martes, marzo 13

Telenovela real


Para que no digan que sólo pasa en las telenovelas, el hijo de la conserje, un muchacho respetuoso, siempre alerta para llevarle a las ancianitas las bolsas del automercado, solía compartir en sus ratos libres con los otros adolescentes del edificio (antes de seguir con el relato es preciso subrayar que dicho inmueble está muy lejos de reproducir el lujo de esos quintones donde viven los ricos de las telenovelas mexicanas, nada de eso. Situémonos en un pulcro complejo habitacional de clase media, ocupado por amas de casa y pediatras abnegados para costear la estadía anual en un spa margariteño).
Decía que el hijo de la conserje disfrutaba del privilegio de compartir con los vecinos de su misma edad y nadie reclamaba, que los padres modernos concuerdan en que es de gran provecho para los jóvenes en formación la experiencia antropológica de coincidir, en un ambiente controlado, con sujetos provenientes de otros escaños sociales. Hasta ahí todo bien. Pero el muchacho se pasó de la raya ¿Qué comería para permitirse galantear a la carricita más guapa del edificio? Lo peor fue que la doncella respondió gustosa a las pretensiones del zagaletón, al punto de tomarse de las manos, sin coto de vergüenza, en la terraza del edificio.
Camino a la peluquería, las doñitas residentes observaban con cautela a los tórtolos, presintiendo la amenaza y sus posibles cortafuegos, que sin el establecimiento de medidas urgentes mañana el repartidor de los botellones de agua mineral podría venir por la damita del 3C; y luego la cajera del abasto envolverá con sus malas artes al hijo de la jueza del 5B.
Decaído el tópico del cableado eléctrico corroído por las ratas, el idilio juvenil pasó a ser el tema de la comunidad, esparcido el rumor de que los padres de la moza habían convocado a los miembros más honorables de la junta de condominio para debatir secretamente el percance.
Hasta aquí el parentesco con la ficción telenovelesca. El desenlace del drama que nos ocupa no contó con el resto de los ingredientes que caracterizan al género. El galán no heredó ninguna fortuna, ni la damisela quedó preñada para luego extraviar al bebé en un ataque de ceguera o tras ir a dar injustamente a prisión. Nuestro drama tuvo un fin bastante simplón, pero realista, eso sí.
Se argumentó que la conserje malbarataba la cera sobre el piso, que nunca cuidó satisfactoriamente de las cayenas del jardín, etc., y fue sustituida por otra señora (sin hijos). Pero ¡animaos!, que los finales felices son un asunto de perspectiva y -reestablecido el orden- la comunidad durmió tranquila esa noche, con algunos de sus miembros llevando una sonrisa a la almohada porque en la trama televisiva que antecede al sueño, la protagonista buhonera conquistó con su nobleza el corazón de un potentado.


viernes, marzo 9

Diplomas

A mí lo que me anima a inscribirme en talleres, cursos, seminarios, y hasta licenciaturas y maestrías, es el momento que comprende guindar el diploma en la pared. Para ello escogí el muro de la casa con mayor visibilidad, decisión subordinada al espacio del que disponga cada quien. Aconsejo la pared del vestíbulo, la del comedor, junto a la alacena o, para quienes vivan en un apartamento tipo estudio, sobre el water de la sala de baño. Lo importante es no engavetar el logro y que las visitas encuentren sin mucho esfuerzo tanta evidencia de porvenir.
Tras los arreglos preliminares, como lo es la contratación de un hábil marquista más la escogencia de rosetones en armonía con el mobiliario, se enfrenta un paso crucial: la elección del clavito. Los negligentes utilizan los de precio baratón, hechos un nudo al primer martillazo; los menos insensibles recurren a los de acero, negritos y cumplidores, aunque proclives a sacarte un ojo si pelas el golpe y el bicho salta hacia inesperado destino. Mi caso es ajeno a todas estas vulgaridades ¡Lo mío es el ramplus! Así borro toda duda sobre la firmeza de mi educación.
La jerarquía obedece luego a un orden inflexible: el título universitario corona el conjunto en actitud solar (recuerda utilizar un nivelador para que quede derechito), gravitado por los diplomas de especialización, si fuera el caso; y, en la órbita siguiente, los certificados de asistencia que acusen recibo de nuestras habilidades en materias tan diversas como el origami y la mecanografía.
Da gusto detenerse a contemplar el saber acristalado, ocasión cuando se comprende la echonería que embriaga al cazador frente a la pared llena de cabezas de osos y tigres fulminados por su escopeta. Tantas horas de insomnio, de quemarse las pestañas sobre un libro, constituyen una inigualable pieza decorativa al momento de enriquecer la ambientación de todo hogar.
Eso sí, procuremos no guindar las credenciales a mucha altura, por si se agotan las copias del currículo y toque descolgar la vida del muro para, por enésima vez y renacida esperanza, entrompar nuestro viejo taxi hacia el centro de reproducción.

