
Para casi todo hay un día conmemorativo… Día del Árbol, del vecino, del peluquero, del archivista y hasta del agente bursátil y del conscripto naval; más otras fechas cuando el comercio hace su agosto, como es el de la madre, los niños y -para sumo agrado del sector motelero- el Día de la Secretaria. Pero en el curso de nuestras vidas hay personajes decisivos que, por pura indolencia, carecen de una efeméride cuando reverenciar su insigne labor. Propongo a la ONU, encargada de promover las fechas encomiásticas, que eche a un lado tanta desidia y oficialice ciertos días del año para servir con honor a quien honor merece:
Día de la Suegra Desconocida
En algunos países el 26 de octubre se celebra el Día de la Suegra y durante el Día de la Madre las suegras conocidas, esas que están ahí a la mano, proclives a tocar a nuestra puerta en cualquier momento, reciben regalos por partida doble: el de los hijos más los entregados por el yerno o la nuera (¡Dios los libre de olvidarse!). Pero nadie se ha detenido a consentir a la suegra ideal: La Suegra Desconocida, la que nunca se deja ver, aquella que se negó a ir a nuestra boda o renuncia visitarnos los fines de semana y, por lo tanto, es una perfecta extraña. ¡A celebrar con generosas cantidades de comida y alcohol el día de este ser angélico!
Día del Policía Acostado
Cuantiosos arrollamientos y accidentes vehiculares ha impedido con su presencia este martirizado montículo de asfalto que presta funciones las 24 horas en zonas residenciales y estacionamientos, y al que ningún gobierno -ni siquiera una prefectura- le ha consignado un día alusivo. Dejemos la negligencia y a agasajar a este honorable funcionario del que nunca se ha sabido que matraqueó la primera vez.
Día de la Tirria
Por todos son conocidas las bondades desestresante de la catarsis, aunque el comercio, concentrado en celebrar el Día de los Enamorados, no toma en consideración el potencial de retribuir al destinatario de nuestras animadversiones, ya sea un jefe puñetero o la ex cónyuge que nos dejó en la bancarrota. A tal fin, en su día nos levantaremos temprano a pincharle un caucho al susodicho, enviarle abominables sorpresas, esquelas injuriosas o al menos un chiclito ya masticado y lanzado inadvertidamente desde un balcón hacia el pelo del mimoso.
Día del Chofer de Camioneticas Prudente
Aunque celebrar la efeméride de este insigne paladín resultaría cuesta arriba: primero habría que localizar al menos a uno.
Día del Hablador de Pendejadas
Toda familia o empresa alberga a un representante de este género que, sin uno pedírselo, habla –o escribe- hasta por los codos sobre temas monstruosamente inútiles. Si llegara a decretarse un día en su honor y los conocidos y familiares se vieran precisados a consentir a este monumento a la vagancia, recuerden que yo muero por los dulces abrillantados y ando fallo de interiores.


