lunes, abril 9

Trabajar en pijama


Cumplir labores profesionales desde el sosiego hogareño tiene sus ventajas: no hay que calarse a compañeros de cubículo, empujones en el Metro ni personal de informática que venga a regañarte por comer encima del teclado de la computadora, de allí que dicha práctica atraiga cada vez a mayor número de interesados. Pero te advierto una cosa: en el paraíso también se sufre.
Abundan los mitos alrededor de esta alternativa, pensándose con ingenuidad que quien trabaja en casa no tiene jefe. Falso. Cada cliente que contrata tus servicios hace de patrón y, si el negocio prospera, tu espalda sufrirá el látigo de varios capataces simultáneos, muchos de los cuales gusta caer de sopetón en la “oficina” justo cuando sobre el lavaplatos se eleva un rascacielos de ollas sucias.
La línea blanca conspira en tu contra. Cerca está la nevera repleta de cervezas y de las exquisitas sobras de anoche, que si te descuidas terminas alcohólico y con una talla afín a la del gordo Lozano. Hasta el televisor engatusa obscenamente: de no contar con una entereza bíblica, quedas enganchado al bloque dramático de telenovelas vespertinas, y luego a ese episodio de El Chavo que no recuerdas o nunca viste de pequeño (ha ocurrido que dan las siete de la noche y el único logro de la faena lo constituyen las llamadas telefónicas para pedir artículos promocionados en infomerciales).
Pero es la cama el mueble que involucra la mayor perversidad, allí, a la mano, tendida como una chica fácil, invitándote cada vez que pasas junto a ella: “yuju, epa, tú, siente la suavidad de estas almohadas; vamos, echa un camarón que nadie te está viendo”. Es el mismísimo Satán bajo la funda. En la increíble circunstancia de que seas responsable, recorres los pocos metros que separan la habitación de la mesa de trabajo, dispuesto a bregar de 9 a 5… para que luego nadie te tome en serio. Porque así te batas como un buey, los allegados preguntan siempre:
- ¿Y todavía no has conseguido empleo?
- Es que yo trabajo free lance.
- ¿Cómo? ¿“frilaans”? ¡Ah, en la reconocida fábrica de pasapalos!
- No. Eso es Frito Lay.
“Pobrecito –piensa el otro con profunda misericordia-. Con lo que se mató estudiando”.
Es un arma de doble filo. A mitad de la jornada, tu pareja (que sí es alguien serio, labora en una compañía trasnacional y hasta recibe Cesta Tickets) llama para recordarte meter la ropa en la secadora u otras encomiendas similares.
- Ahorita estoy redactando una cotización.
- ¡Pero qué te cuesta, si estás ahí mismo! –te grita al teléfono.
- Es que tengo que enviar esto ya por mail.
- ¿Ujum?... pero después haces un pastichito para la cena, ¿sí? –dice ella o él, con manifiesta incredulidad y su oído a la pesca de un bostezo o del llanto de la Chilindrina al fondo.

7 comentarios:

Martha Beatriz dijo...

Me consta que no es así en muchos de los puntos: si tienes una responsabilidad diaria, no hya nevera, ni televisor ni cama saboteadora, aunque estés trabajando en interiores.
Si te concedo que la otra gente piensa que el trabajador hogareño "no hace nada" - me recuerda lo que se piensa del ama de casa - y lo ponen a hacer actividades que supuestamente no le cuestan "nada". Un saludo.

Maléfica dijo...

Doy fe de que todas esas tentaciones ocurren y también están los familiares y amigos que llaman para pegarse al teléfono (total tú estás en casa) y si tienes niños, perro o gato, pues buscarán que los atiendas.
Por eso, a veces es mejor calarse el metro.

anfibio dijo...

¡y que no haya en casa un playstation, porque ahi toda la responsabilidad sí se va pal demonio!

Deya dijo...

Ayyyyyy...si me hiciste acordar mis tiempos de freelancer. De verdad no sé como duré 3 años metida en casa.
El desorden, la falta de disciplina, trabajando hasta la madrugada. Noooo gracias.

De verdad que hay que tener mucha disciplina para mantener un negocio a flote con tantas distracciones.

Saludos!

Carlos dijo...

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Nathaly dijo...

jajaja todo muy cierto! nada como trabajar en una empresa donde PODRAS RECLAMAR TUS HORAS EXTRAS!!! jajaja
Suerte y exitos

ROXANA dijo...

Hola amigo esto que has escrito me causa mucha risa ya que a los que trabajamos en casa nos pasa lo mismo, lo digo por mi esposo y yo que hacemos igualito casi parecido lo que tu dices pero bueno ahy que seguir adelante si no queremos trabajar para un sueldo minimo o un poco de bolivares mas jejeje, saludos