martes, diciembre 13

De PIN a Twitter

Descubro el agua tibia al afirmar que la gente no es la misma por Twitter que por PIN. Cuando se visita un restaurante de lujo, por ejemplo, de inmediato los dedos saltan al teclado del teléfono móvil para presumir del boato en la red social del pajarito: “Fabuloso el restaurante X, una exquisitez para los sentidos ¡No dejen de venir!”; pero si nos detenemos en un puesto callejero para saciar el hambre con un mugrosito, ¡ni locos! vamos a rayarnos publicando en Twitter tamaña ordinariez, por lo que la falta de garbo queda relegada al PIN, que, por su carácter íntimo, emana mayor franqueza.
El mismo teclado nos conduce a esferas diferentes, la pública y la privada, convirtiendo a muchos usuarios en una especie de bicho de dos cabezas que no solo se limita a seleccionar los mensajes convenientes para uno u otro medio, sino también a caer en la contradicción de decir una cosa en casa (PIN) y otra muy diferente en la calle (Twitter): en la primera soltamos verdades brutales, mientras en la segunda nos esmeramos en esculpir la imagen que anhelamos proyectar, mantener el buen gusto, ser políticamente correctos y moralmente aceptables, es decir, meter la coba o, a lo sumo, arropar la sinceridad con los velos de los eufemismos y las indirectas.
La doble moral ahora levanta tienda en los medios electrónicos, pero es imposible mantener las apariencias por largo rato y llega el instante en que el bicho de dos cabezas termina mostrando los pies; para facilitar la tarea de reconocimiento, traigo en líneas sucesivas algunos ejemplos con los que muchos bicéfalos se pasean en paños menores por PIN mientras corren a ponerse su mejor traje cuando toca figurar en Twitter:
- Un poeta se frota las lagañas mientras escribe un verso de amor. PIN: “Me saco las lagañas”. Twitter: “Escribo un verso de amor”.
- Es asesinado el dictador de un país lejano. PIN: “¡Qué bueno que mataron a ese desgraciado! Desde hace mucho merecía arder en las llamas del infierno y no solo él sino también toditica su familia”. Twitter: “La muerte de todo ser humano es sagrada y merece respeto y consideración”. - Vamos al cine a ver Destino Final y entre los tráileres proyectan un adelanto de la más reciente película de Woody Allen. PIN: “Ahora el bululú es en un puente colgante”. Twitter: “No se pierdan Medianoche en París, del acrisolado Woody Allen #Imperdible”.
- Asistimos a la vinatería. PIN: “Tomé unos tragos y quedé mamando”. Twitter: “Estupendo el Château Petrus, con su mezcla untuosa al paladar y de un equilibrio superior al de cualquier Burdeos”.
- Sintonizamos Jersey Shore. PIN: “Marica, Snooky le ha vuelto a caer a trompadas a The situation”. Twitter: Silencio.
- Se le ofrece a la pareja una oferta romántica. PIN: “Cuqui, espérame despierta que esta noche te pongo como tarita de museo”. Twitter: “Que es amor dulce materia/para no sentir las horas/que por los amantes vuelan. Lope de Vega”.
- Respuesta de la pareja a la oferta romántica. PIN: “¡Aquí te espero, mi negro!”. Twitter: “¡Maravilloso el legado del afrodescendiente!”.

Ilustración: Irene Pizzolante irenepizzolante@gmail.com http://irenepizzolante.com

1 comentario:

crizay josefina dijo...

Excelente entrada acerca del twitter y el pim, desviste el "Alter Ego" del venezolano, en el primero se muestra como amante en cortejo, con lenguaje "Dominguero" y actuar "Pantallero", en el segundo distendido, espontaneo ocurrente y dicharachero porque mientras mas irreverente mas popular de sus panas.