sábado, abril 12

Pancita de marido

Días atrás el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas sirvió de sede para un encuentro de especialistas reunidos con el fin de aclarar de una buena vez el origen de ese enigma metabólico que es la pancita de marido. Durante el acto de apertura se mostró un caso dramático: una diapositiva exhibía a un individuo con los cuadritos de su abdomen nítidamente definidos; la segunda imagen presentaba al mismo tipo durante su boda, todavía gallardo. Pero la tercera gráfica, tomada años después, sacudió al auditorio: al sujeto de estudio, apenas reconocible, se le veía sentado en un sofá con el control remoto de la tele en una mano y una cerveza en la otra, mientras un ombligo bochornoso coronaba aquel barrigón ganado inexorablemente.
Los científicos versados en genética apuntaron que la degeneración es causada por un gen que se activa el mismo día de la boda. “Los efectos varían entre un individuo y otro, comenzando a manifestarse al regreso de la luna de miel o al cabo de varios años”, dijo un experto en biología molecular, lo que suscitó la intervención de las madres de los sujetos con pancita de marido, cuya representante afirmó que el fenómeno era generado por las nueras acomplejadas. “Algunas mujeres ceban a sus maridos sólo para restregarnos que los cuidan mejor que nosotras”.
- ¡Un momentito! -exclamó, golpeando la mesa del panel, la delegada de las esposas de los sujetos con pancita de marido-. Que así el muérgano haya sido gimnasta olímpico cuando soltero, ya casado cuesta Dios y su ayuda hacer que lleve la basura al bajante o que saque a pasear al perro.
Los conferencistas ofrecían candentes alegatos, hasta que les tocó el derecho de palabra a los principales afectados, los señores dueños de pancitas de marido, cuyo vocero sorprendió al publico con la franqueza de sus revelaciones: “Para nadie es un secreto que ocultar el anillo de boda es una maniobra cultivada frecuentemente, pero esto –dijo, señalando su abdomen en forma de pipa- es llevar del cuello el acta de matrimonio. Un sujeto puede justificar el escarpín que cuelga del espejo retrovisor de su carro diciendo que pertenece a un ahijado; pero la pancita de marido, damas y caballeros, es una evidencia inocultable del estado civil”.
El crudo testimonio dio paso a una promesa inesperada: “Y por que esta situación acarrea graves problemas de salud, nos comprometemos a beber menos cerveza, no ir a parrilladas, practicar taichi…”, pero fue interrumpido por los abucheos de la audiencia. Las madres dijeron que no deseaban hijos famélicos, mientras las esposas no pondrían en duda su reputación, “que un marido a la línea sólo prueba que su mujer es una inútil en la cocina”, se oyó decir.
Y, durante la clausura del evento, los señores con pancita de marido allí presentes fueron colmados con bandejas repletas de tequeños y ojitos de buey, como era de esperarse.

