Mostrando las entradas con la etiqueta crónica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta crónica. Mostrar todas las entradas

sábado, junio 1

El volantero comprometido



Repartir volantes es uno de los pocos temas de los que puedo hablar con propiedad: una tajada significativa de mi patrimonio durante mi época de bachillerato provenía de esta ocupación marcada por la indiferencia y el sol. Los atributos del oficio no han variado desde entonces y ante la proximidad del volantero, la mayoría de los transeúntes aceleran el paso sin ofrecer siquiera la delicadeza de un “no, gracias” o dan un brusco rodeo y hasta cambian de acera como si aquel trozo de papel estuviese impregnado de las bacterias del ántrax.
Hasta el hampa mira con desidia a los volanteros porque… ¿qué les van a arrebatar? ¿Los volantes?
No obstante, ni la televisión ni las vallas y menos la publicidad en línea han aniquilado a este ancestral peón del mercadeo apostado en los puntos más transitados de la ciudad; su perfil fluctúa desde el propietario del humilde establecimiento donde recargan cartuchos de tinta, hasta los repartidores de propaganda electoral alojados al pie de los semáforos para recibir -según sea la tendencia política del conductor- un cornetazo amigable o una embestida con el parachoques del carro.
Hay modalidades para cada uno de los sentidos. Esos aperitivos brindados por las empleadas en las ferias de comida no son más que volantes comestibles. Las dependientas de las perfumerías salen del local para invitarnos a tomar papelitos que emanan vapores magníficos. Son volanteras de naturaleza fragante. ¡Los hay hasta mesiánicos! y los folletos religiosos que entregan de puerta en puerta forman parte del volanteo divino.
Pero se equivoca quien supone que esta labor requiere apenas extender el brazo mecánica y repetidamente para distribuir cuanto antes la resma de octavillas asignada, nada de eso. Abundan los ineptos y los negligentes, pero un volantero comprometido, es decir, un verdadero profesional del volante, maneja y aplica nociones de psicoanálisis, fashionismo y hasta de fisiognomía o estudio del rostro.
Su primera destreza es la capacidad de observación. Como el Terminator cuya mirada arroja porcentajes y algoritmos que definen el perfil del sujeto observado, el volantero comprometido escanea de los pies a la cabeza al potencial destinatario del impreso para decidir si corresponde al target de la ganga. Tras el vistazo infrarrojo, emprende un implacable proceso de selección y apartamiento del grano fértil de la simiente inútil.
Si andas mamarracho, tendrás que insistirle al volantero para que te haga entrega del catálogo promocional del lujoso resort; o preocúpate si te porfía y hasta te sigue hasta tu casa para que tomes el tríptico del centro de medicina estética y adelgazamiento.
El volantero comprometido también derrocha compasión y si su tarea es distribuir los volantes de una juguetería, le interrumpirá el paso al transeúnte visiblemente abatido o estresado, no desistirá hasta depositar entre sus manos la liquidación por inventario de peluches y legos. Sé amable, finge echarle un vistazo a la oferta y no la arrojes al bote de basura hasta que el volantero se haya perdido de vista o alguien más le esté sacando el cuerpo.

