martes, abril 3

Manual del seductor

Si pese a la meticulosa aplicación de cremas adelgazantes, barroterapias, subidas al Ávila, baños de asiento con extracto de baba de caracol y otras maniobras, su aspecto físico continúa en ruinas, apele a las siguientes recomendaciones, definitivas en eso convertirse en todo un conquistador.

- Aproveche los carnavales.
Sírvase de las fiestas carnestolendas para disfrazarse de negrita, de El Zorro, de terrorista de Al Qaeda, de diablo danzante de Yare, de hallaca o cualquiera otra caracterización que implique una máscara, una capucha, un pasamontañas o una burka, contribuyendo -de paso- con el rescate de una de nuestras más lindas tradiciones.

- Llegue tarde a los saraos.
Preferiblemente a golpe de 3 ó 4 de la madrugada, cuando la concurrencia está pasada de tragos y -gracias al poder letárgico que ejerce el alcohol sobre el gusto ajeno- pueda usted lucir su confusa belleza.

- Salga con amistades guapas pero gafas.
Servirán de gancho para atraer a presas del sexo opuesto. Eso sí: cerciórese de que su amigo o amiga sea decididamente gris para que fastidie en pocos minutos al trofeo a conquistar, momento cuando usted se robará el show con una sensibilidad y agudeza a flor de piel.

- Pasee a un perrito.
Pocas actividades enternecen tanto al prójimo. Verá pronto como lo o la detienen en la acera para buscarle conversación sobre desparasitaciones y vacunas contra la parvovirosis, sin reparar -por fortuna- en su perfil o pancita. Si no tiene cachorros porque los odia, apele a un bebé de meses prestado.

- Atienda a Betty.
En una discoteca identifique a la asistente menos agraciada e invítela a un trago o a recorrer la pista de baile. Las chicas guapas concluirán inmediatamente: “Que tipo tan bien plantado, ¡por fin un espíritu ajeno a la mundana superficialidad!”. Conmovidas por su nobleza, las bellas se pelearán por sonsacarlo (la incógnita de esta maniobra radica en cómo deshacerse después de la imperfecta).

- Sáquese el Kino.

- Mercadee su virginidad.
Diga que nunca ha estado con nadie en la cama, que su ilusión es llegar virgen al altar. El otro u otra se le abalanzará como fiera salvaje (no olvide poner cara de asombro cuando su pareja saque a relucir el preservativo).

- Mercadee su desenfreno.
Es una técnica opuesta a la anterior, pero con iguales resultados. Proclame que es usted un libertino o libertina, que ha perdido la cuenta de las parejas ocasionales. No hay pele: a las mujeres les encanta recobrar a un hombre de las garras de la perdición; mientras, ningún caballero con cuatro dedos de frente pasará por alto la apetitosa circunstancia.

