comiquita que continúa transmitiéndose hasta el día de hoy ante la mirada impasible de CONATEL.

1972:
Comienzan a emitirse los capítulos de Mazinger Z, donde la robot Afrodita A, piloteada por Sayaza Yumi, promueve el nudismo al lanzar sus senos como misiles al grito de "¡pechos fuera!".

1979:
Janet Jackson -de apenas trece años de edad- estaba viendo el Miss Mundo cuando observa como Tatiana Capote deja “accidentalmente” al aire uno de sus senos. Janet trama entonces hacer lo mismo 16 años después.

2006:
Ocurre un escándalo sin precedentes cuando a mitad de un programa televisivo se le desprende a Marta Colomina un botón de la manga izquierda de su camisa cuello tortuga.

2007:
Britney Spears no tuvo reparo en quitarse la ropa (esa vez para ir a bañarse).

2008:
Peatones varios que transitan en horas de la madrugada por la avenida Baralt, entran vestidos y salen en pellejín, sin reloj ni cartera ni montura de carey y mucho menos perforaciones palatinas bañadas en oro.

lunes, junio 9

Sofá cama

Gracias al precio de los inmuebles pocos pueden darse el lujo de tener en su casa o apartamento esa excentricidad que en las películas llaman ‘habitación para huéspedes’. Como sustituto tenemos el sofá cama, recurso inscrito dentro de la tendencia multiuso, como las fotocopiadoras que también escanean e imprimen, o las amantes que –además- lavan, zurcen medias y son magníficas en la cocina.
No bromeo al decir que nuestro sosiego deriva de la elección del modelo apropiado. Todo dueño de sofá cama sabe que decidirse por un ejemplar acogedor significa echarse una soga al cuello, y a temblar cuando el pariente político que quedó en la calle tras su divorcio pregunte si el relleno es de goma espuma o de pluma de ganso y demás cualidades ergonómicas. Y es que un sofá cama ejerce en los desamparados el mismo atractivo que la luz de neón entre los insectos.
- ¿Cómo dormiste?
- ¡Chévere! ¡Este sofá cama es una maravilla! -y ya no habrá licuadora encendida a las 6 de la mañana que amedrente al invasor. Lo que fue adquirido para que un visitante con tragos de más sobrelleve la resaca, pasa a convertirse en un dormitorio improvisado en medio de la sala, rinconera como mesita de noche mediante. Así, el sofá cama declina a cama sofá o -en los más terribles casos- sólo cama.
Nunca supimos cómo abrir y cerrar aquel armatoste sin machucarnos un dedo, pero a la tercera noche de permanencia ya el refugiado consuma la operación con asombrosa habilidad, al punto de enseñarnos (antes de irse a dormir… nuevamente) el truco para que la suma de clavijas encaje en sus correspondientes ranuras.
La segunda posibilidad -adquirir un sofá cama de esos que a la menor presión clavan la punta de sus resortes justo en el cóccix- podría resultar contraproducente pues ignoramos cuándo nos servirá de exilio, que quien sin previo aviso llegue de madrugada a casa lo espera pan con boloña y sofá cama. Su uso revela el estado de la relación amorosa. Luego de una leve disputa los miembros de la pareja suelen aislarse en cada extremo de la cama y deseando que el colchón midiera varios kilómetros (sospecho que quienes compran una súper king size persiguen ese deseo de distancia, desentenderse un poco de lo que ocurre en la otra orilla de tan blando y espacioso firmamento); pero es de alarmase cuando alguno de los dos resuelve irse a dormir al sofá cama.
Ambos sexos se han igualado en el manejo de este mueble y tras la incorporación del sofá cama a la vida moderna, pocas esposas se marchan a casa de su madre luego de un gran disgusto, sino que incautan la mejor cobija para, con un movimiento de ultimátum, abrir el sofá cama, descolgado como un reptil que extiende su mullida lengua sobre la alfombra del recibidor.
Las más ardientes reconciliaciones quizá se den sobre el sofá cama; aunque, si no prospera la tregua, resulta muy provechosa su habitual ubicación a pocos pasos de la puerta de salida…