jueves, mayo 30

La Escuela de Tota Topete



Buceando por Internet me entero de la existencia de la Escuela de Tota Topete (sí, Tota Topete, el nombre no es ninguna invención; acá el link: www.totatopete.com), establecida en la capital mexicana y donde las mozas en vísperas de casorio acuden para iniciarse en el arte de bordar iniciales sobre toallas de baño o -entre los muchos factores que comprende ser una “mujer íntegra”- surtir los rincones del hogar con una regia pincelada femenina. Topete fundó este instituto porque, alega, “las mujeres de hoy tienden a centrarse más en sus carreras que en los cuidados de la casa, lo cual puede suponer el divorcio (…). Así es que, si lo haces feliz, entonces él te hará feliz a ti".
Entre las asignaturas impartidas por Topete sobresalen “Economía Doméstica: Cómo llevar una casa, presupuestos, lavado, planchado, responsabilidades del ama de casa, etc.”, “Organización del tiempo: Saber administrarse para rendir más”, entre otras materias clave como Corte de Frutas y Verduras. En la sección Testimonios abundan los agradecimientos de egresadas satisfechas, como este de Ana Alicia Ortiz: “A mí me alentó mi marido a tomar el curso porque siempre le hacía lo mismo y me pidió que por favor cambiara ¡Ahora tengo recetas como de aquí a 10 años!”.
La filosofía de Topete apunta a que si una mujer ignora los secretos de zurcir con pulcritud medias agujereadas, su esposo huirá despavorido ante la impericia de la empleada doméstica que un día tuvo el desatino de desposar. “El hombre se casa con la ilusión de que la mujer le cocine, y las primeras desilusiones vienen al ver que ella no sabe hacer nada”, indica la pedagoga, quien propone: “Acepta a tu marido tal como es: Haz dos listas, una con sus defectos y otra con sus cualidades. Lee atentamente la lista de los defectos y rómpela, no vuelvas a pensar en ellos”. Y sigue: “No dejes que la preocupación por tus derechos te impida ser agradecida”.
De sus enseñanzas se extrae que si una doncella aspira a graduarse de licenciada o seguir un curso de mecanografía para mañana no depender de la billetera de su cónyuge, estaría dinamitando la sagrada institución familiar y, con ello, poniendo en riesgo el sano curso de la historia. Algunos señalarán que hoy la mujer tiene que fajarse en la calle ya sea por necesidad o simple capricho de superación, pero esta tesis se cae por su propio peso: si el maridito no tiene empleo o nunca ha querido procurárselo, las clases de Topete serán de gran provecho a la hora de almidonar ropa ajena.
Aunque si lo observamos detenidamente, el currículo de Tota cojea de cátedras fundamentales que a continuación menciono por si a alguna visionaria local le apetece reproducir en suelo patrio un alma máter parecida. Ceguera I: Técnicas para sufrir una súbita pérdida de la visión cuando el marido se olvide de subir la tapa del excusado. Mantenimiento de la Respiración: Muy útil si a él le gusta pedorrearse en la alcoba. Ceguera II: Módulo necesario para no advertir cuando el consorte llega a casa con el cuello de la camisa embarrado en lápiz labial. Saco Perita Básico: Para resistir serenamente los derechazos con que la media naranja exprese su insatisfacción por la temperatura de la cerveza recién servida.
Seguidas estas asignaturas, no lo dudes, “entonces él te hará feliz”…

