31 agosto 2006

Las visitas




Cuando se es soltero una caja de cerveza más la bolsa de Tostitos extra grande son cortesías suficientes al momento de recibir visitas. Luego del altar, señores, eso acaba, y ser anfitrión pasa a convertirse en una ceremonia diplomática precedida por hipocresías tales como la sustitución del rollo de papel higiénico clase D por uno de doble toallita, el piso encerado, la urgente desaparición de ese monumento a la flojera que desde hace mucho domina como un tótem el lavaplatos… todo para que la vaina parezca una foto de revista de decoración, que los invitados regresen a sus hogares convencidos de que uno vive en una tacita de plata y no en un cuchitril rodeado por el polvo y la desidia.
Lo cierto es que ignoro por qué hay personas que gustan hacer de sus casas un salón de banquetes con gente entrando y saliendo una y hasta dos veces por semana, cuando recibir visitas acarrea un esfuerzo increíble, sin contar la inversión económica y moral. Porque eso sí: puede que durante el resto de la semana uno suela obtener sobre la mesa pollo frito y enlatados, pero ante la visita la señora lucirá platos exóticos a partir de ingredientes costosísimos. En contraprestación, uno hace de barman (whisky para el señor, ponche para su esposa, colita para los niños..), dj atento a peticiones, y hasta de Samir Bazzi en medio de Megamatch cuando la tertulia amenace con decaer.
El protocolo impone verdades a medias. “Qué bonitos vasos”, elogia la doña invitada, lo que se agradecerá cortésmente, ahogando la nostalgia por el cooler cervecero exiliado esa noche en una gaveta, como si fuera una abominación, cuando sin duda es la pieza más preciada de la vajilla. “¿Dónde compraron estas servilletas?”, es otra fija, sin que la etiqueta autorice admitir que aquí la costumbre es asearse los restos de chinchurria con un trapo de cocina.
Ya lo dijo el ogro Shrek: “lo mejor de las visitas es cuando se van”. No siempre es fácil. Agotados los temas de conversación y el café, emprendo maniobras sutiles, tales como ponerme el pijama o deslizar indirectas del tipo: “Yo soy hombre lobo y hoy hay luna llena”. A punto llamar de a la policía por invasión a la propiedad privada, los forasteros deciden marcharse, momento cuando empieza lo mejor de la velada: echar pestes porque la visita se presentó con las manos vacías o, peor aun, un vinito infame cuya marca recordaremos para la revancha.
Y es que ya en la puerta los agasajados porfían en retribuir tanta amabilidad, en que prometamos visitarlos “una noche de estas”, ocasión cuando nos corresponda ser el dedo sobre el timbre de otro hogar sin mancha.

6 Comments:

Blogger El loco said...

Totalmente de acuerdo: "lo mejor de las visitas es cuando se van"...que tiene de malo si la casa está regada?...que empeño de aparentar jejeje
PD. por cierto este blog es una de mis recomendaciones en el fulano blogday
Saludos

11:32 PM

 
Blogger Troka said...

Yo sabía que no era la única ladillada a la hora de armar una reunioncita en la casa,.....jajaja
y antes de que llegue la gente me la paso mentando madre...

12:27 PM

 
Blogger Franca Alejandra said...

Cómo es que te llamas tu? Aja Cástor! Interesante nombre by the way...pues si chico recibir visitas hace que uno o bueno, la gente, se comporte como quien se viste o disfraza para una boda ecleciástica, todo un acting de las buenas costumbres y los manerismos de alcurnia que alguna vez alguien o algo como el Manual de Carreño nos dijo o envenenó la cabeza haciéndonos creer que para los demás hay que "Pretemder ser lo uno NO es", te confieso Cástor que he pecado de eso, soy una desordenada empedernida, mi totem del lavaplatos a veces raya el techo los jueves por la noche, mi nevera está llena de vainas mal tapadas, mal guardadas, todo así tirao adentro, comemos en los muebles para no ensuciar la mesa de vidrio del comedor , si la comida viene en embase mejor para no tener que buscar un huequito en el fregadero donde jugar Tonka con los platos en fin un verdadero culto al hogar moderno en el que si no vino la que limpia la que vive está cansada para hacer el oficio, pero BASTE que venga un invitado para que todo reluzca como una tacita de plata, mientras ellos estan en casa te confieso no soy la mata de la atención pero cuando se van soy la mata de la desesperación al ver el reguero que han dejado...inevitablemente me veras jugando tonka en el fregadero porque ese bojote de platos no lo pienso lavar YO!
Un beso
Un Placer
F!

9:42 AM

 
Anonymous Anónimo said...

Search engines try it

Casino
viagra
tramadol
cialis

8:57 AM

 
Anonymous Anónimo said...

Latest news. Viagra, cialis

viagra
cialis
tramadol

2:56 AM

 
Blogger Jhonathan said...

cuando una visita no nos gusta hay que decir, "Cómo me gustaría ser visita para irme" -facundo cabral-

4:42 PM

 

Publicar un comentario

<< VOLVER A PAGINA PRINCIPAL

 
agregar a tus favoritos | recomendar esta página | página de inicio