lunes, febrero 11

Así hice a Dudamel

Recuerdo como si fuera hoy aquella tarde de mi infancia cuando advertí el talento de Gustavo Dudamel. Bajo el colorido cielo barquisimetano, jugábamos trompo y perinola o nos aventurábamos en los montes vecinos para pescar renacuajos. Muchos suponían que Duda (así lo llamábamos por ese entonces) era un niño corriente, hasta que en la fiesta de cumpleaños de un amiguito reveló su virtuosismo pasmoso cuando le tocó el turno de pegarle a la piñata. Sus brazos fueron pájaros alucinantes al momento de hundir el bastón decorado con papel maché en la figura de Pedro Picapiedra, cuyo abdomen de cartón, despanzurrado por aquel golpe magistral, liberó una tormenta de chucherías y coroticos.
Bastó un par de piñatas más para cerciorarme de que estaba ante un talento inesperado. Luego de verlo esparcir su magia sobre el semblante deshecho del Oso Yogui, lo llamé junto al carrito de algodón de azúcar para decirle: “Duda, tienes que explotar ese talentazo; no sé, quizá convirtiéndote en un afamado director de orquesta”, y de inmediato le coloqué entre sus manos una ramita de semeruco para que imaginara que dirigía frente a sí los violines, el piano, los fagotes, las flautas de una sinfonía excepcional.
No fue fácil. Gracias a su impresionante habilidad para rendir al mundo a la agitación de sus brazos, durante su adolescencia Duda pensó en convertirse en fiscal de tránsito u oficial de plataforma, que es ese sujeto responsable de orientar a los pilotos de los aviones a alcanzar la pista con un par de banderines en cada mano. “No, Duda… más de pinga es afamado director de orquesta”, le insistí por años, hasta que pude hacerle olvidar tanto sueño loco.
En esa época sonaban constantemente en la radio los temas de Pimpinela, Guillermo Dávila, Pochy y su Cocoband, prosperando en el ánimo masivo los últimos ensayos de la salsa erótica. Duda escuchaba con frenesí todas esas melodías. Era mi obligación mostrarle el camino. Una noche, cuando regresábamos de comernos unas reinas pepiadas, le entregué una cinta de VHS con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, La Consagracion de la Primavera, de Stravinski; la Séptima Sinfonía de Beethoven, y otros descubrimientos que yo había grabado de una retransmisión tardía de Clásicos Dominicales.
- ¿Qué es esto? –me preguntó, cariacontecido.
- Óyelo, y después me dices.
Quedó impactado.
Así le fue cogiendo gustico al asunto y ya el resto es del dominio público. Hoy ignoro hasta dónde más pueda llegar. Eso sí. Cada vez que conversamos le insisto para que se corte el pelo, que cómo se atreve a presentarse así ante el Papa o junto a los muchachos de la Filarmónica de Nueva York, siendo ésta la única recomendación que nunca me ha atendido. Qué se le va hacer. Así es Duda, ese inmenso orgullo nacional y un pana burda.

8 comentarios:

altairo dijo...

jaja! muy bueno .Siii es mejor que se corte el pelo que parace bob patiño (de los sipmsons).

altairo dijo...

jaja! muy bueno .Siii es mejor que se corte el pelo que parace bob patiño (de los sipmsons).

Ari dijo...

Gracias por crear este talento jaja de verdad soy despistado.. puedes creer que no sabia que eres el que escribe en la revista dominical..! siempre leo tus articulos y gozo una ola...

MacTom dijo...

ahora esperamos que nos cuentes cómo le enseñaste a batear a Galarraga, y a coser a angel sanchez. Voy a visitarse seguido para enterarme de eso, saludos

Yudith dijo...

Se le agradece todo el apoyo a nuestro talento nacional! Dudamel es exclusivo y es venezolano! Estamos orgullosos que sea asi!

Iliana Contreras dijo...

Gracias C�stor, mil gracias, te imaginas? Duda talvez estuviese dirigiendo el tr�nsito de veh�culos de alg�n sem�foro da�ado en pleno centro de Barquisimeto � de traductor para los sordomudos en alg�n noticiero nacional. Nooooooooooo!!!! que desperdicio tan terrible.
Si no es por tu ramita y tus discos, el chamo no llega tan lejos...Saludos...Manikita.

CHJ dijo...

jajajajjajajajaaj

Cástor muy bueno....que hubiese sido de Duda sin ti...

Lovecraft dijo...

En realidad Dudamel se ha convertido en un producto meramente mediático. Inflado y sobreactuado como director. Aun es joven, con el tiempo se vera si realmente tiene talento.