martes, octubre 23

Doñita

Admito mi torpeza para los tratamientos profesionales. No sé, por ejemplo, cómo llamar a un abogado que recién conozca ¿Le digo “doctor Benítez”? Quizá; aunque, sin ánimo de restar méritos a los paladines de la cuestión jurídica, para mí doctor es quien tiene un Ph.D. o lleva colgado del cuello un estetoscopio ¿“Señor Benítez”? No creo, algo falta ahí. Supongo que lo apropiado sería “abogado Benítez” o “abogado” a secas, aunque esta alternativa me incomoda porque suena como si Benítez vino a embargarme.
El caso es que un uso inadecuado de los tratamientos profesionales puede resultar catastrófico, y más de un “chef” desafiará con una tormenta de ollas al comensal que quite status a la sazón de aquél llamándolo “cocinero”. Decidirse por el nombre de pila tampoco es sensato: a muchos profesionales les disgusta que su interlocutor omita durante la charla el título que tan vistosamente enjoya sus tarjetas de presentación, la puerta del despacho y las firmas al pie de los mails. Otra salida invocada por muchos es decirle “maestro” a media humanidad; pero, a menos que se tratara de un representante del noble oficio magisterial, nunca he emplazado así a nadie, básicamente porque me suena pavoso.
El asunto se complica con los tratamientos no profesionales pues hay destinatarios que no desean el rango: en más de una ocasión he visto estallar un fuego homicida en los ojos de mujeres a las que he llamado “señora” en lugar de “señorita”. Muchas damas reciben con angustia esta imperdonable falta de delicadeza, como si de golpe la palabra les recogiera el pelo en un moño y las llevara a un zaguán a tejer puntos de cruz, junto a tías y madrinas.
¿Los hombres somos insensibles a estas fórmulas? Lo dudo. Da un fresquito cuando -cada vez con menor frecuencia- alguien me llama “chamo” a cambio del evidente “señor”, pese a que ya tenga estudiado los gestos para cuando me arrope el “don” (uno de mis favoritos y con el que un día comenzaré a recibir en casa a las visitas, es la expresión de Vito Corleone en “El Padrino”, donde, instalado en la butaca de cuero y con los ojos entrecerrados, agita los dedos índice y medio para hacerle entender al servil que puede acercarse).
Lo dicho revela el capital manipulador de los formulismos sociales. El atajo de llamar “muchacha” a la casera que visiblemente ya no ocupa esa categoría, logra metérnosla en el bolsillo en apenas una palabra. Si, por el contrario, usted desea vengarse de la cajera treintañona que se negó a cambiarle un billete de diez mil, la mejor pedrada es despedirse con perversa cortesía: “Está bien, y disculpe la molestia… do-ñi-ta”.
Pronunciado así, lentamente, para que cada sílaba hiera como una puñalada.

8 comentarios:

Maléfica dijo...

No hay nada que moleste más a una mujer, sea la edad que tenga, que decirle "doña".
Como anécdota, una solterona de la tercera edad que vivía cerca de mi casa puso cara de ofendida cuando le dijerosn "señora" e inmediatamente contestó "¡señorita y a mucha honra!. La otra mujer le contesto "lo siento mucho, no sabe de lo que se pierde" ja ja

Guso dijo...

jajaja! muy buen post, yo soy aficionado también a esa a "don" no se, pero te da un status de señor mayor con sabiduria! :p saludos!

Joanna dijo...

Si les encanta el Don deberian mudarse a Colombia ahi todos los Srs. se transforman en Don, doñita es lo peor suena a viejita chuchumeca :S. Y en Venezuela existe la mala costumbre de llamar a cualquier persona le dicen DOCTOR y estoy totalmente de acuerdo contigo, doctor cuando hagan doctorado y me choca colocar titulos para dirijirme a cualquier persona (licenciado, doctor, etc). Y en lo particular si se van a dirigir a mi persona con que me llamen por mi primer nombre esta bien, me choca el sra. claro que es una forma de respeto pero ahi mismo les digo tranquilo llamame por mi nombre ;)

Anónimo dijo...

A mí que me llamen como quieran que siempre me doy vuelta. ¡Hasta cuando dicen TONTA!

Yudith dijo...

Que buen dato, ya estare atenta para la proxima, cuando me digan doñita, saber de que y porque la venganza. Saludos!

Clara Gescovich-Pepe Curti dijo...

Lo mío es patológico, en serio, yo a una misma persona la llamo por lo menos de cinco formas distintas y durante la conversación voy alternándolas, loco no?. Ejemplo: usted, don, vos, doctor, buen hombre, etc. No se enojan pero quedan tan confundidos..

tcalo dijo...

odio si me dicen SEÑORA!!! sobre todo si quien me lo dice es menor que yo!!! me siento vieja :)
saludos!!

* M a r u dijo...

Hola! Que bueno tu blog... vengo de donde Mariale y me quedé enganchadísima leyéndote...

Nos seguimos leyendo.
Saludos
MEP