lunes, mayo 19

Disidentes profesionales

No dejarse llevar por las voraces aguas del consumismo es una actitud meritoria, pero hay gente que se pasa. Nunca haber tomado un bolígrafo para resolver un sudoku no les impide a algunos echar pestes contra este entretenimiento de moda. ¿Bailar salsa casino? ¡Primero muertos antes que borregos! ¿Abrir una página en Facebook o ver un episodio de “Lost”? ¿Engancharse a una telenovela? ¿Comprarse un iPod? ¡´Tas loco! Sucumbir a tan terrenales ocupaciones –presumen los disidentes profesionales- los colocaría en el mismo carril por donde transita el populacho.
Al igual que aquellos de los que abominan, los disidentes profesionales son esclavos condenados dentro del barco de la moda, sólo que reman en sentido inverso: andan pendientes de lo que arrase pero para blandir armas y marcar la diferencia. Detestan por rebote. Con este tipo de personas ocurre una cosa muy simpática y es que, pese a estar convencidísimos de que sus preferencias levitan por sobre las del vulgo, dependen sistemáticamente del gozo ajeno. Su disgusto se supedita a todo aquello que cautive al gentío.
Se informan de la película con mayor recaudación en taquilla para… no irla a ver, o estudian en los periódicos la cartelera Billboard para no cometer la pifia de oír o bailar esa música. De ahí el encanto que despierta en muchos pronunciar la frase: “Yo odio el reggaetón”, enunciado que lleva implícita una declaración de finura, como decir: “¡Ey!, éste que está aquí es un alma elevada” (quizá esa misma persona nunca ha comprado el CD con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, pero ni de vaina va por ahí confesándolo públicamente y con tanto orgullo).
Prefieren sacarse los ojos antes de ver la final de un reality show, y si acceden es por puro interés irónico que los rescate de la culpa. Al gusto de los disidentes profesionales le atrae jugar al escondite, y una conversación con alguien de esta índole avanza más o menos de la siguiente manera:
- ¿Nos reunimos entonces en un centro comercial para redactar ese informe?
- No me gustan los centros comerciales. Va mucha gente.
- ¿Y si nos comunicamos por Messenger?
- Me sacan la piedra los smileys.
- ¿Por celular?
- No tengo porque aborrezco los mensajitos de texto.
- ¿Será entonces mediante señales de humo?
- Enviar señales de humo podría interpretarse como que formo parte de la actual tendencia pro indigenista, y yo no me apunto en esa. Además, el humo afecta el calentamiento global.
- Claro, y lo del calentamiento global está en boca de todos.
- ¿En boca de todos? Entonces me niego a salvar al mundo del calentamiento global.
- ¿Y sabías que querer a la mamá también es una costumbre masiva?
- No me lo digas porque empiezo a odiar a la mía.
- Sin contar con que ir al baño resulta una rutina muy propagada…
- ¿Así es la cosa? ¡Pues de ahora en adelante no hago más pipí!

