viernes, diciembre 16

En defensa de Diosa Canales

No quedan rastros de la tabla de dividir ni noción alguna de geometría, pero mi memoria almacena con pulcritud las apariciones de Iris Chacón en la tele de los sábados de mi infancia, cuando en ciertas noches “La bomba de Puerto Rico” aparecía a medio cubrir con un bikini de lentejuelas e interpretando aquella calórica estrofa según la cual “Si tu boquita fueeera… de mayonesa / Si tu boquita fueeera… de mayonesa / yo me la pasaría / besa que besa” y que desde las primeras líneas avivaba en casa un tumulto de maridos y cuñados embobados frente a la pantalla mientras tías y primas proferían abominaciones contra la vedette del vasto lunar sobre el párpado derecho.
Chacón, junto a la Tongolele -la del fantasmal rizo blanco en medio de la cabellera-, fue descendiente directa de la legendaria Joséphine Baker -la de la falda de plátanos-, y pionera tardía, latina y salerosa del vodevil y el burlesque; luego vendrían, con desenfrenos variables, Charityn Goyco, Rafaela Carrá, Susana Giménez, Silvina Luna, Mónica Farro, Belen Francese, mientras que en los ochenta la hoy primera actriz Fedra López estremeció al país agitando sus curvas en compañía de Juan Carlos y su Rumba Flamenca. A esa antigua orden de legionarias de la piel se incorporó recientemente la controversial Diosa Canales, de quien hablar pestes se ha convertido en una especie de deporte nacional.
La diva nacida en El Tigre le ha sacado el jugo, literalmente, a la máxima que reza “si la vida te da limones, haz limonada” (sabio principio cultivado por todos en su respectiva materia, si a ver vamos); lo curioso es la actitud de cierta crítica que pide que Diosa baje del escenario para irse a calcular la fórmula de la fusión fría o a escribir la novela americana del siglo. Es una vedette, damas y caballeros, y el fin primordial de una vedette es mover el rabo pasmosamente.
El sistema hipotético-deductivo arroja luces sobre las trampas de agarrarla contra Diosa Canales: partiendo de la generalizada pero no demostrada premisa según la cual “La gente inteligente habla mal de Diosa Canales”, se salta al segundo postulado: “Yo hablo mal de Diosa Canales”; en consecuencia: “¡Yo soy inteligente!”. Dicha lógica sufre sutiles variantes utilizadas por los vivarachos para sembrar alucinaciones en la mente de las mozas cuando éstas escuchan en una fiesta o leen en Twitter que sus parejas atacan a la diva: “Los hombres decentes hablan mal de Diosa Canales”, supone la ingenua damisela, así que si “mi marido/novio/pretendiente habla mal de Diosa Canales”, ergo: es una certeza casi matemática que “mi marido/novio/pretendiente es un hombre decente”. Sí, Luis.
Nadie duda que tras empotrar el tubo del striptease en la sala del PC, la Canales sobrepasó los límites de la vedette tradicional, así como que sus formas y modo de conducirse materializan en el imaginario femenino a la sátira que podría adueñarse, al menos entre las sábanas de la fantasía, del deseo del hombre en casa; lo que sorprende es el encono de algunos señores pues no imagino a esos mismos señores en la soledad de su habitación, atentos al famoso twitcam y -apenas Diosa se empelota o canturrea, como la Chacón de mi infancia, “…yo me la pasaría/ besa que besa”- tapándose con grima ojos y oídos para no presenciar semejante bochorno.

Si así pasara, señoras, ahí sí tendrían de qué preocuparse.

martes, diciembre 13

De PIN a Twitter

Descubro el agua tibia al afirmar que la gente no es la misma por Twitter que por PIN. Cuando se visita un restaurante de lujo, por ejemplo, de inmediato los dedos saltan al teclado del teléfono móvil para presumir del boato en la red social del pajarito: “Fabuloso el restaurante X, una exquisitez para los sentidos ¡No dejen de venir!”; pero si nos detenemos en un puesto callejero para saciar el hambre con un mugrosito, ¡ni locos! vamos a rayarnos publicando en Twitter tamaña ordinariez, por lo que la falta de garbo queda relegada al PIN, que, por su carácter íntimo, emana mayor franqueza.
El mismo teclado nos conduce a esferas diferentes, la pública y la privada, convirtiendo a muchos usuarios en una especie de bicho de dos cabezas que no solo se limita a seleccionar los mensajes convenientes para uno u otro medio, sino también a caer en la contradicción de decir una cosa en casa (PIN) y otra muy diferente en la calle (Twitter): en la primera soltamos verdades brutales, mientras en la segunda nos esmeramos en esculpir la imagen que anhelamos proyectar, mantener el buen gusto, ser políticamente correctos y moralmente aceptables, es decir, meter la coba o, a lo sumo, arropar la sinceridad con los velos de los eufemismos y las indirectas.
La doble moral ahora levanta tienda en los medios electrónicos, pero es imposible mantener las apariencias por largo rato y llega el instante en que el bicho de dos cabezas termina mostrando los pies; para facilitar la tarea de reconocimiento, traigo en líneas sucesivas algunos ejemplos con los que muchos bicéfalos se pasean en paños menores por PIN mientras corren a ponerse su mejor traje cuando toca figurar en Twitter:
- Un poeta se frota las lagañas mientras escribe un verso de amor. PIN: “Me saco las lagañas”. Twitter: “Escribo un verso de amor”.
- Es asesinado el dictador de un país lejano. PIN: “¡Qué bueno que mataron a ese desgraciado! Desde hace mucho merecía arder en las llamas del infierno y no solo él sino también toditica su familia”. Twitter: “La muerte de todo ser humano es sagrada y merece respeto y consideración”. - Vamos al cine a ver Destino Final y entre los tráileres proyectan un adelanto de la más reciente película de Woody Allen. PIN: “Ahora el bululú es en un puente colgante”. Twitter: “No se pierdan Medianoche en París, del acrisolado Woody Allen #Imperdible”.
- Asistimos a la vinatería. PIN: “Tomé unos tragos y quedé mamando”. Twitter: “Estupendo el Château Petrus, con su mezcla untuosa al paladar y de un equilibrio superior al de cualquier Burdeos”.
- Sintonizamos Jersey Shore. PIN: “Marica, Snooky le ha vuelto a caer a trompadas a The situation”. Twitter: Silencio.
- Se le ofrece a la pareja una oferta romántica. PIN: “Cuqui, espérame despierta que esta noche te pongo como tarita de museo”. Twitter: “Que es amor dulce materia/para no sentir las horas/que por los amantes vuelan. Lope de Vega”.
- Respuesta de la pareja a la oferta romántica. PIN: “¡Aquí te espero, mi negro!”. Twitter: “¡Maravilloso el legado del afrodescendiente!”.

Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

Los monólogos de la vecina

Disculpe, vecino, que venga a molestarlo a esta hora; acudo a su amabilidad para ver si me regala un poquito de aceite de comer pues el que me quedaba se me acabó anoche y ya usted sabe lo difícil que está conseguirlo, pero en cuanto encuentre se lo devuelvo con creces. Es para aderezar una ensaladita, nada de frituras que, además de ser malísimas para los triglicéridos, dejan un terrible olor en el ambiente, como sin duda usted ha podido notar de otros apartamentos, donde fríen chuletas y pescado a cualquier hora del día y de la noche y los pasillos se ponen que no se aguantan de la hediondez, principalmente la vecina del piso de arriba, la de las mechitas, sí, esa, la que saca a pasear al perro a las áreas comunes y es ¡incapaz! de recoger las porquerías que deja esa bestia por ahí. Algunos inquilinos insisten en envenenarlo o hasta llevárselo por delante con las ruedas del carro, pero yo me he opuesto vehementemente a que le hagan tamaña crueldad a ese pobre animalito que no tiene la culpa, la culpa es de la dueña, esa sí merece arder en las llamas del infierno por desconsiderada. De paso le digo que la fulana lleva meses sin pagar el condominio aunque, eso sí, se compró hace poco un carro último modelo y viaja todos los meses al exterior, sabrá Dios en qué cosas anda, tan diferente a la muchacha del 5-C, esa sí que se mantiene al día con las cuentas, muy amable ella, a mí me saluda con mucho cariño y me ataja el ascensor cuando una está por montarse. Su único defecto es que es una depravada, siempre llega a altas horas de la noche con un tipo diferente y se le escucha rocheleando hasta el amanecer mientras el resto de los vecinos tiene que levantarse a primera hora de la mañana para ir a trabajar entre tanto ella sigue con la música a todo volumen y yo, que sufro de los nervios, me he negado a decir ni pío y mucho menos a dejar furibundos mensajes anónimos bajo las puertas de los otros apartamentos, usted sabe que no soy ese tipo de persona, pero una tiene un límite. A mi hija, la menorcita, no la de la cicatriz en la cara, el otro día le quiso buscar conversación, pero yo le prohibí terminantemente a mi muchacha que hiciera amistad con esa perdida, una tiene que velar por el bienestar de sus hijos y más las mías que son tan inocentes en las cosas de este mundo ¡Igualitas a su madre! Mi marido coincide conmigo en que la tipa es una desvergonzada, varias veces ha ido a reclamarle que le baje volumen al aparato y eso está horas y horas convenciéndola hasta que por fin ella desiste, pero el regaño solo le dura unos días y al otro fin de semana él tiene que regresar a ponerla de nuevo en cintura; pero ya verá, vecino, cuando gane las venideras elecciones de la junta de condominio ¡Rodarán cabezas! Comenzando con la guachafita de esa malviviente, como suelen llamarla en el edificio o al menos eso me han dicho las malas lenguas que aquí abundan pues yo sería incapaz de andar pendiente de la vida ajena y mucho menos no cerrar ni un ojo en toda la noche por permanecer asomada a la puerta y con las luces apagadas, como se dice, a contraluz, vigilando qué pasa en los alrededores, cada quien a lo suyo, como usted, vecino, que es todo un ejemplo para la comunidad, ni se siente ni nada… ¿Y por qué tanto silencio? ¿No me venga a decir que es un asesino en serie o algo así? Siempre tan misterioso. Y con lo interesantes que son los hombres misteriosos… Ahora me despido para irme a preparar la cena ¡Ah!, y no se me preocupe por el aceite de comer, vecino, déjelo así.

Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

martes, octubre 25

Molleja

Un amigo pregunta qué me pareció mi primer viaje por mar, tardo en responder mientras le doy chance a mi diccionario de sinónimos mental a que busque en su joyería deslumbrantes adjetivos tales como “imponente”, “grandioso” y “colosal”, revueltos entre las gemas “regio” y hasta “excelso”, aunque esos preciosos calificativos no alcanzan a expresar la carga emocional que me causó aquella masa de agua que es, cómo no, imponente, grandiosa, colosal, regia y de sobremanera excelsa… pero para todo maracucho el mar es esencialmente mollejúo.
Así se lo digo al amigo. “Mollejúo”. Me mira con extrañeza. Yo no encuentro mejor término para exponer la impresión generada por ese sinfín salado, y me impongo la tarea de averiguar los orígenes de la elocuencia de la molleja, palabra que, si a oír vamos, está lejos de ser la más sublime. Descubro entonces que así se le llama al segmento digestivo con que los peces, ciertos reptiles y algunas aves trituran finamente los alimentos, y que tan bien sabe en guisos y sopas. Los primeros zulianos, afanados en la pesca y la ganadería, se maravillaron ante las posibilidades culinarias de esta delicia que de las aguas y de los pastos saltó a la mesa y de allí a expresar cualquier situación que sobresalte las entrañas porque molleja es también una glándula timo próxima al corazón y emparentada con el griego thumos, de donde se deriva el alma, la ansiedad, el deseo y todas esas tribulaciones que se desatan en los rincones del pecho.
El aislamiento aplicado por las elevaciones andinas por un lado y el lago desde el extremo oriental, amuralló por largo tiempo las maneras orales del zuliano; luego -afirma Antonio Romero Prieto, lingüista y profesor jubilado de LUZ- el boom petrolero, los aviones y la apertura del Puente “General Rafael Urdaneta” le abrieron el paso a un lenguaje “culto” que procuró desplazar los localismos y estos huyeron azorados a protegerse en las conversaciones de confianza. De allí que el maracucho criado en el voseo tutea para marcar distancia -rasgo que delata, también, una vergüenza turbia-; pero una vez tocado por el afecto, el maracucho sella la amistad con un cálido “vos”.
Además de expresión admirativa equivalente al “¡na guará!” larense o el “¡caracha negro!” del llano, el “molleja” actúa como artículo, adjetivo, verbo o cualquier otro ingrediente de una frase; su versatilidad -apunta el escritor y estudioso del lenguaje José Rafael Hernández Fereira- atraviesa los muros construidos por la Real Academia y, así, el maracucho no corre, se esmolleja; nunca lo gana la locura sino que anda de mollejón; a cambio de una riña arma un mollejero y para olvidar un amor no se embriaga sino que se vuelve molleja.
Más que de lingüística o de regionalismos baratos, hablo de la relación sentimental que nos une a las palabras, de esa íntima e irrenunciable calidez que le da el corazón al diccionario y que a mí me lleva a sentir que como gallitos y no cotufas cuando voy al cine, y nadie me saca de la cabeza que en una busaca entran más cosas y es más resistente que una bolsa. Por eso “mamá” es la palabra más hermosa y cuando una persona me miente, no la envío a destinos insípidos como lo son el infierno y los diantres, qué va; yo mando a esa persona pa´ la verga.

Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

jueves, octubre 20

Análisis del maleteo

Tras desaparecer de casa por un par de días o luego de una intensa pelea conyugal, más de uno enfrenta la penosa situación de encontrar sus cuatro trapos empacados y a las puertas de casa, desalojo que arroja dudas cruciales: ¿Ella está realmente brava o es puro teatro? ¿Se trata de un adiós definitivo o hay chance de reconciliación? ¿Será solo una indirecta para que llevemos los efectos personales a la lavandería? Partiendo de la premisa según la cual por la maleta se conoce al maleteado, las respuestas a todas esas preguntas reposan dentro del propio equipaje, cuyas características revelarán si la relación aún tiene futuro o llegó al ocaso:



Maleta en sí

El empaque que su señora eligió para meter los macundales es el primer síntoma a estudiar con aplicación. Si se trata de una bolsa negra de esas de botar la basura (y, de paso, con parte de la basura adentro), ya ella no lo ama y poco le importa que usted recorra las calles cual recogelata; pero si, en cambio, utilizó una de las piezas pertenecientes al costoso juego Samsonite, respire tranquilo, su amada no planifica partir de viaje y/o espera que usted regrese pronto ya que no va a ser tan gafa como para entregarle buenamente las lujosas valijas.



Con o sin rueditas

Ambas posibilidades ofrecen pistas desalentadoras. Si seleccionó la maleta con rueditas y hasta las aceitó, es que aspira a que usted se largue lo antes posible; la desprovista de rueditas significa que ella desea que le salga a usted una hernia lumbar.



Contenido

Los artículos depositados en la maleta ofrecen una data tan explícita como las evidencias en la escena del crimen. El cepillo de dientes y media docena de camisas componen el equipaje tradicional en estos casos, pero si a dichas prendas les acompañan sus interiores con huequitos en la rabadilla y franelas trasparentadas por el uso, ella no está dispuesta a servirlo en bandeja de plata y ansía avergonzarlo ante un posible amorío. El fuego de la esperanza sigue latente.



Condiciones y disposición del contenido

Pantalones planchados y camisas almidonadas son señales obvias de que ella aún se desvela por usted; contrariamente, maleta con las cenizas del guardarropa incinerado sobre la hornilla o en una fogata del patio, es un signo igual de preocupante a si la dama ocultó dentro de los compartimientos interiores navajas, alfileres, escalpelos o algún otro tipo de material punzopenetrante.



Lugar de colocación de la maleta

Al pie de la cama: su señora anhela que, del tramo que va de la alcoba a la puerta de la casa, usted pida disculpas y proseguir la relación. En la puerta de la casa: dense un par de semanas para reflexionar. A media cuadra de la casa: dense un par de meses para reflexionar. En el aeropuerto: vaya buscando abogado.



Omisión de la maleta

Que ella prescinda de la maleta y -cual mujer furiosa en una película italiana- improvise desde el balcón un diluvio de corbatas y calzoncillos, es una declaratoria pública de la ruptura, así que trague grueso, recoja de la calle aquel bochorno y parta a comprar su propia maleta que de la Samsonite no volverá a saber jamás.






Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

miércoles, octubre 12

Echonear con elegancia

Ni muy locuaz que pase por fanfarrón, ni tan reservado que nadie se entere de que usted es un genio: publicitar las conquistas y/o atributos personales amerita tejer delicadamente los hilos del automercadeo para no hundir los pies en el barro de la falsa modestia, pero tampoco resbalar en el limo de la pedantería. Con el fin de alcanzar el apetecido punto medio, hoy traemos unos truquitos tras los cuales el mundo entero conocerá sus logros pero “casualmente”, como quien no quiere la cosa; así que tome lápiz y papel y manos a esa obra que es labrarse con humildad una reputación fulgurante:

Que lo muerda un caimán

¿Desea difundir su condición de trotamundos pero la audiencia exhibe signos de aburrimiento apenas usted abre el álbum con las fotos de viaje? Nada mejor que esparcir por la casa y plantar sobre el CPU de la oficina réplicas en miniatura de la Torre Eiffel, pegar la elocuente calcomanía de “I (corazoncito) NY” en el vidrio trasero del auto, y -un recurso extremo pero de gran eficacia- dejarse morder por un león africano o un tiburón del Océano Pacífico, cerciorándose de que el ataque deje una cicatriz en un lugar visible de su cuerpo de manera que cuando algún imprudente pregunte qué le pasó, usted se explaye a narrar la odisea.

Cargue con su progenitora
Los años de práctica han convertido a nuestra santa madre en una fervorosa relacionista pública; el truco está en llevarla con nosotros a aquellos lugares donde queramos que deslumbre la gloria personal. Eso sí, en medio del zalamero discurso materno, hemos de intervenir con la sonrojada frase: “madre, por favor… me estás avergonzando”.

Devotos online
Reproducir en Twitter los mensajes halagadores es una muy gruesa estrategia promocional, por lo que se sugiere el método de solicitar que sigan -el maravilloso #FF- a los usuarios que hablan maravillas nuestras de modo que los nuevos seguidores de esa persona reciban próximamente los primorosos comentarios que nos ensalzan.

El intelectual enigmático
Está demodé incorporar citas de autores japoneses o el manoseado “cogito, ergo sum” en el transcurso de una conversación con el fin de exponer una amplia cultura: hoy la tendencia es la maniobra inversa consistente en permanecer callado en una esquina del salón, negándose a participar en la charla de modo que los presentes sospechen tras el muro de silencio una sabiduría infinita.

El mail distraído

Si la pretensión es difundir que se está muy bien relacionado, la táctica es enviar un correo electrónico (digamos que para dar a conocer su nuevo número de móvil) a una lista abierta en la que se identifique a cada uno de los descollantes destinatarios. Luego, usted deberá disculparse por el “desliz”, pero ya el objetivo estará consumado.

Pavonee su “miseria”
Alardear de las riquezas es un atrevimiento que traerá como secuelas el acecho del hampa, de acreedores y de no pocos expropiadores, por lo que la modalidad dominante radica en fingir pobreza y presumir que se está comiendo un cable; maniobra con la que usted se verá impedido de lucir sus joyas y demás bienes materiales, pero que trae como sana recompensa seguir conservándolas.

Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

martes, septiembre 20

Viejo pobre

Tanto al viejo pobre como al nuevo rico los une la circunstancia de que un buen día -gracias a negocios lícitos o no, cosa que no viene al caso puntualizar aquí- lograron una enorme fortuna que los apartó definitivamente de la miseria; la diferencia entre ambos radica en que, mientras el nuevo rico vuelca su reciente riqueza en manifestaciones de echonería, el viejo pobre permanece varado en las rutinas de la escasez e insiste, por ejemplo, en almacenar monedas dentro de un frasco de mayonesa para, una vez que estas alcancen el tope, canjearlas en el banco por billetes de mediana denominación con el fin de cancelar el servicio eléctrico.
Así esté forrado en billete tanto o más que el nuevo rico, al viejo pobre no le hacen ni coquito los avisos de las tiendas Armani y los pies lo conducen maquinalmente a Mundo Graffiti cada vez que precisa sustituir el viejo par de pantalones. Saca de su bolsillo una calculadora para deducir el monto correspondiente a cada comensal luego de la cena en un restaurante, y aunque ahora pueda rebosar de delicateses la despensa, el pan con mortadela -en maridaje con un frío guarapo de papelón- sigue siendo su platillo favorito. Para algunos la pobreza se vuelve un instinto y al viejo pobre le es imposible abandonar la costumbre de detenerse en el semáforo para comprar, con los ojos hinchados de esperanza, un billete de lotería.
También existe la figura de la vieja pobre, generalmente esa señora vestida con una bata transparentada por el uso aunque ahora resida en un apartamento de una zona pudiente, y desde cuyo balcón monta una venta de chupi chupi, caramelos y cigarros; negada a visitar esos establecimientos donde a los clientes se les identifica mediante tarjetas plastificadas, recorre los mercados populares y allí echa pestes contra el alto costo de la vida porque ahora “los churupos no alcanzan para nada”. Tal rasgo define a este género: no pierde el hábito del lloro, de afligirse ruidosamente por la asfixiante situación económica:
- ¡El kilo de chocozuela está por las nubes! -se lamenta frente a una amiga.
- Chica… ¿y por qué no te traes una de tus millares de cabezas de ganado de alguna de tus haciendas?
- Ay, mi amor: con lo caro que sale el transporte y luego la luz para tener que congelar eso, no hay quien pueda.
Marcados por las cicatrices de una austeridad imborrable, poco valen los reclamos de los hijos (algunos de los cuales son inscritos en liceos y forzados a estudiar con libros de segunda mano “porque las penurias forjan el carácter”); tras prolongadas súplicas y acusaciones de tacañería, quizá el viejo pobre, al igual que el nuevo rico, se decida por adquirir un vehículo lujoso; aunque mientras el nuevo rico pide que le sea instalado GPS en la nave y no se detiene en la cifra al momento de firmar el cheque, el viejo pobre mantiene el tic del regateo y no deja de solicitarle una rebaja sustanciosa al vendedor del concesionario pues “la cosa está fea”. Pero que no llame a engaño tan acuciantes signos de estrechez ni el hábito de bañarse con totuma, que el viejo pobre tiene muy clara su nueva conciencia de clase y si por asomo alguien procura arrebatarle una locha del recién adquirido patrimonio, blandirá el chupi chupi como un sable, una cosa es ser modesto y otra muy diferente es ser pendejo así que bienaventurados los pobres pero ni de vaina la pobreza.





Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

martes, septiembre 13

Entre indirectas

Procuramos ser cristalinos en nuestra comunicación, expresarnos limpiamente a fin de que no queden agujeros ni sombras entre las palabras… pero a veces un desvío es la única ruta despejada para llegar a un punto y es entonces cuando resulta inevitable el uso de las indirectas, esa manera de expresarse como de perfil y a través de frases revestidas en una envoltura de terciopelo que lleva dentro de sí una segunda intención prendida en llamas. No se apunta al corazón del asunto, sino a una arteria o a la vesícula, pero igual la daga hace sangrar.
No ir al grano ni orientar la flecha al centro de la diana puede ser tomado como un signo de inmadurez y hasta de cobardía, pero también hay que admitir sus atributos como lo son ser una prueba de paciencia, de diplomacia, un primer asomo de sinceridad tras una larga temporada de silencio o hipocresía, y dueña de una eficacia arrolladora si se le maneja con destreza. La indirecta usa muchos vestidos, desde el comentario engañosamente risueño (jodiendito se dicen verdades terribles) hasta la sutil advertencia que dada a tiempo evita una inminente sesión de puñetazos. Un gran porcentaje de las conversaciones entre los compañeros de oficina se basa en el empleo de esta hermana modesta de la ironía (“¡Qué trabajón hay aquí!”, tira el dardo la recepcionista a su compañera de labores, quien lleva media hora atendiendo a la vendedora de Avon), ¡ah! y ni hablar de la magnífica plenitud con que afloran las insinuaciones entre los miembros de la pareja. Tanto es así que casi todos los romances se inician con un estudio en diagonal del terreno; para no caer de bruces, los dedos de la indirecta exploran delicadamente los sentimientos del otro cuya reacción indicará si lanzarse de clavado o poner en reversa la tentativa amorosa.
Las redes sociales son un campo fértil en palabras a media cocción y muchas veces el sobrio “Me gusta” de Facebook lleva bajo sus alas recados clandestinos; en Twitter es frecuente lanzar tuits a campo traviesa pero sabiendo que entre la multitud escucha el destinatario preciso del misil o la flor. Claro, también se corre el riesgo de ser malinterpretado o que el blanco de la alusión se haga el loco o que sea tan bruto que agarre la seña dos semanas después o quizá nunca, a la vez que el alcance de estos alfilerazos tiene límites, que Mubarak o Gadafi, por decir algo, nunca hubiesen abandonado el poder a punta de indirectas; pero que dichas salvedades no nos distraigan de los muchos beneficios de ser vuelteros y en líneas siguientes algunas indirectas ejemplares más el significado oculto tras su discreta piel:
- “Cielo, en la esquina abrieron un gimnasio”. Traducción: Ve a inscribirte que estás gordo/a.
- “Qué hermosa mirada tienes”. Traducción: quiero tener sexo contigo.
- “Mi amor, qué bello auto se compró el vecino”. Traducción: yo quiero uno igualito.
- “Pana, felicidades por el aumento”. Traducción: Préstamos unos reales que ando en el ladre.
- “No sea pendejo, doctor Insulza”. Traducción: No sea pendejo, doctor Insulza.
- “¡Ah!, te compraste un BlackBerry igual al mío”. Traducción: dame tu pin.
- “Pero aún no sé manejarlo”. Traducción: No pretendo darte mi pin.
- “Ser articulista de una revista dominical da muchas satisfacciones… espirituales”. Traducción: ¿Acaso no piensan aumentarme los honorarios?

Ilustración: Irene Pizzolante
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jueves, agosto 25

Los reality por ver

Los reality show, ese vistazo a las supuestas circunstancias en que se mueven otras vidas, son un formato de comprobado éxito en la pantalla chica aunque se echan de menos ciertas variantes de las que podrían apropiarse los productores independientes del país para reanimar el marasmo en el que yace nuestra programación; no hay que pensarlo mucho ni pretender redescubrir el agua tibia, bastaría con versionar algunos de los programas ya existentes y añadirles, eso sí, una dosis de color local para que la audiencia se sienta identificada. Revisemos algunas de las posibilidades:

Macuto Shore
Desenfrenadas peripecias de ocho jóvenes lugareños que pasan el día tomando sol en las playas varguenses y/o encaramados en las atracciones mecánicas de Luna Park para, llegada la noche, sandunguear -yogur con anís mediante- en los locales nocturnos próximos a Chacaíto.

The Lazo
Inspirado en The Osbournes, las cámaras se adentran en la cotidianidad de la familia Lazo, con escenas inéditas de Henrique probándose las camisetas de su hijo “Lasso”, Mimí mientras ensaya su discurso de agradecimiento para los Oscar a la vez que Sindy hace lo suyo para los Emmy. Apariciones de ñapa de Luis Fernández.

Ama de Casa Race


Un grupo de tenaces amas de casa recorren los mercados de la ciudad en la búsqueda de diversos tesoros escondidos tales como aceite, harina, leche y azúcar, todo ello entre zancadillas, empujones y salarios mínimos.

Quién baila mejor
Asambleístas rivalizan entre sí hasta determinar cuál de ellos danza más fluidamente al son de cada “sugerencia” presidencial.

Rodeo´s Next Top Pran


Tras la captura del “Oriente” y la rendición del “Yoifre”, se busca la generación de relevo que regentará el mencionado recinto carcelario. El premio incluye 100 mil bolívares en dinamita y una sesión con reconocidos fotógrafos de las páginas rojas de la prensa nacional.

Bailando con los Sobones del Metro
Ricas mamis improvisan un sinfín de malabares para que los viciosos que abundan en los vagones de este medio de transporte subterráneo, no les metan la mano hasta el tuétano.

Mi mejor amiga por siempre
Tibi busca con ahínco a alguien que le sirva de mejor amiga o amigo, un apoyo moral y, por qué no, que la asesore en asuntos de ajuares y peinados (no tiene que ser por siempre; también puede ser por un ratico).

Protagonistas de No Velas
Se suscita un apagón producto del racionamiento eléctrico. La oscuridad es densa. Los electrodomésticos se han echado a perder y las inversiones para reparar la situación podrían demorar décadas en surtir efecto. Dentro de este ambiente apocalíptico, los aguerridos concursantes han de sobrevivir sin linternas, lámparas… ni velas.


Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

martes, agosto 16

Tu bio en Wikipedia

Si algo has hecho en la vida, no puedes faltar en Wikipedia, la “enciclopedia libre” escrita por los propios internautas y donde aparecen reseñas biográficas muy bien fundamentadas, cómo no, mientras algunas otras asemejan globos de aire inflados hasta casi reventar. La escritura de este último tipo de semblanza gloriosa requiere -más que de logros importantes- de mucha creatividad y un elogioso estilo como el que muestro a continuación y en el que podrás inspirarte para sobresalir, así sea en Wikipedia, como el Pavarotti de la disciplina en la que te desempeñes:

Petra X
Nacida el 10 de junio de 1982 en Curiepe, costa mirandina. Es una bella y carismática cantante y actriz venezolana.

Inicios
El primer llanto emitido el día de su nacimiento revela al mundo la desbordante calidad vocal e interpretativa de Petra X, atributo corroborado cuando, como toda niña prodigio, brilla en los actos escolares con un virtuosismo calificado por sus maestros como una mezcla del histrionismo de Meryl Streep, el gañote de Barbra Streisand y -ya mayorcita- el sex appeal de Angelina Jolie.

Trayectoria artística
Mientras cursa en el INCES estudios de “Word avanzado”, su talento y donosura la alzan como promotora en una céntrica licorería curiepeña. Luego viaja a Caracas para probar fortuna y allí triunfa como pintacaritas en el bulevar de Sabana Grande, donde es descubierta por el guachimán de una afamada planta televisora. Poco tiempo después pasa a dar vida a los dedos que le servían el desayuno a Polanco en la telenovela “La mujer perfecta”, a lo que sigue la consagración definitiva como la comensal sentada habitualmente en la mesa de la izquierda del restaurante playero de “Natalia del Mar”. Como artista integral que es, despliega sus dotes vocales en “El Precipicio” (Súper Sábado Sensacional), pero se ve obligada a hacer una pausa en su carrera debido al esguince sufrido cuando pela la colchoneta dispuesta al fondo de dicho foso.

Vida personal
Comentan insistentemente sus amoríos con los productores y el personal técnico de cada una de las producciones en las que nuestra galana participa, pero la diva refuta tales infundios arguyendo que eso es falso de toda falsedad (cita requerida), pura cizaña de gente envidiosa que desea empañar tan rutilante trayectoria que guarda coincidencias sorprendentes con las de varias megaestrellas: al igual que Winona Ryder, en 2009 Petra fue sorprendida sustrayendo unas blusas de una tienda de prestigio (El Tijerazo) y, cual Lindsay Lohan, se ha llevado a varios peatones por delante por conducir en estado de ebriedad por las calles de Curiepe, circunstancias en las que conoce a su actual amor eterno, el jefe de policía de la localidad.

