lunes, julio 26

"Instantes" para cuarentones


Si pudiera vivir nuevamente mi vida. En la próxima no permitiría que durante los cumpleaños me vistieran con safaris color crema ni que me compraran los estrenos decembrinos en Pepeganga ni en Tortolero.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho, recuperaría de entre mis gustos musicales las canciones de Enrique y Ana y las del Show de Los Muppets.
Tendría más cuidado con el amarillo # 5 presente en cada trago de Kool-Aid y Mañanita, repararía los casetes dañados con Pega Loca y no con cinta plástica, y cuando tocara exponer un tema en clase elegiría la cartulina y no el proyector que es una hoguera cuya bombilla suele arder a mitad de la charla sobre el ciclo de las mitocondrias. Tampoco temería confesarles a mis amiguitos que a veces no sintonizo un episodio de Meteoro o Mazinger Z por seguir las andanzas de Marco.
Si pudiera volver atrás, seguiría convencido de que los lunes son de Coquito, los miércoles de Chusmita y los viernes por la tarde para pasarlo en Dinky Donuts y Tropi Burger.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un koala en la cintura, jeans prelavados y el pelo repleto de Brylcreem. Y aunque no volvería a comprar el disco de Milli Vanilly, si pudiera vivir nuevamente mi vida bailaría con igual entusiasmo los temas de Porfi Jiménez, Las Chicas del Can y Wilfrido Vargas. Si pudiera volver a vivir, viajaría más en Viasa a Miami valiéndome del dólar a 4.30.
Claro que tuve momentos de alegría, pero lo dudaría seriamente cuando mi mujer jurase (como si no la conociera ya) su dulce temperamento y que cocina muy bien.
Yo fui una de esas personas que luego se endeudó insensata y prolíficamente para comprar casa y carro; pero si pudiera volver a vivir compraría dólares para tenerlos de reserva en caso de una devaluación monetaria, no depositaría los ahorros en el Banco Latino y ¡ni de vaina! en el Canarias.
De seguro seguiría mortificándome cada vez que una chama me brindara el tratamiento de “señor”, por lo que trataría de que mi barriga de cervecero no creciera tan enfáticamente como lo ha hecho y combatiría el colesterol malo abriendo el frasco de Omega 3 que desde hace mucho coge telarañas en el fondo de la gaveta de mi mesita de noche.
Sería más discreto en Twitter y no aceptaría en Facebook a tantos supuestos amigos. Aprendería a decirme sí a mí mismo. Tampoco permanecería en este empleo si llegara a recuperar el espíritu aventurero del que gozaba cuando era carajito.
Si tuviera otra vez la vida por delante, seguiría creyendo fervientemente aquello de que guillo que hay mucho pillo. Y -como ahora con el iPod y el Wii- seguiría valiéndome de un fino destornillador al momento de destapar los cartuchos de los juegos de Atari para descubrir qué maravillas guardan dentro.
Por si no lo saben, de todo eso está hecha la vida.
Pero ya tengo 40 años y sé que me toca el examen de la próstata.


Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
http://irenepizzolante.com/home.html

3 comentarios:

Anónimo dijo...

;-D què cuartentòn genial!

Yudith dijo...

Y con tan buen humor que seguramente aparenta unos 29!

Cástor E. Carmona dijo...

Así mismito es, Yudith....