viernes, marzo 23

Que todos los santos bajen a Vargas


- Muchachos… ¿ya leyeron El Código Da Vinci? ¡Está buenísimo! –preguntó San Juan de Dios, patrono de los libreros.
- Yo le lleve la película al Jefe, pero como era una copia chimba quedó en la parte donde a Tom Hanks lo adormecen con burrundanga –replicó San Gabriel Arcángel, guardía de las telecomunicaciones.
- ¡Orden, colegas! Vayamos al punto principal de la asamblea –interrumpió el jaleo San Guido, defensor de los notarios-. Nos hemos reunidos en la presente ocasión para decidir a dónde vamos esta Semana Santa.
- Yo sugiero… -interrumpió el único asistente encorbatado.
- ¡Un momentico, José Gregorio, que tú estás coleao! –farfulló San Tomas Moro, custodio celestial de los abogados-. Aún no te han concedido el carné y sin las debidas credenciales, no puedes participar en las deliberaciones del gremio. Agradece asistir en calidad de beato oyente, pero sin voz ni voto.
- Vamos a ver si de aquí al 2021 la pego… –rezongó, volviendo a su asiento, el siervo de los pobres.
- ¿Otro cachito? –invitó San Onésimo, vigía de los sirvientes domésticos.
- Propongo que vayámonos este año a una playita, a un riíto por lo menos –planteó San Cristóbal, centinela de los viajeros.
- Negativo procedimiento. Debemos continuar en las iglesias y en los templos a la espera del fervor de los fieles –expuso, categórico, San Pedro, vigilante oficial de las puertas del paraíso.
- Ahí viene éste de nuevo con sus atropellos. Claro, como a él le han construido tremendas catedrales allá abajo y uno apenas cuenta con una que otra capillita –se lamentó, con muestras de resentimiento, San Liborio.
- Además de estar encompinchado con San José, otro apoya´o por ser el padre de quien ya sabemos… –dijo San Tomas Moro, cuidador de los políticos- ¡Propongo una habilitante que fomente la igualdad entre los santos!
- Ey: santos… y santas –replicó la Virgen María, madre del hijo de Dios (¡una pelusa!).
- Nos hemos apartado de la agenda -retomó el punto San Guido, el de los notarios-. Por fin… ¿pa’ dónde cogemos esta Semana Santa?
- Ya conocemos Hawai, Aruba, y esas hermosísimas playas que hay en los anillos de Saturno. Este año propongo que todos los santos bajen a Vargas. Bastantes milagros que hacen falta por allá – planteó San Francisco Javier, defensor de los misioneros.
- ¡Upa! Yo llevo la cavita con el vino de consagrar –secundó San Vicente de Zaragoza, patrono de los cultivadores de viñas.
- Y yo el CD con los cantos gregorianos para oír en la cola de la trocha – terció Santa Cecilia, bienhechora de los músicos.
- Nada de eso, hermanaza ¡Este año nos salen Las Cherrys! –determinó San Blas, favorecedor de los laringólogos y de los enfermos de la garganta.
- A todas estas –dudó San Judas Tadeo, protector de los policías-… ¿Y quién se va a quedar de guardia aquí?
Pero nadie escuchó.
Ya medio cielo comía corvina frita en “El pez dorado”.

jueves, marzo 15

Promotora


Está uno de lo más fiel en una tasca, jurándole a nuestra señora que es la cosa más bella del mundo cuando, de sopetón, llega a la mesa una señorita dentro de una pasmosa lycra bicolor. Con su sonrisa de promotora, explica que si ordenamos dos cartones y medio de cierta marca de cigarrillo, obtendremos de ñapa un yesquero.
La mujer que nos acompaña no pierde la compostura, qué va. Ni de vaina va a mostrarse menos risueña que la anónima hermosa. Hasta se pone participativa, exhibiendo un interés donde brilla una verdad grande como el sol: parte del instinto femenino se destina a estudiar el comportamiento con que los hombres reaccionan ante una promotora.
Hasta hay damas que, siendo abstemias y sin nunca haber aspirado el humo de un cigarro, prestan una atención inusitada al grado alcohólico de la bebida ofertada o si el cigarrillo en promoción ostenta doble filtro ¿El plan? Extender la estadía de la forastera para analizar con detenimiento la actitud del tipo ante un hembrón.
Es de novios y esposos sensatos hacerse los locos, reunir toda la fuerza de voluntad para fijar la mirada en el servilletero, tragar grueso, disculparse: “No, señorita, gracias por su gentileza. Yo fumo otra marca”; cuando en el fondo de la garganta se agolpa el grito: “Mami, yo inhalaría perejil si me lo pides ¡Al carajo con el cáncer! Pero déjate de esto y huyamos en el carro que tengo estacionado aquí cerquita”.
Pero no. “Muchas gracias”, repetimos, con una frialdad que podría valernos una postulación al Oscar en la categoría de Mejor Actor.
De los recursos del mercadeo directo, la gracia de las promotoras entraña la más perversa manipulación hormonal. En los pasillos del automercado sale a tu encuentro una chica para invitarte a probar un jugo de chirimoya endulzado con papelón. En un vasito de café sirve el absurdo elixir. Aquello sabe a diablo, pero la lycra tan bien arraigada, sus dulces modos… Uno termina llevando a casa dos cuñetes del menjurje.
Más el recuerdo de una sonrisa.
Aunque dudo que la promotora lo pase mejor.
Lidiar con adolescentes mamones, con viejos verdes, con las esposas de los viejos verdes, con cronistas babosos… todo eso que compone la noche, en el intento por juntar el dinero para la matrícula del tecnológico, quizá la rinoplastia fundamental para otra incursión ante Osmel (Dios quiera que con mejores resultados que en los dos casting anteriores), o cualquiera de los muchos alpistes que llevan a una ave espléndida a detenerse al borde de nuestro mantel durante su migración de mesa en mesa.