lunes, enero 21

El vivo bobo

Como al vivo bobo no le gusta esperar, cuando va al cine rehúsa a postrarse durante diez minutos en la cola de las chucherías, y va y se recuesta sobre una pared por espacio de media hora, hasta que baje el gentío.
Es cortoplacista. Si trabaja por su cuenta, digamos que el negocio de la plomería o el diseño gráfico, cobra carísimo por su arte, felicitándose por adquirir el televisor plasma de 42 pulgadas con los honorarios obtenidos en una sola contratación. De trabajar en una empresa, echa carro para que el jefe ni lo mire al momento de la distribución de responsabilidades extraordinarias. Lo veremos luego rascándose la cabeza, extrañado porque ningún cliente solicita sus servicios por segunda vez, o no es considerado para un ascenso pese a la metódica servidera de café sobre el escritorio del gerente cada mañana.
No confundir con el vivo a secas, cuyo desempeño demanda un mínimo de astucia con la que a veces logra su cometido. Ilustro esta afirmación con un ejemplo: el vivo a secas se hace el bobo para engatusar tras una máscara de candidez. El vivo bobo opera a la inversa: alardea de su hipotética picardía, ansiando ser reconocido como un sujeto pilas, con lo que sólo consigue alertar a las víctimas potenciales (la dudosa viveza ejercida por una actriz cuando pone a su marido a resumirle la novela de Gallegos cuyo personaje principal ella interpretará en la pantalla chica, asume el signo de lo ultra bobo tras cometer la gansada de revelar públicamente el secreto).
Le encanta una trocha, irse por los caminos verdes, cuando la carretera pavimentada era quizá el camino más corto. Por eso, si le duele el pecho, se automedica para ahorrarse la consulta, aunque luego se vea precisado a vender el televisor plasma (fiel a la ilusoria viveza de evadir a los acreedores, ahora nadie le procura ni medio) para pagar la nebulización tras el infarto al miocardio, más el lavado estomacal contra el envenenamiento producido por la ingestión de fármacos piches.
Todas las vivas sueñan con pescar a un millonario. Pero la viva boba, cuando consigue salir con uno de ellos, en vez de recurrir a la sabia artimaña de mostrar desinterés por las cosas materiales del mundo y cebar el deseo haciéndose la dura, no abandona el temita de las cuentas bancarias en el exterior para, apurado el postre, correr a asegurar su porvenir, horizontalizándose en la primera cita a cambio de la precaria recompensa de una cena cara más un par de güisquis 18 años.
Ante un semáforo en rojo, todos los pilluelos estudian la velocidad del auto que se aproxima por la otra vía para luego arrojarse a la aventura, calificando de “¡pendejos!” a los conductores que esperan la verde. Algunos sobreviven a la imprudencia y llegan vivos a casa.
El vivo bobo no. El vivo bobo, Dios lo tenga en su gloria, siempre calcula mal.

5 comentarios:

Jhonathan dijo...

Porqué los Venezolanos somos así, por favor cambiemos!!!

Como siempre genial, un abrazo.

mario dijo...

no es solo de venezolanos, es extandido hasta tierra del fuego

saludos

tomCan dijo...

¡aja! Ya sospechaba yo que norkis era una viva boba. Muy bueno

Newton dijo...

jajaja... un blog muy vivo

saludos

Anónimo dijo...

In my opinion you are not right. I am assured. Let's discuss. Write to me in PM.