jueves, mayo 15

Briseida, la mujer que embaraza

El tumulto provocado semanas atrás por el embarazo de Thomas Beatie, estadounidense nacido mujer pero considerado legalmente del sexo masculino, no es nada al lado de la primicia que doy a conocer aquí con carácter de exclusividad: Briseida Irausquín, oriunda de Camaguán, estado Guárico, de 31 años de edad y oficio mecanógrafa, ¡es el primer caso conocido de una mujer que embaraza a un hombre!
Ya los científicos informarán después los detalles técnicos que posibilitan tan insólito hecho, pero lo cierto es que Briseida dejó en la dulce espera a su novio de varios años. Como hasta hace poco los hombres ignoraban que podían quedar embarazados, la pareja nunca tomó previsiones durante los días fértiles (del novio); y al cabo de un tiempo de aquel romance abrasador, sobrevinieron los correspondientes vómitos, mareos y antojitos (del novio, se entiende).
“No sabía qué hacer. Hasta ahora la industria farmacéutica no ha tenido la delicadeza de lanzar pruebas de embarazo para hombres. ¡Me sentí aterrado!”, confiesa el sujeto, quien prefirió mantenerse en el anonimato para no ser blanco de chismes y prejuicios. Tras el susto inicial, estudió la conveniencia de interrumpir el embarazo, decidiendo finalmente traer el niño al mundo.
Como era de esperarse, Briseida se portó como toda una mujer. Siempre tuvo a mano abundantes dosis de ácido fólico para el varón en estado interesante y no dudó en acompañarlo a talleres de psicoprofilaxis. “Yo estaba muy nerviosa en la sala de parto... pero tomé fuerzas de no sé dónde para sacar la cámara y grabarlo todo”, recuerda Briseida el día del nacimiento. Apenas supo que el recién parido y el bebé mostraban perfectas condiciones de salud, se enrumbó a una floristería cercana en procura de un arreglo consistente en media docena de globos coronados por un osito de peluche antialérgico.
Hoy Briseida no sigue con su pareja, lo que no le ha impedido participar activamente en la crianza del tripón, concederle su apellido, y hasta irlo a recoger cada tarde al centro educativo donde el pequeño cursa sus primeros años de escolaridad. “Desde que me enteré que puedo dejar embarazado a los hombres, he decidido cuidarme para evitar sorpresas. Mi deseo es tener muchos otros hijos, pero con prudencia y responsabilidad”, confiesa sus planes fruto de tan extraordinaria condición.
De más está decir que Briseida es un ejemplo a tomar por todas aquellas mujeres que, ya sea de manera planificada o a causa de un descuido mediado por la pasión, dejen preñado a un hombre.
¡Bravo por Briseida!

lunes, mayo 5

Para: De:

Cuando estoy en una librería no resisto la tentación de meter la cabeza en ese vendaval de buenos deseos que son las tarjetas de felicitaciones. Tomo del estante una de bodas, intrigado por el futuro de ese trozo de papel glasé que mañana emocionará a una novia convencidísima de que lo allí impreso en caligrafía dorada, fue pensado exclusivamente para ella (“Felicitaciones en esta etapa de la vida rebosante de júbilo y esplendor”, llegué a leer en uno de estos botones del optimismo). Al regreso de la luna de miel, la desposada fijará la tarjeta al álbum de fotos del matrimonio para mostrarla a media humanidad, cuidando de cubrirla con la película de celofán responsable de protegerla del tacto de los negligentes, el acoso de insectos voraces y de las manos traviesas de los hijos o el primer nieto.
Pero sabemos que no todas las tarjetas de felicitaciones de bodas comparten el mismo destino, por lo que prevalece el misterio de si ésta que devuelvo al estante algún día será consumida por el fuego –resto del álbum incluido- antes de que la destinataria cruce la puerta del apartamento para no volver. Lo cierto es que a partir de las tarjetas de felicitaciones puede trazarse la biografía sentimental de quienes las guarden con esmero. Nacimiento, bautizo y navidades son acontecimientos eternizados en estas azucaradas postales cuya omisión hasta es motivo de tirria (“Ni siquiera una tarjetica me dio el Día de los Enamorados, ¡el muy miserable!”). También las hay para pedir perdón o despedirse cuando el remitente no tiene el valor necesario para anunciar a la cara su partida.
Casi todas carecen, eso sí, de franqueza. Si de mí dependiera imprimir tarjetas de felicitaciones, no dudaría en otorgarle al género una mayor dosis de realidad. “Luego de quemarte las pestañas con los estudios, hoy te gradúas de desempleado” (sugiero acompañar esta esquela con un coco de taxi); mientras hay eventos decisivos que tan eufórica prosa ha dejado huérfanos. “Mis congratulaciones porque el cajero automático no se quedó con los reales”, sería un ejemplar muy solicitado; y cada noche deberíamos de recibir un pedacito de papel satinado con la siguiente inscripción: “¡Felicitaciones, superviviente, por llegar vivo tras torear el hampa!”.
Confieso que mi desatención también aplica para este rubro de la cortesía. No recuerdo ni una oportunidad en que di curso a una postal halagadora, salvo aquéllas firmadas cuando un entusiasta las hace rodar durante el cumpleaños de un compañero de oficina y uno se muele los sesos inventando una frase sentida. Guardo, eso sí, un par que me fuera entregado por gente más amable que yo.
Escribo esto porque hace minutos tropecé con una de ellas en el fondo de una gaveta. La releo y sí, es de una cursilería épica…Pero tampoco soy de palo y mientras la devuelvo a su sitio nadie me quita de la cabeza que la frase allí grabada, Hallmark la imprimió estrictamente para mí.