Premios y galardones
“Word avanzado” (2003); “El Jopo Diamantino” (2005, nominación). Cada año viaja a Maracaibo para participar en la entrega de "La Orquídea", en calidad de público.

Proyectos futuros
Hoy por hoy son muchas las ofertas y rebajas del 50% que Petra X analiza mientras gana unos kilitos extra con el fin de participar en la próxima temporada de “Sudando la gota gorda”, a la vez que cursa estudios en OpenEnglish para cuando le toque dar el discurso de agradecimiento en el Oscar como punto de inflexión de su meteórico ascenso al estrellato.


Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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lunes, agosto 15

Dura jornada laboral


Tras un detallado análisis de mi jornada laboral y la de mis compañeros de trabajo, me di a la tarea de subdividir esas 8 horas de acuerdo a los usos que tradicionalmente se les dan en una oficina y descifrar en qué se invierte cada uno de esos agotadores minutos. Veamos:
- Sana convivencia: 40 min. Este lapso comprende los 15 minutos que se destinan para, apenas se llega a la oficina, compartir detalles del reciente capítulo de la telenovela o los anuncios de la cadena presidencial de anoche; a eso se les suman los 25 minutos espaciados en el transcurso del día y que son empleados en echar broma con el motorizado y/o saludar a los compañeros con los que uno se topa en el ascensor y en las escaleras.
- Café y cigarrillos: 1 hora 20 min. Un trabajador toma unas 4 tazas de café diarias, para lo que se invierten 5 cinco minutos por taza y a los que se les agregan los 5 ó 6 cigarrillos (10 minutos por cigarrillo) que ahora no pueden ser disfrutados en el escritorio, teniendo que salirse a la azotea o al porche del edificio.
- Brollos: 1 hora. En toda oficina que se respete hay un promedio de 2 brollos diarios, cuya cobertura demanda media hora por brollo; este lapso puede ser menor o mucho, mucho mayor según la complejidad y sustancia del brollo.
- Taller para optimizar el tiempo: 1 hora 30 min. Cuando uno está a punto de ponerse a trabajar, se inicia el taller organizado por la gerencia con el propósito de instruir a los empleados en el mejor uso del horario laboral.
- Baño: 20 min. Se suele ir al baño unas 4 veces al día, lo que requiere unos 5 minutos por sesión, tiempo que varía dependiendo de si se va a hacer el No. 1 ó el No 2.
- Almuerzo: 1 hora.
- Atención a vendedores y acreedores: 40 min. Intervalo destinado a esparcir sobre el escritorio las muestras de pantaletas, blusas, cosméticos o corbatas ofertadas por el buhonero interno. Este período incluye probarse algunas de las prendas en el baño o detrás de la fotocopiadora.
- Taller para el mejoramiento del clima organizacional: 2 horas. Segundo curso del día.
- Redes sociales: 1 hora 30 min. Tiempo esparcido de 5 a 5 minutos a lo largo de la jornada y que se consagra para tuitear caleta, brindarle los debidos cuidados a FarmVille en Facebook, revisar si nos retuitearon, ver el video de moda en YouTube y, de estar bloqueado en la oficina el acceso a la redes sociales, arreglárselas con el PIN más el acceso a internet del móvil para pagar online los servicios públicos y, si la situación lo permite, apreciar páginas picantes.
- Curso para la gestión proactiva: 1 hora 20 min. A este tercer taller le siguen una o varias reuniones para fijar estrategias y aplicar lo aprendido en los diversos cursos del día.
- Eventualidades: 1 hora. Dicha categoría involucra eventos varios como partirle la torta al cumpleañero de la oficina, atender al personal técnico porque la máquina se colgó, mirar el partido decisivo de la temporada de beisbol o de fútbol, así como la asistencia a reuniones sindicales para protestar por tan déspota jornada laboral.
- Explicarle al jefe qué se hizo durante el día: 5 min. Ya con la cartera al hombro o el maletín en la mano, fase en la que el empleado se presenta en la oficina del jefe para -mostrando un exuberante ingenio- anunciar los interminables y preciosos frutos logrados durante la jornada de 8 horas que, asombrosamente y de acuerdo a este análisis, parece ser de 12.

Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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martes, agosto 2

+Angustias en Google+


“Yo pensé que era tu amigo del alma y me desairas así tan feo poniéndome en el círculo `Compañeros de Trabajo´… ¡junto a la secretaria y el motorizado!” fue uno de los muchos reproches que recibí a los pocos días de mi incursión en Google+, pujante red social que apareció como casi todas -levantas una piedra y debajo hay dos o tres-y que a semanas de su lanzamiento ya desata tormentosas reacciones. A diferencia de Facebook y Twitter, donde ordenas a los contactos en Listas aunque la costumbre es meter al gentío en un mismo saco, en Google+ los usuarios agrupan a sus relacionados en círculos según el ámbito de pertenencia, que si “Amigos”, “Familia”, “Compañeros de estudio”… y, si no se toman las debidas precauciones, a todos en la esfera “Migraña”.
Google+ ahonda en nuestra fascinación por segmentar y categorizar a las personas, aunque al alto costo de revisar los afectos con las muchas contradicciones que resultan de tan delicada operación. A mengano, por ejemplo, lo conozco desde hace décadas, fuimos juntos a la universidad y en uno de sus momentos de tribulación económica le cedí en calidad de préstamo gran parte de mis ahorros, pero en diciembre pasado no me invitó a su boda así que nada de círculo “Amigos” y -¡chupulún!- directo a “Conocidos”; con zutano pasó lo contrario, no hemos compartido mucho en la oficina pero es de los que te aguantan la puerta del ascensor cuando estás a pocos pasos del aparato, cometí la imprudencia de incluirlo en “Amigos” y ahora hasta pretende que compartamos nuestras viandas durante el almuerzo.
Hay que sufrir de trastorno de personalidades múltiples para saltar de un círculo a otro en una misma sesión de Google+. “Flash es una buena opción para las exposiciones” comentas en la esfera “Trabajo” para, a los pocos segundos, poner “Me inscribí en el coro de la iglesia” en “Hobbies” y de allí “¡Esta noche es el desnalgue!” en “Rumba”. De tantas idas y venidas entre las diferentes y contradictorias categorías, puedes embotarte y llegar a decir en cualquiera de ellas: “El coro de la iglesia es una buena opción para el desnalgue”. El tema se complica y en algún punto las órbitas chocan entre sí, se superponen y estallan en un íntimo cataclismo social: tengo una prima (“Familia”) que trabaja en mi misma empresa (“Trabajo”), a quien le gusta enviar cadenas de correo (“Desgraciados”) y que últimamente desea reanimar una vieja rochela (“Bochinches”). Pese a lo dicho, son muchas las ventajas que ofrece esta flamante red y aquí les dejo algunas posibilidades de círculos para que le saques el jugo:
- Acreedores: Así no tienes que convocar uno por uno a tus prestamistas para decirles que se esperen hasta la próxima quincena, sino que los enteras a todos mediante un mismo mensaje: “Sigo pelando. Tengan paciencia”.
- Invasores: ¿Tienes una propiedad susceptible de ser invadida? ¡Con este círculo te mantendrás al día de cada movimiento de los posibles usurpadores!
- Gente a vigilar porque anda loquita por serrucharte el puesto: Sin comentarios.
- Solo solito: Si estás fatigado de las tertulias virtuales, en este círculo integrado solo por ti podrás abandonarte a tus pensamientos y descansar, en red, de tanta red.

Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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martes, julio 26

El guachimán inanimado


Antes de volver a la estación por una botella de agua para el largo viaje en autobús, la chica repite ese gesto natural tanto en bares como en iglesias, y que consiste en desatarse el pulóver de la cintura y extenderlo sobre el asiento para que sirva de centinela de un trono provisional. Ya sea una toalla sobre la silla playera o un periódico o una revista en la butaca del auditorio donde se cursa un seminario, el propósito del guachimán inanimado siempre es el mismo: alejar a los usurpadores potenciales y marcar el territorio, que si los poodles llevaran ropa (corrijo: ahora los poodles llevan ropa. Entonces, si los poodles fuesen un poquito más educados) no andarían orinándose por ahí sino que dejarían el pulóver al pie de su árbol favorito.
En el autobús solo quedan disponibles los asientos malqueridos, es decir, los de la “cocina” y el par situado tras la nuca del chofer, lo que lleva a los pasajeros recién llegados a dirigirle a la prenda de la chica esa mirada de odio/desencanto/frustración del expedicionario cuando ve que en la cumbre ya ondea otra bandera. El método de los asientos numerados, aplicado en los aviones, los teatros y los cines, no ha podido erradicar ese sinsabor e igual la gente se desmadra por entrar y si tiene que ausentarse por un momento, deja sus tierras bajo la supervisión del guachimán inanimado, que no siempre es inanimado: también las personas ejercen el rol de pulóver y en los bancos es una costumbre materna poner al bebé en la cola, cual vigía dormido dentro de un moisés, mientras se va por otra planilla.
Sin ir muy lejos, recuerdo que a mí, de tripón, me llevaban al automercado los días de quincena no para que eligiera mis golosinas favoritas, como creía entonces cegado por la ingenuidad de esos años, sino para que vigilara el puesto en una de las filas que durante las fechas de cobro llegan hasta el área de las verduras; en eso pasé gran parte de mi niñez y de mi adolescencia, haciendo de cono en una cola, allí jugaba al malabarista con los tomates y creo que fue allí donde me desarrollé y me salió mi primera espinilla. La cosa no cambió ni después de casado y hasta cuando me escabullo a solas al súper, mis traumas infantiles regresan de la mano de esa señora que, tras un periodo no mayor a los tres minutos en los que se ganó su derecho de zona, me intercepta con una mueca de pesadumbre seguida de la solicitud: “¿joven… me cuida el puesto?” dizque porque olvidó una lata de atún.
Si está delante de mí, ruego a los cielos para que no vuelva; si pertenece a esa raza inferior que es la gente situada detrás de uno en una cola, le digo que sí y luego voy a esconderme tras la pila de los enlatados para verle la cara mientras me busca, todo menos asumir un compromiso que abarca numerosas obligaciones: a) Guachimán, por supuesto, aunque animado; b) Carretillero, para empujar el carrito de la doña si la cola avanza; c) Testigo declarante, para que a su regreso -porque regresará, sí, con media charcutería entre las manos pero ninguna lata de atún- los demás en la cola no se pongan belicosos; y d) Abogado defensor, si los demás en la cola se ponen belicosos, como ahora se ha puesto, no el resto de los pasajeros, sino la propia chica del autobús.
Ella regresó. Nadie ocupó su puesto. Pero por ningún lado aparece el pulóver.


Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, julio 12

Foto tipo carnet


Mucho chip y firma digitalizada pero nada que pierde vigencia ese clásico de la identificación que es la foto tipo carnet, delgada punta de la que se sostienen los fotoestudios tras el auge de las cámaras digitales, y cuyo destino es ser la hija mecanógrafa de la fotografía. Su carácter utilitario le arrebata toda aspiración estética, nos guillotina y saca de contexto, tampoco pretende articular un sentimiento ni servir de insumo para la nostalgia futura pues en esa superficie 4,5 x 3,5 somos apenas un requisito más a sujetar con un clip o goma de barrita en los documentos cruciales.
Nos estrenamos en el formato con la instantánea tomada para la ficha del colegio, debut que inicia nuestro largo y accidentado viaje por entre folios y carpetas manila sin sospechar luego que el flash que estalla para la foto de la cédula de identidad nos saca irremediablemente de la infancia. En ella el fotógrafo no te pide que sonrías ni intervienen los arreglos del Photoshop (los rostros que en esta o cualquiera otra categoría de retrato son sometidos al Photoshop, adquieren durante el transcurso de la manipulación esa tersa calidad de muñeco de cera a la que nos tiene acostumbrados Ricardo Montaner en las tapas de sus discos desde finales de los noventa hasta hoy); aunque hay ciertas medidas a considerar para, no lucir bien, eso es imposible, pero sí atenuar la expresión de apendejeado con que uno siempre sale en la foto tipo carnet.
Un evento trascendental es tomarse la foto que acompañará el currículum vitae; sobrarán talentos y excelentes calificaciones pero sin una adecuada foto en el currículum, la carrera más prometedora podría irse al fondo de la gaveta de un escritorio. Para evitar eso, el modelo toma ciertas precauciones (ellos, actitud marcial y corbata no muy estridente; ellas, moño prieto más collar de perlas sacado del cofre de la abuela), aunque el truco está en lo que se piensa a la hora de posar; como si en ese momento miraras a los ojos de tu futuro empleador, fantasea ya con la pensión de vejez y demás beneficios contractuales, procura un aire de aplomo pero nunca desafiante puesto que los seleccionadores del Departamento de Recursos Humanos poseen un talento natural para construir el perfil psicológico con solo echarle un vistazo a la foto del currículum: mucha risita, rochelero; demasiada severidad, un potencial sindicalista.
Entre sus variantes están esa que toma el cajero del banco y donde seguramente salimos con cara de preso, y la de perfil si caemos presos; aunque la Ley de Parson indique que nadie es tan feo como en la foto del pasaporte, de un tiempo a acá las máquinas de tickets de los estacionamiento entregan, como quien saca la lengua desde el interior de un buzón, una captura muy desafortunada que en lo particular afronto tensando el bíceps al momento de sacar el brazo por la ventanilla y hacer el clic. Para ser justo he de decir que el género se reivindica cuando la foto tipo carnet del ser amado es llevada con celo en un compartimiento de la cartera o dentro del relicario que cuelga del cuello de una madre triste; al otro extremo de sus usos, nada más sospechoso que cuando se le utiliza de avatar en las redes sociales. Huye de estas personas, tenles miedo, son del tipo de gente que almidona sus camisas y duerme en pijamas, muy aburridas o tan apropiadas porque algo quieren venderte.

Ilustración: Irene Pizzolante
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lunes, julio 11

Historia de amor tuitero



- @Romer: Saludos a @Juliet_18 Me gustan mucho sus tuits. Síganla!!
- @novatita: ¿Qué es Twitter?
- @Juliet_18: Ay, qué amable @Romer Gracias :-)
- @noticias24: ¿Has tenido un amor virtual? ¿Buscarías a tu pareja a través de un chat? Cuéntanos y sé parte de nuestro próximo trabajo especial
- @Romer: @Juliet_18 me das #followback? Porque yo ya te sigo y si te sigo, de vuelta deberías seguirme para que así nos recontrasigamos mutuamente.
- @machadooficial: Wooow que grata sorpresa ya mi cuenta esta verificada!!!!!!!!! Que emoción, gracias para quienes me ayudaron! Yes yes yes besos !
- @Juliet_18: Sí, @Romer Bienvenidos a mi timeline!
- @Romer: #yoconfieso que me gusta el avatar de @Juliet_18
- @poetatuitero: Qué precioso es el amor que convierte en prodigio la luz mañanera.
- @Juliet_18: Lo mismo le dirás a todas tus seguidoras @Romer
- @ocioso1450: Estoy estíticooooo.
- @ descontento: Se fue la luz, el gas y el agua #hastacuandodiosmio
- @Romer: Para nada @Juliet_18 Ninguna tan guapa y profunda como tú ;-)
- @globovision: Al aire Aló Ciudadano.
- @Juliet_18: Ay, pero nunca me has hecho retuits, pero sí se lo haces a otras usuarias #resentida
- @Troll_caos: Ustedes dos @Juliet_18 y @Romer, dejen el romantiqueo que esto no es Messenger.
- @Romer: Te juro @Juliet_18 que nunca le he le dado #FF a nadie. Tú eres la primera a la que le hago una tan honda mención.
- @Juliet_18: Ah, es que te la tiras de divo @Romer??? :-0
- @ descontento: Se me echó a perder la nevera por las idas y venidas de la luz #hastacuandodiosmio
- @Romer: Ni divo ni ácido @Juliet_18 #WTF
- @Juliet_18: Pero tu bio dice lo contrario. Y hasta bipolar @Romer O_o
- @novatita: ¿Y en dónde le doy a Enter?
- @Romer: Dedico a @Juliet_18 este #superclasico de @ montanertwitter #caelacedula
- @intensidad: “La verdadera felicidad consiste en hacer el bien”, Aristóteles.
- @Juliet_18: RT: Dedico a @Juliet_18 este #superclasico de @ montanertwitter :'(
- @Romer: En fin @Juliet_18 Te invito a mi #cumpletwitter que celebraré en el próximo #twiteq
- @Juliet_18: Me da miedito porq RT: @UNoticias: Atrapan banda de robacasas del Este de Caracas.
- @Troll_caos: Zorra!!!
- @Romer: Yo te protejo mira que RT: @sabiasque: un hombre puede levantar 125 kilos a una distancia de 60 cm.
- @descontento: Colgando la soga #hastacuandodiosmio
- @novatita: ¿Alguien está aquí?
- @Juliet_18: Te envié mi dirección por DM ;-)
- @noticiasya: Atracadores contactan a sus víctimas a través de redes sociales.
- @ocioso1450: Ya pude.
- @Romer: )3
- @Juliet_18: )3
- @Troll_caos: @Juliet_18 y @Romer ¡¡¡¡váyanse a un motel!!!!

Ilustración: Irene Pizzolante
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jueves, julio 7

Visa espacial


Srs. alienígenas
Presente.-

Me dirijo a ustedes a través de la presente correspondencia con el propósito de exponer los motivos que me han llevado a tomar la difícil decisión de abandonar mi querido planeta Tierra y -porque en algún sitio tengo que vivir- solicitarles me sea concedida la visa de residente en su hermoso y lejano mundo. Son muchas las razones que me obligan a asumir dicha determinación, entre las cuales destacan el horno microondas en que está a punto de convertirse mi actual casa debido al calentamiento global; las sacudidas de las placas tectónicas responsables de los cada vez más continuos terremotos y tsunamis, un muy probable y devastador choque de asteroide y, primordialmente, el cada día más insoportable comportamiento de mis compañeros de la raza humana, circunstancias estas que llevan a que hoy el cuerpo celeste donde nací esté en lo que en la jerga terrícola denominamos “en pico´e zamuro”.
Tras examinar los millones y millones de alternativas existentes en el Universo conocido, he seleccionado su magnífico planeta debido a las propiedades climatológicas del mismo y que tanto se asemejan a las de mi orbe natal: ni tan inhóspito como Mercurio, donde hace un calor del demonio, ni tan helado como Neptuno, cuyas nieves absolutas no ofrecen las mejores condiciones ambientales para mi disnea, según me aclara mi médico de cabecera (¡ah!, también he sabido que en su Edén los canales de televisión por cable rara vez retransmiten La guerra de los sexos).
De seguro se preguntarán, señores alienígenas, en qué podría beneficiarles mi establecimiento acullá, por lo que paso a subrayar determinadas competencias que serían de gran provecho para su boyante civilización: soy un lince sacándoles brillo a las empuñaduras de los sables de luz, preparo un chili bastante parecido al de Wendy´s - ¡su platillo favorito! - y, gracias a mis vastos conocimientos de las películas de Spielberg y de la serie X files, no tendría problema alguno en ponerlos al tanto de las debilidades del Pentágono si en un futuro se animan a invadir; asimismo y de ser aceptada mi solicitud, concentraría mis esfuerzos en renunciar a las feas costumbres que por siglos ha ejercido mi especie, comprometiéndome a no chalequear a mis nuevos prójimos ni a lanzar botellas ni papelitos desde las ventanillas de sus naves espaciales.
Sé que extrañaré la Luna, bañarme en el mar, a Chiquinquirá Delgado y, sobre todo, las arepas con ensalada de gallina (¿allá donde ustedes viven se consigue Harina PAN? ¿Hay gallinas?), pero la situación aquí es inaguantable y como muchos amigos y familiares que procuran reconstruir su hogar lejos del país donde nacieron, no permitiré que la nostalgia ni el cerco de la soledad empañen mis sueños de un mundo mejor. Adjunto a esta correspondencia, pasaporte vigente, los certificados con las vacunas reglamentarias más una carta de recomendación de Don Francisco, animador muy apreciado entre los selenitas; tras lo cual me despido y permanezco a la espera de que la presente solicitud sea atendida de manera positiva antes del 2012 que -según el calendario maya y uno que otro profeta sombrío- no trae nada bueno.

Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, junio 14

Un baño, por favor


Planeaba afirmar en esta primera línea que las personas que hacen pipí en la calle merecen todo nuestro desprecio, pero me niego a juzgar precipitadamente hasta una circunstancia tan indignante como esa y, en armonía con el carácter científico que define a esta columna, bebo un par de Gatorade y tomo el vehículo para experimentar en vejiga propia qué pasa por la cabeza de esos maleducados que -ya sea sobre un portal o cual perrito pekinés ante un poste del tendido eléctrico- responden al reclamo de la naturaleza o, para ser exacto, de los riñones.
Durante los primeros minutos, la urgencia es soportable y aunque se acentúa a medida que pasa el tiempo, aún sigo en condiciones de reprochar a los borrachines que en las noches de juerga azufran los rincones de la ciudad; el embotellamiento del tráfico, no obstante, abre paulatinamente un espacio de comprensión para las embarazadas y los aquejados por problemas de próstata, entre quienes el umbral de resistencia para ir al baño se estrecha con énfasis y -sin un MacDonald´s a mano- profanan clandestinamente las esquinas menos visibles de los kioscos.
Con gallardía, paso de largo un par de gasolineras notando ya que ciertos eventos que ordinariamente pasan desapercibidos (aquel conserje que con una manguera riega las plantas, cada hueco en que cae el carro agita el Gatorade, y -¡dios mío!- el endemoniado chorro de la fuente de Plaza Venezuela) en medio de esta vicisitud adquieren los rasgos de una conspiración; la tarea se complica hasta el infinito con el ultimátum en forma de leve lluvia ¿Han intentado sobrellevar, dentro de un vehículo arrullado por la lluvia, las ganas de ir al baño? No hay música ni anuncio gubernamental emitido por la radio que distraigan de este llamado fulminante a la caverna y a lo animal, cualquier razonamiento es ahogado por esa mano invisible que, desde adentro, aprieta cada vez con mayor fuerza allá abajo mientras las gotas de lluvia ruedan como serpientes sobre el parabrisas.
El civismo zozobra y me sorprendo barajando opciones, cada árbol sobre la acera toma la deliciosa apariencia de un mingitorio esmaltado o, mejor aún, cada árbol es el mar al que uno entra para agrandarlo pese a la cercanía de los otros bañistas. Tan democrático apremio nos uniforma, nos pone en contacto con las cuestiones elementales y durante estos minutos de espanto no se desea éxito o fortuna, ni siquiera amor; sólo un excusado. Ahora no soy más que una vejiga tras un volante.
Desde el vehículo observo a los otros conductores atascados en el tráfico y por las expresiones de sus caras no es difícil identificar a los colegas de tribulación (aquel señor que toca con empeño la corneta es sin duda uno de los urgidos), muchos de los cuales encontrarán el sosiego entre matorrales o al pie de un oscuro frontispicio pero ¡ay! de las pobrecitas mujeres. Alcanzado este punto, ya uno no se está orinando del latín urinam. Qué va. Uno lo que se está es meando. Se empieza a desvariar, quién fuese uno de esos querubines de jaspe cuyos piripichos llenan día y noche las fuentes de los jardines de mal gusto; como un sueño, llega a la memoria aquella tarde cuando nuestra madre nos tomó de la mano para llevarnos detrás de un mar de cayenas en flor y a uno sin importarle que un gentío anduviera cerca; la vida era entonces tan sencilla, hermosa.
Y no diré más.

Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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martes, junio 7

Mi exquisito Frankenstein


Qué Harry Potter ni qué ocho cuartos, ya presiento la lluvia de ofertas para las versiones de cine y de tele que recibiré una vez que publique la presente crónica donde materializo el sueño de todo autor: la creación del personaje definitivo, cósmico, total, un sujeto que, sin dejar de ser entretenido, refleja la variedad de matices de la naturaleza humana y quien arroja en cada situación una aleccionadora enseñanza. Para ello he bebido de las más aplaudidas inspiraciones, lo que me asegura el éxito desde las primeras líneas de la historia donde nuestro protagonista, en medio de una confusión, es abandonado en un denso bosque por sus parientes y amigos (ET), luego de lo cual procura ganarse el pan como personal doméstico de una familia acaudalada cuyos miembros le hacen la vida imposible mediante terribles humillaciones (María la del barrio), hasta que es puesto de patitas en la calle tras ser sorprendido aplicándose generosas dosis de laca para levantarse el flequillo (Edward Cullen).
La desesperación lo lleva a subsistir malamente en las aceras y allí conoce al amor de su vida (Mujer Bonita), pero la felicidad se ve entorpecida la fatídica noche en que su pareja es devorada por una planta carnívora que aflora súbitamente de una tubería (Mario Bros), lo que lleva a nuestro personaje a dudar entre saciar su sed de venganza (El Conde de Montecristo) u olvidar lo ocurrido ingiriendo la pastillita roja (Neo).
Tras recibir el Premio Nobel por confirmar la veracidad de la teoría de las cuerdas (Sheldon Cooper), el éxito lo deslumbra y entrega sus noches a los abusos y el alcohol; pero una afección producto de los desmanes amorosos (Charlie Harper) lo deja ciego (Topacio) y, alcanzado por la locura luego de enterarse que ha perdido a su bebé de pocos meses de nacido, es recluido en un manicomio (otra vez María la del barrio). En su hora más oscura, recita ante sus compañeros del sanatorio: “Ser o no ser, ésa es la cuestión: si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera fortuna, o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro” (Hamlet), palabras que lo llenan de valor y, haciendo uso de sus súper poderes, derriba de un soplido los muros (Superman) para precipitarse hacia la libertad (Correcaminos), no sin antes liquidar ferozmente a los guardianes (Chucky) y esconderlos en la maleta del carro (Tony Soprano).
De ahí en adelante consagra sus fuerzas a explorar los laberintos de las profundidades marinas (Bob Esponja) y a recorrer las estrellas de lejanas galaxias (Han Solo) en busca de su hijo perdido, a quien encuentra de limosnero en la gran ciudad (¡por supuesto: de nuevo María la del barrio! No voy a pelar ese boche); entonces toma del cuello al niñito para zarandearlo mientras le grita “¡Pequeño demonio!”, encuentro tras el cual nuestro protagonista absoluto se tumba sobre un mullido sofá (Homero Simpson) a beber un Cosmopolitan (Carrie Bradshaw), colmado de soberbia (cualquiera de los pokemones) pero también de esperanza (Tribilín) pues sabe que en un futuro apocalíptico (Mad Max), su retoño salvará de las máquinas al mundo (Sarah Connor).
Por cierto, todo esto ocurre mientras canta una canción (Hannah Montana).


Texto para Edición Aniversaria de la revista Dominical, "Somos un personaje".
Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, mayo 31

Adiós al vecino escandaloso


Cuando estrategias tales como poner cara de tronco o quejarse ante la junta de condominio fracasan en el intento de moderar a los vecinos proclives al escándalo, no piense en mudarse y mucho menos en recurrir a la violencia (aunque, en ocasiones, es casi imposible resistirse a esta última tentación) pues hay alternativas infalibles para atenuar los descaros de esos ruidosos inquilinos con los que se comparte el piso y hasta un mismo muro. Las posibilidades son infinitas y sus aplicaciones dependen de la creatividad y el grado de desesperación de la víctima; no obstante, en las líneas que siguen figuran algunos tips ya probados por quien esto escribe y tras cuyo seguimiento usted también logrará que la armonía se instale en las inmediaciones de su morada:

- Atajaperros conyugales
En todo vecindario o edificio hay un domicilio desde cuyo interior se desata diariamente una tempestad de ollas, portazos y floreros desportillados contra las paredes, producto de las discrepancias entre los miembros de una pareja. No se sugiere inmiscuirse en tan belicosa intimidad, pero está la alternativa de simular pretender a uno de los combatientes enviándole de manera anónima pañuelos perfumados o rosas y bombones. La maniobra depara dos posibles desenlaces, uno igual de favorable que el otro: asomados al abismo de perder a su pareja, los guerreros se reconcilian; o ese par termina de matarse de una buena vez.

- Rumba 24 horas
Una tragedia asidua es la del vecino bochinchero que celebra en su casa cuanto bautizo, cumpleaños o baby shower acontezca en el seno familiar, poniendo la música a toda mecha desde la tarde del viernes hasta el mediodía del domingo; para combatir a este género, algunos optan por reventar con una china o resortera los globos de colores que decoran la tertulia, otros colocan un Cd contentivo de los veinte misterios del rosario con sus respectivos Padrenuestros y Avemarías; mientras los extremistas envían a un amigo Testigo de Jehová para que anuncie a las puertas del jolgorio el Armagedón inminente. Si fallan todas estas alternativas, decídase por la vía infalible de adquirir un micrófono de karaoke para interpretar los temas musicales que suenen en el sarao adyacente: el egoísmo propio de muchos vecinos no permitirá que usted les goce el festín y de inmediato la rumba será llevada a su mínima expresión.

- Muchachos llorones
La contaminación sónica derivada de esta fuente alcanza su apogeo durante la madrugada; para ello, antes de que usted salga a trabajar, ponga a repetir un infinito set de Barney y Dora la Exploradora de modo que durante el día el tripón agote sus fuerzas y, llegada la noche, concilie el sueño como un lirón.

- Sea usted el licencioso
Las desconsideraciones del vecino escandaloso varían desde el home teather y los videojuegos a todo volumen, perros que ladran, muebles mudados de sitio durante la noche, hasta adolescentes reunidos en una esquina o al pie de las escaleras (circunstancia esta que genera más bulla que los casos anteriores juntos más una herrería). Para abatir tales estruendos, la opción es que usted figure como el vecino más escandaloso de todos, ese que nadie desea tener a su lado y -al ser llamado a botón- comprometa a los miembros de la comunidad a mantener un silencio casi místico, luego de lo cual florecerá el sosiego como si se compartiera la pared con unos monjes tibetanos. Yo que se lo digo.


Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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martes, mayo 24

No a la discriminación facial


Cuando aún arde el fuego de la polémica Ley Orgánica contra la Discriminación Racial, es imprescindible la apertura de un debate sobre ese sector de la sociedad que, pese a ser mayoría, es víctima de un menosprecio equivalente al que sufre la minoría más vulnerable: los feos y las feas, gruesa franja de la población que a lo largo de la historia ha brindado aportes fundamentales no solo al país sino a la humanidad toda, y que como recompensa solo obtiene diarias expresiones de intolerancia y chalequeo. Para erradicar tan excluyente situación, transcribo en las líneas que siguen el boceto de lo que sería la Ley Orgánica contra la Discriminación Facial, cuyo análisis por parte de la Asamblea Nacional amerita ser iniciado urgentemente si de verdad se aspira a un mundo más justo e igualitario.
Artículo 1: A partir de la publicación en Gaceta Oficial de la presente Ley, se crea el Instituto Nacional contra de Discriminación Facial, el cual contará con carácter ministerial y entre cuyas atribuciones destaca la penalización de cirugías estéticas, inyecciones de botox y demás tratamientos destinados a disminuir la condición de fealdad, que no es ninguna plaga ni algún tipo de viruela.
Artículo 2: Será condenado de a uno (1) a dos (2) años de prisión quien se dirija a los compatriotas menos apuestos con términos como “cara´e pizza” o “flaca vitola”. A su vez, han de incorporarse a las conversaciones los dichos “La fealdad se lleva por dentro”, “La imperfección está en los ojos de quien ve” y “Billete mata feo”.
Artículo 3: Se establece la modificación del punto de vista en los cuentos infantiles de modo que sea la Bestia quien se haga el interesante frente al asedio romántico de la Bella; a la vez que a partir de ahora se narrará que el cisne nació hermoso pero cuando creció se produjo el ansiado milagro que lo transformó en patito feo.
Artículo 4: Los ciudadanos y las ciudadanas menos esbeltos tendrán asegurada una cuota de participación en el Miss Venezuela, el Mister Venezuela y demás certámenes de este tipo celebrados en el territorio nacional; y no solo eso, sino que como mínimo dos (2) de dichos concursantes deberán ser elegidos para el cuadro finalista, y de manera obligatoria cada tres (3) años un feo o una fea será merecedor de la bufanda o la corona.
Artículo 5: Todo individuo poco agraciado queda exento de la agotadora tarea de plantear conversaciones interesantes y/o un extraordinario sentido del humor para compensar su estrabismo o acné.
Artículo 6: Se acuerda acuñar en las monedas de mayor denominación el rostro de Lady Gaga.
Artículo 7: En cada centro de esparcimiento que cuente entre sus instalaciones con una pista de baile, se aplicará el 1x1 dancístico según el cual por cada pieza que un caballero baile con una bonita, ha de invitar a una fea.
Artículo 8: En los sitios de trabajo el jefe baboso no solo piropeará a las empleadas despampanantes, sino que ha de ofrecer asiduos elogios al personal desprovisto de atributos físicos primorosos, y en ningún caso tales halagos versarán en torno al dominio de la mecanografía. De igual forma, serán penalizados con cien unidades tributarias (100 U.T.) los individuos que ofrezcan su asiento en camioneticas, el Metro o cualquier otro transporte público, solo a mamis y no a aquellas pasajeras poco favorecidas por la Madre Naturaleza.
Artículo 9: Se establece el 22 de Septiembre como Día Nacional de la Plurifacialidad, en homenaje al nacimiento del ilustre Pepeto, quedando instituida tal fecha como Día Feriado so pena de las acciones penales a que hubiere lugar conforme a la presente Ley.

Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, mayo 17

El saludable


Cada familia o grupo de amigos cuenta entre sus miembros con El saludable, ese sujeto cuya capacidad de asombro lo identifica rápidamente: es él o ella quien, al ver que depositamos sobre nuestro plato una jugosa chuleta, con espíritu pedagógico salta a contabilizar el número de calorías, bacterias inmunes al calor de la hornilla, grasas saturadas y demás horrores ocultos en aquel delicioso bocado, coronando sus argumentaciones con la historia de la tía o el primo que un día cayó fulminado a consecuencia de sus insensatos hábitos alimenticios y que (suele cerrar su manifiesto El saludable) es el mismo destino que nos espera a todos nosotros de ceder a cualquier tentación salpicada con queso fundido.
El mayor placer de los fanáticos religiosos radica en presumirse destinatarios exclusivos del reino de los cielos, mientras que a los pecadores que ignoren sus advertencias los aguarda el fuego eterno. De un regocijo afín disfruta El saludable cuando nos restriega en cara sus legumbres y su granola y sus carnes magras en comparación con nuestra rutina inmersa en el ocio y la voracidad. Y como los ex fumadores que tosen ruidosamente apenas notan que alguien se acerca un cigarrillo a los labios, a El saludable lo antecede un pasado vergonzoso que ahora lo faculta como una voz experimentada: “mira que el cigarro da cáncer”, descubre; “los dulces producen caries”, notifica; y “no vas a llegar a los cuarenta” es su profecía favorita.
A modo de escapulario, El saludable lleva un cargamento de polivitamínicos y Omega 3 que sobresale de su cartera o maletín hacia los sentimientos de culpa de quienes lo vemos levantarse muy temprano para irse a la clase de Pilates seguida de la de yoga, cerciorándose de volver empapado en sudor justo a la hora en que los juerguistas despiertan a la resaca producto de la noche anterior. Pero supuestas verdades hoy se hunden en el charco de la duda y eso a El saludable lo desconcierta. Como ejemplos, recientes hallazgos científicos revelan que las vitaminas -incluidas la E, C y el beta caroteno- inhiben la capacidad del hígado para procesar el colesterol malo; el consumo moderado de vino tinto y cerveza previene la muerte celular; del chocolate podrían extraerse fármacos para combatir el cáncer, la cardiopatía y las enfermedades inflamatorias; la ingesta de vitamina C no escuda de manera significativa contra los resfriados… en fin, como dijo Woody Allen, “lo que de niños nos decían que era bueno, como la leche, el sol y la universidad, de adultos resultó ser malo”.
A muchos sorprenden estas buenas nuevas; pero aún más a El saludable, arruinado su aire de inmortalidad conquistada y -lo que es peor- la liberadora oportunidad de escurrirse a la cocina para, abrigado por el silencio de la noche y teniendo al bombillito de la nevera como único testigo, saborear los restos de un pecado bañado con guasacaca.

Ilustración: Irene Pizzolante
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jueves, mayo 5

El drama de las promesas fallidas


Asumirse como promesa fallida es un trago que pocos están dispuestos a tomar. Para quienes no estén familiarizados con el término, el mismo corresponde a esas personas a las que durante su juventud les auguraban un futuro promisorio, anunciados por padres, profesores y amigos como milagros inminentes digamos que en el beisbol o en la literatura; pero el tiempo pasó y el fuego de la estrella nunca ardió, el ingreso al equipo de las grandes ligas o la escritura de la novela estremecedora nunca cuajaron mientras la promesa encanecía al mismo ritmo en que su presencia se iba diluyendo entre la multitud.
El límite para considerarse prospecto ha sido siempre estricto: Mozart aún se hacía pipí en la cama cuando compuso su primera ópera o, según me recuerda el colega y alto pana Rafael Jiménez, Mark Zuckerberg, todavía aquejado por el acné, convulsionó con Facebook el universo de las redes sociales ¡Y ni hablar de Jimmy Neutrón!, modelo que sirve las primeras cucharadas de la frustración a los tripones que no descubran, en plenos estudios primarios, la fórmula de la fusión en frío.
Soplar determinado número de velitas sobre el pastel disuelve las esperanzas y, alcanzada cierta edad, la mayoría de los talentos se pierden de vista aunque no en el mejor sentido de la expresión. Anuncios como “Se solicita personal… hasta los 20 años” o “Concurso de autores para… menores de 30” apuntalan la idea de que las expectativas tienen fecha de vencimiento luego de la cual padres, profesores y amigos que una vez cifraron sus ilusiones en la promesa comienzan a inquietarse, a mirarla con recelo y hasta con ojeriza, como si descubrieran que fueron estafados por una oferta engañosa.
Así, parece no haber manera decorosa en que una promesa se asuma fallida. Los rumbos a tomar varían desde quienes encaran con serenidad su condición de chasco pero sin perder el chance de sacar a relucir su inventario de éxitos remotos (“no hice más por culpa del entrenador y/o del editor que nunca me dio una oportunidad”); la frustración engendra mitómanos excepcionales y otra alternativa es vivir de las glorias posibles, divulgar proyectos en permanente estado de gestación como para mantenerse a flote sostenidos a la boya de la esperanza; y un tercer rumbo, sin duda el más triste, consiste en la aspereza, llenarse de emociones turbias y es entonces cuando el éxito ajeno se vuelve irrespirable, da dentera.
Estuve tentado a concluir el presente artículo con un tono esperanzador, una y otra vez quise exponer que existe otra posibilidad para las promesas y es la de no aceptarse fallida un carrizo, renunciar a tomar la ebanistería o el bordado como maniobras últimas de la resignación y hasta internado en un geriátrico seguir pretendiendo encender el fuego de la estrella; pero no me creí ni una palabra, un signo de madurez consiste en aceptar, sí, que en ciertas disciplinas los sueños caducan y mucho me apena defraudar a mi madrina y a un par de conocidos que una vez vieron en mí a una radiante promesa de los artículos de autoayuda.

Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, mayo 3

Mitos de la quitamarido


Las mujeres denuncian que hay escasez de hombres, lo que genera la proliferación de dos fenómenos incompatibles: por un lado, las señoras que ya tengan al suyo en casa lo atesoran como si se tratase de un Renoir o de una joya Cartier mientras -como segunda consecuencia derivada del cacareado desabastecimiento masculino- toma auge la amenaza de la quitamarido, ese coco conyugal cuya entrada a un salón lleva a que las esposas se persignen, temiendo que si la malamañosa desbarató el matrimonio de zutana, quién quita que un día de estos, cual tragavenados luego de concluir su digestión, redirija los colmillos a otro hogar para calmar su hambre con un nuevo esposo ajeno. No obstante, ya es hora de esclarecer con la luz de la verdad una serie de mitos que las películas, las telenovelas y especialmente los programas de Laura Bozzo han tejido alrededor de la llamada “rompe hogares”:

“Yo nunca sería tan bicha”
Falso: En algún rincón del alma de la damita más inocente late la semilla de una quitamarido, solo que no ha encontrado la manera o carece de las cualidades necesarias para apropiarse del anhelado esposo de otra. Señoras y señoritas, si lo dudan, levanten la mano derecha y tras posar la izquierda sobre una Biblia juren si, de encontrarse entre sus posibilidades, no estarían dispuestas a ejercer el rol de desalmadas y dejar en cuatro bloques a Victoria Beckham, a Angelina Jolie o a cualquiera otra esposa del galán de su preferencia.

“Me robó al hombre”
Falso: Términos como “quitamarido” o “rompe hogares” depositan sobre la espalda de la querida el peso de una acción verbal que libra de responsabilidades al varón, quien durante el proceso queda como un artículo manso y portátil, casi un perrito o una sartén sustraídos, al menor descuido de su dueña, por una raptora. La frase así construida pareciera indicar que el marido no fue infiel sino víctima de un secuestro express.

“El otro”
Verdadero: ¿Es el género masculino plenamente respetuoso con la mujer ajena? Por supuesto que no, aunque llama la atención la inexistencia de los términos “quitaesposa” y “el otro”.