De ser honestos durante la entrevista de la visa



- Buenos días, ciudadano… ¿cuál es el motivo por el que solicita la visa?
- En primer lugar, salir todas las noches por ahí como los chamos de Jersey Shore aunque, si quiere que sea realmente honesto, voy a cazar cualquier chance que se me presente para quedarme por allá, ya sea de jardinero o lavando platos en un restaurante, no importa ¡Lo que sea con tal de lograr el sueño americano!
- ¿Ha visitado nuestro país anteriormente?
- Visitar lo que se llama visitar, no. En mis tiempos de comecandela en la universidad, sí forme parte de una delegación estudiantil que llegó a las puertas de la embajada para protestar por su política imperialista y de capitalismo salvaje empecinado en la explotación del hombre por el hombre. Pero ya superé eso.
- ¿Es la primera vez que solicita este documento?
- Me han rebotado en varias oportunidades, y esta vez decidí venir personalmente tras probar suerte con varios gestores que se fueron con la cabuya en la pata sin cumplir con lo prometido. Así que este año me propuse no vender mi cupo Cadivi en el mercado negro de divisas y echarle pichón.
- ¿Qué actividad laboral desempeña?
- De todo un poco. Antes manejaba una pequeña empresa por los lados del bulevar de Sabana Grande hasta que me desalojaron; no obstante y pese al auge del intercambio de archivos musicales y películas por internet, no pierdo mis esperanzas en el potencial del rubro de la copia y distribución face to face de quemaítos.
- ¿Posee propiedades?
- Así lo que se dice propiedades propiedades, tampoco. Hasta llevo un par de meses de retraso en el pago de las cuotas del carro y tuve que fallar el alquiler de la pensión para completar el arancel de la planilla.
- ¿Tiene familiares o amigos en nuestro país?
- Legales, no. Un primo que no sé cómo hizo para trabajar en Walmart y que me comenta por mail que, aunque la cosa está dura y siente mucha nostalgia, la calidad de vida allá es muy superior.
-¿Algún hobbie o actividad que cultive?
- ¡Esa sí se la tengo! ¡Soy fanático de Britney! Tras mucho investigar en Google, descubrí donde vivo y pienso ir a visitarla, quizá acampe frente a su casa para sacarle fotos y venderlas a la prensa rosa. Sé por buena fuente que ese es un negocio muy lucrativo.
- ¿Por cuánto tiempo piensa permanecer?
- Me va a disculpar, pero… ¿por qué tanta preguntadera? No se haga el duro, vea que estoy al tanto de que últimamente las cosas no han estado muy buenas por allá y agradecidos deben estar de que uno vaya a dejarles los dolaritos. Es más: así como se acostumbra con los certificados médicos, deberían colocar puestos en los centros comerciales para otorgarle el bendito documento a quien lo requiera.
- ¿Algo más que añadir?
- Compadre, por acá le traje este dulcito de lechosa que preparé yo mismo, seguro le va a gustar, y no es que quiera ejercer con ello algún tipo de presión para que me otorgue el documento, pero, eso sí... estoy a la orden para lo que pueda servirle (llevándose una mano para acariciar la cartera)… ¿Comprende?.. Ya sabe... ¡Es que esa visa me la gozaría demasiado!

miércoles, mayo 29

Los otros contaminantes



Por supuesto que el smog y los plaguicidas participan del largo inventario de contaminantes que socavan la salud del planeta, pero hay muchos otros factores que trastornan el ambiente con igual o mayor malevolencia y ante cuyo asedio ni autoridades ni ONGs ecológicas han planteado acciones urgentes. Acá, algunos de esos detonantes que confirman que el fin del mundo previsto por los mayas es una certeza:

El whisky puya´o
Uno de los agentes tóxicos que con mayor saña emponzoñan el agua mineral, la aguaquina y la soda. Es adulterado por manos inescrupulosas y adquirido por beodos inocentes para, al momento de ser servido en compañía del vital H2O, afectar el organismo con terribles consecuencias que van desde temblores, alucinaciones, escalofríos, ataques de pánico y violencia, hasta nauseas y espasmos. Los dramáticos efectos se prolongan por varios días en los que el sujeto intoxicado ha de permanecer en cama y ser hidratado tenazmente con sopita de pollo y Red Bull.

El borrachito callejero
Estrechamente relacionado con el rubro anterior, el borrachito callejero deambula por la ciudad dejando a su paso una estela de postes, jardines y kioscos empapados con una marea de pis a cuyo lado Chernóbil es un jardín de infancia.

El conductor de camionetica
Al ingresar a una de estas unidades de transporte público, el pasajero es sacudido violentamente por la contaminación sónica que emiten las cornetas y su estridente emisión de reggaetón o la suma de éxitos del grupo Aventura (según el estado de ánimo del conductor, el repertorio podría derivar hacia Montaner, Lasso y Arjona). Pero ahí no acaba la catástrofe y la contaminación sonora es acentuada por los pasajeros inconformes que, desde que suben al autobús hasta que llegan a su destino, protestan a todo gañote la selección musical.

El vecino jacarandoso
También dentro del rubro de la contaminación sónica se agrupa el vecino que enciende la rumba desde el viernes hasta el domingo a mediodía, y aquel que en el asiento contiguo en el metro tararea el “Ai se eu te pego” despedido por los auriculares de su iPhone. Mención especial merece el bebé recién nacido que al otro de la pared de nuestro apartamento, insiste en chillar durante toda la madrugada para desvelo tanto de padres como del resto de la insomne comunidad.

