miércoles, marzo 2

Suerte de almohada


El próximo sábado 2 de abril las personas y hasta los países que permanezcan atascados en el callejón de un conflicto tendrán la oportunidad de resolver sus diferencias de manera definitivamente esponjosa: como viene ocurriendo desde hace varios años en Nueva York, Sao Paulo, Sidney más otro medio centenar de ciudades, se celebrará en tal fecha el Día Mundial de Peleas de Almohadas, mullido guateque organizado en Caracas por el colectivo “Ser urbano” como una manera de suavizar la urbe y en cuyo reglamento sobresale que la almohada elegida para salir al campo de batalla reúna el mayor grado de ligereza posible, así como se recomienda no embestir a peatones “desarmados” de la blanda herramienta, principalmente policías, guardaespaldas de altos funcionarios públicos y mujeres con un bebé entre los brazos.
A riesgo de que el asunto parezca una extensión de esa práctica de ordinario uso entre las quinceañeras cuando se juntan para una pijamada, saludo con entusiasmo esta iniciativa que toma como protagonista a uno de mis enseres favoritos y de los más gentiles y enigmáticos de todos los que hay en casa. Según Wikipedia, la palabra almohada proviene del árabe andalusí jadd, que quiere decir “mejilla”, aunque particularmente prefiero la versión que la hermana con el término Al-Muwahhidun, cuyo significado es "el que profesa la unión con Dios". Y es que pocas horas se parecen más al cielo como aquellas cuando apoyamos la cabeza sobre el objeto que en la Tierra mejor imita una nube.
El democrático invento es versátil, además de anidar la nuca para el descanso y ponerles rueditas a los sueños que soñamos ya sea despiertos o dormidos, en ciertas noches también sirve de pañuelo; y que no nos llame a engaño su cercanía con la inactividad física: los observadores frívolos relacionan la almohada con la pereza cuando, por el contrario, las mejores ideas llegan cuando la oreja, como a la espera de un dictado importante, se recuesta sobre esta dulce superficie. La almohada es la oficina de quienes trabajan con el pensamiento. Y al igual que toda cosa interesante, también conserva un lado oscuro al servir de muelle de las pesadillas y hasta de utensilio letal, al punto que tanto en el cine como en la vida abundan las escenas donde la almohada actúa de asfixiante instrumento de aniquilación.
Es depósito de las caricias sobrantes (“mi beso se hiela sobre la fría almohada”, compuso el poeta Baldomero Fernández Moreno) y de un tiempo para acá los asiáticos llegan al colmo de casarse con sus almohadas, que si a ver vamos ni tan malo es al abolir las disputas por el control remoto de la tele así como la intromisión de parentela política, que en este caso no son más que unos dóciles cojincitos. Desafortunadamente, todas ellas corren con la misma suerte de ciertos idilios. Cuando la costumbre y el tiempo aplastan su lozanía, es sustituida sin escrúpulos por otra más joven y fresca, hay amores que terminan como almohadas, porosa morada de jejenes y olvidos.

Ilustración: Irene Pizzolante
irenepizzolante@gmail.com
http://irenepizzolante.com

4 comentarios:

Yudith dijo...

Es asi Castor, en estos dias iba a botar una almohada que cambie por otra nueva, ahora me da sentimiento hacerlo despues de esta lectura! Que pases felices Carnavales y mis saludos a Irene, son lindos sus dibujos!

Rafael Jiménez Moreno dijo...

"La almohada es la oficina de quienes trabajan con el pensamiento..." "Hay amores que terminan como almohada..." ¡Maestro!

Anónimo dijo...

excelente! (ay... esos amores desplumados...)

Cástor E. Carmona dijo...

Gracias,Yudith, y le comunicaré a Irene tus saludos. Amigo Rafa, qué puedo decirle, luego de tal halago de su parte sólo me queda comprarme la pipa.