“Es una vergüenza para la familia”
Depende: Usualmente la quitamarido es tratada por su parentela como una mancha o una sombra a ocultar, a menos que el tipo que una noche ella trae a cenar a casa sea el marido de Victoria Beckham, el de Angelina Jolie o en todo caso un próspero comerciante. En tales circunstancias, hasta el familiar más conservador de la quitamarido no demorará en bendecir ese romance con un sublime “nadie ordena en los arrebatos del corazón”.

“Me lo quiere quitar”
Falso y verdadero. Muchas veces la bribona no desea quitarle el marido nada: solo pedirlo prestado.

“Las esposas son las víctimas”
No siempre: Abundan las mujeres que no hallan cómo escapar de un matrimonio sofocante y en esos casos la quitamarido ejerce una labor profiláctica, diríase que de heroína salvadora y si el gesto no generara sospechas, más de una esposa entregaría a su cónyuge acompañado de una tarjetita y envuelto en celofán como muestras de gratitud por el favor concedido.

Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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martes, abril 26

¿Eres un chantajista emocional?


Para que tu novio te regale esa joya que tanto apeteces:
1) Le dices que se trata de un reconocimiento a tus muchos sacrificios.
2) Que tu próximo novio sí te lo regalará.
3) Hasta tanto no recibas la prenda, obedeces ciegamente el sexto mandamiento (“No cometerás actos impuros”).

Si al solicitar la visa norteamericana el entrevistador se muestra receloso:1) Comentas, como al descuido, que te encanta Clint Eastwood
2) Y Adam Sandler
3) Ambos.

Para sumar seguidores en Twitter o amigos en Facebook:
1) Mencionas que te sientes solo.
2) Anuncias que te quedan pocos días de vida.
3) Colocas de avatar la foto de Winnie-Pooh.

Para obtener sexo en la primera cita:
1) Te pones colonia.
2) Te pones romántico.
3) Te pones a llorar.

Al momento de pedirle dinero a un amigo, esgrimes:
1) “¿Recuerdas todas esas veces en que te he sacado las patas del barro?”.
2) “La cena de mis hijos, es decir, de tus ahijados, depende de ti”.
3) “Si te niegas, tendré que comprar la cena de mis hijos, es decir, de tus ahijados, en PDVAL”.

Si eres madre y deseas que tu hijo vaya al abasto:
1) Le recuerdas que para traerlo al mundo pasaste 18 horas de labores de parto.
2) Recitas el inventario de tus dolencias.
3) Te quedas callada por un momento: las madres habilidosas persuaden con la mirada y el silencio.

Si tu jefe amenaza con botarte:
1) Argumentas: “Soy indispensable: sin mí, esta empresa se irá a la bancarrota”.
2) Inicias cada frase llamándolo “amigui”.
3) Le recuerdas que en la gaveta de su escritorio guarda varios cedes del grupo Aventura.

Tu pareja empaca pues ha decidido abandonarte:
1) Le aseguras que no sabrías vivir sin ella o él.
2) Le aseguras que ella o él no sabría vivir sin ti, cerrando el enunciado “y con esa gordura dudo que consigas a otro/a”.
3) En su presencia, comienzas a colgar una soga de una de las vigas de la habitación.

Para que un profesor no te raspe por olvidar un trabajo de investigación:
1) Le dices que tienes a tu abuela enferma.
2) Le dices que tienes a tu abuela recién fallecida.
3) Le dices que por las noches el fantasma de tu abuela te hala los dedos de los pies.

Si la cola del automercado es larga:
1) Finges un beriberi para que te atiendan rápido.
2) Gritas “¡fuego, fuego!”.
3) Vas a casa y regresas al súper acompañado -¡no faltaba más!- de tu abuela.

Resultados
Ahora, toma lápiz y papel y suma los puntos obtenidos en cada respuesta para así descubrir si eres o no un chantajista emocional.
De 10 a 15:
Eres un alma bondadosa, ajeno a todo deseo de manipulación… pero tampoco exageres: si continúas así, no lograrás nada en este mundo.
De 16 a 22: Tienes un extraordinario potencial para hacer del prójimo lo que te plazca mediante la afilada punta del arma de las emociones.
De 23 a 29: La propia ratica, todo un maestro en el maltrato psicológico orientado a poner a tus pies a los espíritus sumisos. Algún día el villano o villana de una telenovela mexicana se inspirará en ti.
30: De emo, solo te falta el peinado.


Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
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miércoles, abril 13

Lunes populares


La cola alcanza los ascensores y es probable que no encuentre boleto, la afluencia de público sorprende debido a que la película, aunque de terror, tampoco es de esas que llaman un taquillazo; cuando caigo en cuenta de que el río de espectadores obedece a que he venido al cine un lunes popular, día en que el precio de la entrada disminuye a la mitad y, ya se sabe, la masa no está para bollos, una avalancha compuesta por parejas jóvenes, estudiantes con libros entre las manos, trabajadores en uniformes y uno que otro sujeto solitario marcha hacia esta gruta oscura para valerse de la oferta que le permitirá sucumbir, así sea una vez por semana, al embrujo cinematográfico.
“Mami, esta película te va a encantar: es de un cura endemoniado”, escucho que un joven ofrece a su pareja una sustanciosa sinopsis del filme. “¡Ay, pero no me la cuentes!”, responde la chica, renunciando a conocer de antemano los laberintos del misterio por venir. A pocos pasos de la taquilla un truhán intenta colearse y es descubierto por la muchedumbre alerta, insensatez que origina un conato de poblada y el transgresor es abucheado, casi lanzado de cabeza al término de la formación. El ahorro del 50% de la entrada rinde modestos frutos en el área de las golosinas y, ya dentro de la sala, durante el segmento de los avances, el público se muestra en extremo comunicativo e impaciente mientras una intensa ventisca de cotufas entre los más jóvenes ameniza la advertencia de apagar los celulares.
Los posa brazos entre asientos son para las parejas de varios años que van al cine los otros días de la semana, hoy queda abolida esa barrera que interrumpe el contacto y el par de tórtolos sentado en la fila de enfrente abre la función con un beso a lo Cinemascope, asumiendo la postura correcta para brindarse mutua protección cuando el “cura endemoniado” comience a hacer de las suyas. Las luces reducen su intensidad y los hilos de la historia empiezan a anudarse para ejercer su poderío sobre el ánimo de los presentes; claro, con una que otra excepción: “¿Y ese endiablado no va a vomitar lentejas?”, reprocha uno de los espectadores las cualidades histriónicas de Anthony Hopkins; el comentario a viva voz desata risotadas entre la audiencia, aunque no convence del todo al sujeto de la fila posterior, autodenominado vigía del orden y quien condena tanta espontaneidad con un fulminante “¡Shiiiiiii!”.
Llegado el ocaso de la proyección ya el cine obró su conjuro, la audiencia se entrega al juego de luces y sombras que se agita sobre la pantalla y el espectador más incrédulo permanece seducido sobre su butaca hasta que ruedan los créditos finales, el encendido de las luces anuncia el regreso a la realidad y aunque el tipo de las lentejas pregone su insatisfacción (“¡Que vaina pa´ mala! A mí que me devuelvan los reales”), en los ojos de la mayoría se aprecia la nostalgia por ese universo fantástico que habitaron durante hora y media y del que ahora son expulsados sin remedio, ya no hay público sino gente que retoma el curso de su propia historia, las parejas salen tomadas de la mano, el solitario se cuenta a sí mismo sus apreciaciones de la cinta, la muchachada recobra su rutina de cachorros y no falta quien, camino a la parada de los autobuses, advierte su pulso aún agitado por el pavor más un resto de chicle recién enredado entre el pelo.

Ilustración: Irene Pizzolante
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martes, abril 5

Los otros karaokes


Si algo hay que agradecerle al karaoke es haber entregado al mundo una metáfora rotunda de la medianía: lo de subir al escenario de una tasca o un bar para, entre desgarradores extravíos vocales, imaginar que se interpreta “Rapsodia Bohemia” con una habilidad semejante a la de Freddy Mercury, es un delirio que se repite en muchas otras situaciones y de muestra el caso del pintor callejero que procura reproducir el Ávila en su tela. Con afán esparce sobre el lienzo los matices relativos a la vegetación más los azules del cielo y de las nubes que le proporcionen al conjunto ese toque colorido tan solicitado por la clientela, compuesta mayoritariamente por los peatones que atraviesan la plaza; tras varias horas de actividad, el ejecutante despide un suspiro que combina la satisfacción y el orgullo ante su obra modesta, simpaticona, hasta bonita si uno no se pone muy exigente, pero que ni de lejos es un Cabré pues ya es lo que es, un karaoke de Cabré.
¿Qué es acaso ese monigote colocado frente a la sede de PDVSA en la Libertador sino un desconcertante karaoke de escultura? ¿Qué hace un jefe que improvisa cada paso y no delega? Pues ninguna otra cosa que un karaoke gerencial. Y en la literatura, ni se diga, a cada momento caen en nuestras manos simulacros de García Márquez y Vargas Llosa, cuyos autores están convencidísimos de compartir el talento de los originales pues, al igual que en el canto fulminante sobre una tarima, los otros karaokes también cuentan con ingredientes que alimentan la ilusión.
Está el público, casi siempre integrado por familiares y amigos que aplauden la acometida del hipotético genio a quien hay que reconocerle, eso sí, que derrocha valor y poco teme al ridículo. Pisar el escenario y encontrarse ante un auditorio espléndido lo extravía de la realidad, suministra los materiales básicos para que el soñador crea firmemente en su sueño, cosa muy buena pues hay que gozarse el momento; pero la tragedia (y todo karaoke, con su insolvencia para igualar el virtuosismo del maestro, es ya una tragedia) recrudece cuando el intérprete baja del escenario para seguir tomándose muy en serio su actuación, las luces sobre los logros precarios encandilan el entendimiento y el soñador continúa presumiéndose el Pavarotti de la arquitectura o el Picasso de la pastelería.
Quienes gusten cantar en la ducha que permanezcan ahí, en la ducha, o si es mucha la audacia tienen pleno derecho de tomar el micrófono en una tasca, no hacen ningún mal con ello, claramente se trata de una experiencia inofensiva. Peligrosísimos son algunos de los otros karaokes, el sujeto que abarrota de comida el refrigerador pero que renuncia a tomar a sus hijos entre los brazos, lamentable karaoke de la paternidad, ni hablar de las confusas versiones de la amistad o del gobernante que apenas llega a estridente eco de estadista; ah, y el amor, no hay balada más difícil de entonar; por mucho que aspiremos al dominio absoluto en este campo, hay días en que desafinamos las notas o apenas se escucha un descorazonado tarareo interpretado a dúo.

Ilustración: Irene Pizzolante
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