Parrilladas
De emisión frecuente durante los fines de semana, asuetos y feriados, estas poluciones caldean el aire con su característico vaho a chorizo y chinchurria que hace que quienes aspiren tales vapores comiencen a salivar y se les retuerzan las tripas. Si el banquete es preparado en una acera de la Baralt, su consumo puede incluso causar la muerte en el acto.

Pedradas al ojo
Cholas Crocs, lycras de diseño atigrado, y señores de  más de cincuenta años que circulan en motos de alta cilindrada y embutidos en chaquetas de cuero, sobresalen en el catálogo de la contaminación visual que afea el paisaje citadino con mayor insidia que el tendido eléctrico y las vallas publicitarias en el Ávila.

El machacón político
La concurrencia la está pasando muy a gusto sentada alrededor de la mesa en un restaurante o en el salón de la casa, hasta que uno de los asistentes lanza el dardo letal: “¿Se enteraron del reciente anuncio presidencial? ¡Una barbaridad!” o “¡El candidato opositor no da pie con bola!”, lo que empaña la atmósfera y lleva a que la alegría pierda su toda pureza.

martes, mayo 28

El Hombre Maraña



Entre los rascacielos de la metrópoli pero también por los callejones del pueblo más apartado, afronta su lucha un paladín que, a diferencia del superhéroe común y corriente, no persigue combatir el mal ni salvar el mundo: su gesta radica en protegerse a sí mismo y a los suyos valiéndose del superpoder de la maraña.
Todos conocen a alguien así, si es que acaso no somos nosotros mismos uno más de estos flexibles acróbatas que se balancean de una diligencia a otra cuidando de mantener el equilibrio para no terminar de estrellarse contra el duro suelo de la miseria. Llega el lunes y El Hombre Maraña salta a las puertas de una oficina de recaudación de impuestos para ingeniárselas como gestor; el miércoles atiende la instalación de una llave de paso en casa de un generoso tío, cerrando la semana con un coco de taxi sobre su vehículo.
Es este titán quien seduce a su compadre con un “chico, esos cauchos que tienes en el patio están como nuevos, aún les quedan como 40 mil kilómetros de carretera; dámelos acá que yo te los vendo por ahí y vamos fity-fity con las ganancias”. Su súper visión le permite distinguir lucrativos negocios en donde los mortales solo ven ruinas y de un BlackBerry echado a perder exprime una surtida gama de repuestos, o -laberínticas son sus transacciones, de ahí el nombre por el que se le señala- invierte su cupo electrónico de Cadivi para la compra de pulseras y zarcillos a ofertar entre una clientela que paga tales bisuterías precisamente con sus cupos electrónicos Cadivi, los mismos que El Hombre Maraña reinvertirá en la adquisición de licuadoras por eBay y así.
Pero también… ¿ese desempleado que decide vender milagrosas hierbas adelgazantes no es acaso otro miembro de esta casta de colosos? ¿Qué cosa es un freelancer sino un marañero con título de licenciado? No es la industria petrolera y mucho menos la metalurgia: la maraña es el principal agente empleador en nuestra economía.
Ninguna historia heroica está completa sin el elemento del romance. Su mujer en casa es la damisela en apuros. Y lo alienta cada vez que el adalid llega cansado tras una dura jornada: “No hay nada en la nevera y los muchachos no han comido”. Claro, las peripecias para sobrevivir son ejercidas por ambos géneros y, tras enviar a sus tripones a la escuela, La Mujer Maraña compra coloridos cobertores en el Mercado Guaicaipuro para revenderlos entre sus amistades o recorre oficinas con un catálogo de cosméticos entre manos.
Pero nuestro paladín no está exento de caer en el lado oscuro, en ocasiones la necesidad pasa a ser codicia y se sabe de casos en que ningún repuesto sacado del BlackBerry sirvió para un carrizo o que a las manos del compadre nunca llegaron las ganancias correspondientes por la venta de aquellos cauchos viejos. Entre nosotros no hay apuesta más igualitaria que el chanchullo y también el ejecutivo o el encumbrado funcionario son a menudo seducidos por la maraña al servicio de las fuerzas del mal.
Lo que sigue es una historia de villanos.