jueves, mayo 1

Manual para bañarse con tobo

Así como muchas familias acaudaladas sucumben ante las intrigas durante la disputa por una herencia, el alma de los hogares humildes queda al descubierto cuando falla el servicio de agua: toman cuerpo los rencores latentes, hay actos de grandeza y avaricia, o se desvela la parcialidad de la madre que guarda para su hijo favorito todo el contenido de la palangana.
De allí que conocer las reservas que hay en casa sea el primer detalle a manejar al momento de bañarse con un tobo de agua: ninguna otra práctica agrieta con tanto encono la armonía familiar que un reparto imprudente del preciado líquido; y si atesorar para los seres queridos una cuota suficiente habla muy bien de sus sentimientos, acabarse toda el agua o dejar apenas dos dedos es una muestra de egoísmo que será cobrada con gritos y justas recriminaciones.
Pasemos ahora a una fase crucial, el cálculo de la cantidad de agua requerida. Los negligentes sacan al ojo por ciento la dosis necesaria, cuando dicha estimación exige conocimientos matemáticos aunados a nociones de mecánica de fluidos. Para evitar la enojosa experiencia de que se agote el contenido del envase mientras usted sigue con medio torso enjabonado, multiplique su altura corporal por cada 10 kilos de peso y al resultado sáquele la raíz cuadrada; tras eliminar los decimales, divida la cifra obtenida por cada 5 mililitros cúbicos del elemento acuoso y conocerá la porción precisa para una limpieza integral de su rabadilla.
También puede elegir la dosis guiándose por la magnitud del evento que lo llevó a bañarse. Para una visita al centro comercial bastará un tratamiento instantáneo con el agua recogida en una ensaladera; pero si se trata de una entrevista de trabajo o una cita con el ginecólogo o urólogo, no dude en servirse de las generosas dimensiones de una olla mondonguera. En cualquier circunstancia, evite que le dé un pasmo poniendo a entibiar la solución con una taza de agua recién hervida por cada litro y medio de sustancia remanente.
A los inexpertos en bañarse con tobo se les reconoce porque siempre olvidan el utensilio estrella, la garrafa con la que esparcir el agua sobre el cuerpo, y se les ve salir en su búsqueda con la toalla atada a la cintura mientras vociferan terribles maldiciones contra Hidroven. La lata de leche vacía es una oferta mítica para reproducir ese gesto que tantas escenas inspiró al cine venezolano; pero considérese un privilegiado si dispone del recipiente con la capacidad exacta para refrescarse la nuca en un solo movimiento, la honorable totuma, regalo con que la naturaleza pide disculpas por entregarnos tiempos de sequía.
Queda por resolver si usted se bañará solo o acompañado. Con la primera alternativa podrá cantar bajo la ducha inoperante sin que su interpretación sea opacada por la estridencia del chorro; mientras que bañarse con tobo y acompañado depara inolvidables experiencias eróticas (¡eche a volar su imaginación con la totuma!), avivando así el fuego amoroso que pudo haberse extinguido porque su pareja olvidó pagar el recibo de este servicio, no sabe ni jota de plomería, o nunca previó la instalación de un bendito tanque de agua.