viernes, marzo 2

Con todos los gastos pagados

Lo primero que pregunta mi señora al enterarse que la empresa me envía de viaje, es la razón y el tiempo en que se prolongará la estadía afuera. Luego de apurar esta inevitable muestra de interés, un brillo toma su mirada y hasta se muerde los labios al momento de averiguar lo importante: “¿Y cuánto te dieron de viáticos?”.Así se inicia el vía crucis de los viáticos. Los compañeros de la oficina reaccionan como si uno acabara de ganarle una demanda a Microsoft. “¡Upa, cachete, estás buchón!”, indirecta para que les convide el almuerzo o unas frías, que de negarnos se estrenará por los pasillos nuestra reputación de miserables. Pero recibir viáticos también tiene su encanto, que no es el dinero en sí, qué va; sino la renovación de argumentos para hablar pestes de la compañía.
Y es que ninguna empresa que se respete y siga a cabalidad el principio de la explotación del hombre por el hombre, es decir, ninguna empresa, ofrece viáticos decentes. Es un punto de honor en el manejo efectivo de sus finanzas. Hasta sospecho que en las escuelas de administración imparten una materia electiva llamada “Viáticos o cómo hacer que un empleado sobreviva fuera de la ciudad con 2 mil bolívares diarios”. El caso es que la pichirrería organizacional alienta los resentimientos laborales. “Me envían a Guasdualito por un mes y sólo me dan 20 mil bolívares de viáticos ¡Cuánta mezquindad! Con todo el dinero que ganan…”. Y por ahí uno se explaya en un encendido manifiesto contra el capitalismo salvaje.
Gastarlos con prudencia requiere acoger los hábitos de un faquir ¿No me iré a desmayar si desayuno sólo un juguito? ¿Si pido un quesillo luego del almuerzo, me lo irán a descontar de prestaciones? ¿Si economizo caminando los 15 kilómetros que hay del aeropuerto al hotel (a darse con una piedra en los dientes si es de una estrella), me quedará algo para un Cocosette como recuerdo de viaje? ¿Despilfarro en agua mineral o busco una manguera para mitigar la sed con agua e´chorro?
Lo peor espera al regreso. La relación de gastos. No hemos colocado la primera nalga sobre el asiento en la oficina, cuando ya está llamando la secretaria de administración para solicitar el envío de la relación de gastos. Brilla el enigma que atribula a todo empleado al regreso de un viaje: cómo justificar los traslados en taxi cuando ningún chofer tenía factura. Y de nuevo te llaman de administración, con un empeño que lleva a pensar que la empresa aguarda los 1.500 bolívares que quedaron de los viáticos para pagar nómina.
Porque algo es cierto: así se termine poniendo reales de la quincena debido a que la tarjeta telefónica adquirida para llamar a la madre moribunda no consta como consumo justificado, devolver parte de los viáticos es el mejor ardid para figurar como un empleado virtuoso, de esos a los que el jefe palmea en la espalda y honra con el privilegio de recorrer el mundo con todos los gastos "pagos".

martes, febrero 13

Pareja asimétrica


Cuando los miembros de una pareja comparten temperamentos afines, es decir, cuando ambos son buena gente o, por el contrario, igual de bichitos, la mejor explicación es aquella de que Dios los cría y ellos se juntan. La extrañeza aparece en la oportunidad en que uno de los dos es de pinga mientras el otro u otra muestra unas espuelas de este tamaño, desequilibrio de caracteres que suelo denominar pareja asimétrica y de la que destacan tres posibilidades:
1) Uno de los dos fue víctima de engaño por parte del otro que, una vez consolidada la relación, dejó caer la máscara de simpatía para liberar toda su naturaleza oscura. En estos casos, los observadores ofrecemos una conclusión inapelable: el mayor defecto de muchas personas, es su pareja.
2) Nadie se dejó engañar nada; por el contrario, desde el principio el uno estuvo muy bien informado sobre la bajeza del otro, lo que ocurre es que el primero presenta vocación de sometido y por eso se la cala.
3) Ambos son igual de desalmados, sólo que uno encubre tras la ruidosa vileza del otro, su propia e íntima perversidad. Esta categoría es la más peligrosa de todas, como en esas películas donde, al momento de interrogar a un sospechoso, un funcionario interpreta el rol de policía malo y su compañero, el de policía bueno. El primero amenaza y desbarata sillas contra las paredes, entretanto el segundo ofrece cigarrillos y un vaso de agua mientras platica con gentileza hasta ganarse la confianza del interrogado que, no hay pele, como un corderito le confiesa sus crímenes al policía cordial. Pero policía al fin y al cabo.
Es frecuente el comentario: “¿Cómo es posible que fulano/a, todo un ángel, se haya empatado con esa energúmeno/a?”. No caigan por inocentes, señores, que cuando el caso responde a la categoría 1, se está ante la presencia de una fina danza ejecutada por dos maestros de las apariencias. Tras escena, la presunta oveja blanca u autor intelectual ofrece las indicaciones de la atrocidad a consumar por el cónyuge explícitamente desalmado, quien, una vez cometida la fechoría, queda como una cucaracha ante todos mientras el primero pasa por bendito. Otra posibilidad consiste en hacerse el loco y mirar distraídamente a un lado mientras el monstruo visible desarrolla la barbarie apetecida por ambos:
- Mi amor –dice el brazo armado de la pareja-, el vecino está haciendo mucha bulla por las noches ¿Qué hacemos? ¿Le quemo el carro?
- ¿Viste a cuanto amaneció hoy el precio de la leche? –responde el otro u otra, en muda aprobación, todo un clásico de la vileza.
- ¡Y después le quemo la casa!
- Y el azúcar que no se consigue… De paso, cuando vayas al abasto, busca también kerosene, que se nos acabó...
Antes de pedirle a Dios que nos libre del agua mansa que con la brava ya veremos qué hacer, habría que rogarle primero que aclare cuál es cuál.