Reloj del PC
El del PC es la envidia de los viejos relojes. Si en la antigüedad a un griego se le caía su reloj al piso, corría en busca de una escoba para barrer aquel arenero, mientras los egipcios se quedaban sin tiempo a mediados de un eclipse solar; pero el reloj del PC es ajeno a estas incidencias. Así le entre un virus a la computadora y haya que formatear el disco duro, llamar al técnico para que anuncie la irreversible desaparición de los archivos… al reloj del PC no le pasa ni coquito, es lo único que permanece intacto tras el desastre, como esos insectos invulnerables a la radioactividad que –dicen- nos sobrevivirán algún día.
Puede que el reloj despertador se quede dormido y olvide despertarnos cierta mañana, que la acumulación de polvo liquide al cucú anidado en casa de la abuela, pero el reloj del PC ni siquiera precisa de relojeros. Es global ¡y hasta atómico si usted lo sincroniza con un servidor web! Tan meticuloso en sus funciones que así vayamos a otra región del planeta, el ordenador portátil seguirá emitiendo órdenes ajustadas al nuevo huso horario (aunque se corre el riesgo de llegar a una cita de trabajo con un segundo de demora cada 30 millones de años. Nada es perfecto).
Tomo el ejemplo del caracol que deja un rastro de baba en la pared. Somos el caracol y el reloj del PC la huella pegajosa y así juremos al jefe que enviamos el informe por mail a la 1:00 p.m., el reporte generado por este vigía virtual delata que fue a la 5:00 p.m., que nuestra ausencia en la junta es imperdonable porque fecha y hora fueron notificadas con exactitud y bastante anticipación por el Calendario de Tareas. También cronometra el relajo -¡no faltaba más!- y basta echarle una ojeada de las muchas que le entregamos al día para advertir que ya está bueno de chacharear por teléfono, ver nalgas en la red, y a cerrar la ventanita del Messenger para reincorporar los dedos a la sección remunerada del teclado.
Como algunos de sus colegas, es muy útil para medir el pulso, aunque las palpitaciones seguidas por el reloj del PC no corresponden a las del corazón: ciertos relojes pulsera renuncian a seguir andando si a la muñeca de su dueño no llega el ritmo cardiaco. El reloj del PC no incurre en tal sentimentalismo, sino que permanece firme sobre sus patitas negras en la esquina inferior derecha de la pantalla para seguir su curso ante el nuevo usuario de la estación de trabajo.
Tan compasivo que ni siquiera se le escucha cuando dice tic tac.



casillero







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