martes, octubre 14

Operación colchón

Podría pensarse que soy la persona menos calificada para tratar el tema de la operación colchón, ni como cazador y muchísimo menos en la categoría de presa. Sobre lo primero, ignoro lo qué es acodarse en el escritorio para plantearle propuestas indecorosas a una secretaria escultural, por la sencilla razón de que nunca he tenido secretaria (escultural o no). Y como presa, mi aspecto físico es una bendición que me ha librado de insinuaciones subidas de tono, y hasta de las de tono intermedio, es más, casi siempre se dirigen a mí sin ningún tono.
No obstante, en calidad de testigo soy una autoridad en la materia. Por años he visto a cuantiosos/as compañeros/as de estudios u oficina pactar con sus superiores trámites de piel considerados por la mayoría como vergonzosos, pero cuya eficacia nadie pone en duda, al punto de conocer lances que podrían surtir por horas el segmento de testimonios de un infomercial sobre el tema:
- Graciela Q.A mí siempre me raspaban Matemáticas porque nunca me aprendí la tabla de sumar; pero en una noche pasé de 07 a 19 como calificación promedio y, aunque sigo siendo pésima con los números, en eso de los numeritos no me gana ni Euclides. Mi meta es lograr la misma nota en materias tales como Castellano e Historia de Venezuela ¡hasta graduarme Summa Cum Laude!”.
- José M. “Antes yo era un actor de reparto malazo; pero tras unos ensayos en el apartamento del responsable del casting de la telenovela, ahora soy un protagonista malazo”.
- Joaquina T. “Yo era una secretaria que no mecanografiaba ni once palabras por minuto; pero le puse empeño hasta convertirme en la asistente ejecutiva del tesorero de la empresa”.
Me figuro que el colchón es un artículo accesorio pues en más de una bóveda de banco o trastienda de almacén, espacios que ordinariamente no incluyen entre su mobiliario jergón alguno, se consuma el arreglo que -y he aquí otra certeza- comprende una tabla arancelaria conforme al ámbito respectivo: besitos en el cuello: 11 puntos; besitos muy por debajo del cuello: 14; arrumaco con destape frontal: 18; desempañar el vidrio de la ventana con el dorso de la mano como en Titanic: 20 puntos.
La presa (aunque es erróneo generalizar nombrándola siempre así. En muchas historias es ella el cazador) reacciona de dos maneras: obsesionada en guardar el secreto que a la larga derivará en jugoso comentario de la concurrencia; o, no bien termina de abotonarse el suéter, ya presume del recién logrado status frente a los compañeros sin que medien palabras en su declaración. También están los espíritus incorruptos ante las ofertas del desalmado depredador. A estos últimos sugerimos contraatacar interponiendo evasivas del tipo “hoy tengo cita con el médico para tratarme una muy contagiosa enfermedad”, o abandonando el uso de pasta de dientes tras comer mucha cebolla durante semanas.
Si nada de esto funciona, resígnese con saber que Pepeto no es su jefe.

3 comentarios:

SoFia dijo...

Hola Cástor!
Me gustó mucho tu blog!
Me reí leyendo algunos de tus post/artículos, ciertamente me encantó tu manera de expresarte y plasmar las situaciones!
Te visitaré a menudo!
Saludos!

Anónimo dijo...

Hola Cástor, bueno es una triste realidad lo que escribes y me pregunto: Quién sería el dejenerado que inventó la operación colchón? A mí, lamentablemente en la universidad me topé con dos imbéciles que creían que podían salirse con la suya. Físicamente soy muy atractiva y un profesor de matemáticas me calificó un examen con la nota mínima y requerida para aprobar, y sin ninguna oportunidad para poder pedir revisión (ya que al tipo no le convenía, pues eran claras sus intenciones) tuve que retirar la materia.
Luego fue un profesor de Historia, resulta que el profesor (con tres títulos universitarios y además de patán) me puso reprobada en su lista de calificaciones, cuando en mi examen estaba aprobada. Lo tuve que buscar en la universidad muchas veces y siempre se encondía, hasta que tuve que llamarlo y allí (cuán cobarde) me dice que todo se podía solucionar si salíamos juntos. Preferí que me aplazaran y volví a cursar la materia.
Pero así son las cosas amigo Cástor, si las estudiantes no le dan un stop a éstos profesores, ellos seguirán aplicando operación colchón mientras hayan mujeres que lo permitan.
Gracias por tu blog.

Anónimo dijo...

Siempre he sido muy aplicado, y al graduarme y comenzar a trabajar naturalmente vinieron los ascensos. He fomentado el profesionalismo y respeto en mis cargos, y estoy acostumbrado a ignorar muchas insinuaciones. Soy fisicamente promedio, y estoy consciente que les atrae la posición, así que no todas son victimas, algunas la fomentan.