miércoles, marzo 26

Sin aliento

La empleada del laboratorio anuncia que es mi turno de pasar al cubículo y me entrega el envase de plástico, elemento que ejerce el papel de coprotagonista durante la recolección de la muestra para un conteo de espermatozoides o espermograma, lo que -estoy por descubrir- constituye la versión del “placer solitario” menos placentera de todas las existentes.
Ya en la pieza provisional estudio que no haya cámaras ocultas y, cuidando de fijarme bien dónde piso, ruedo la débil puerta corrediza que me separa del grupo de personas que en la antesala, a no más de dos metros, platican sobre temas de actualidad. “La cosa está fea. No hay arroz, azúcar, leche ni caraotas”, lamenta una doña. Sí, la faena demandará un trabajo de concentración igual o mayor a cuando en la tele Tusam doblaba cucharillas con el poder de su mente. Un alma bondadosa tuvo la gentileza de colocar sobre una repisa un par de impresos con fotografías picantes, pero ni llevando traje de buzo agarraría aquello.
Para cumplir estas gestiones el tiempo varía entre los caballeros, pero la empleada escribió “diez minutos” en un ítem del formulario y hasta en las presentes circunstancias hay que quedar bien parado. “El mercado negro de dólares está galopante”, dicen afuera, y coincido en que el régimen cambiario significa un… ¡Ya va! Volvamos a lo nuestro. Eso sí, calladito, como una película con el volumen en Mute. Suena el celular. En un intento desesperado por apagarlo, oprimo el botón verde.
- ¿Aló, sobrino? ¿Está ahí? ¿Me oye? ¿Qué hace que no contesta?.
- Bendición, tía; más tarde la llamo.
La interrupción devolvió el ave a su nido. Toca remontar la cuesta. Quedan 6 minutos con 45 segundos ¡Vamos, hombre, tú puedes! “El Papa oró anoche por la liberación de rehenes de la FARC”. Y hace frío. ¿Qué habrá sido de aquella muchacha del bachillerato, la de trencitas hasta la cintura?... ¡No, calambres ahora no!
Voilá (para decirlo en francés), aunque embocar el dichoso envasito implica una operación digna de atletas duchos en la especialidad de tiro al blanco.
Me percato ahora de una prueba inesperada, recuperar el ritmo natural de la respiración, que se vería poco elegante salir de aquí como si acabara de correr los cien metros planos. Deslizo la puerta corrediza para encarar a la gente inmersa de pronto en eso que llaman silencio sepulcral, y dividida en dos grupos: 1) quienes con actitud expectante me observan fijamente a los ojos; y 2) los que se quedan mirando el frasquito.
Camino hacia la recepción con mi mejor cara de sujeto decente, llevando en una mano el cáliz con el saldo de la jornada, pero pelo un revistero y salgo disparado de boca en medio de una agitación bastante parecida a un paso de mambo, recuperando el equilibrio justo antes de que el frasco se aloje sobre el peinado de la empleada. “Adiós, mis muchachas y muchachos”, me despido en silencio, y gano la calle en dos zancadas, loco por un cigarrillo.

lunes, marzo 17

Adulto contemporáneo

Hoy me levanté de la cama con el firme propósito de convertirme en un adulto contemporáneo. Significará un gran esfuerzo alejarme de los viejos hábitos que me mantienen atado a mi actual categoría de adulto extemporáneo, pero estoy dispuesto a poner todo de mi parte para salir de esta otra época en la que permanezco varado -no sé si vivo a inicios del siglo IXX o en un futuro distante- y alcanzar la añorada dimensión de la contemporaneidad.
El primer paso será pedir un fuerte crédito al banco.
- ¿Y cuál es el motivo de la solicitud? -me preguntará la ejecutiva de cuentas, a lo que responderé, optimista pero concluyente:
- Convertirme en un adulto contemporáneo.
- ¿Y qué es eso?
- Esteeee, lo ignoro… pero ya todos mis amigos lo son y comienzan a mirarme feo.
Oído esto, la acogedora señorita sacará de una gaveta de su escritorio el fajo de billetes requerido, luego de lo cual visitaré tiendas de aparatos electrónicos para adquirir la laptop, el manos libres del celu y -¡por supuesto! - el iPod, pues es sabido que con el gusto musical apropiado ya se tiene medio camino resuelto en el difícil arte de ser un adulto contemporáneo.
De allí que no pienso escatimar en sacrificios y esconderé bajo los felpudos del carro los cedes de Don Omar y Estelita del Llano (tengo que preguntar si Los Panchos son permitidos), para poner a la vista de ocasionales pasajeros intérpretes de moda pero no tanto, más álbumes de agrupaciones de esas que llaman Clásicos, eso sí, desaparecidas mínimo hace una década. Esto es buenísimo porque las giras de reencuentro ofrecen un apasionante tema de conversación tanto en bautizos como durante ceremonias fúnebres (ya me perdí el concierto de The Police y el de Soda Stereo; pero ahora, como adulto contemporáneo, ¡no me pelo el de Air Supply!).
Sospecho que nadie con barriga cervecera es admitido en el gremio, por lo que desde hoy me propongo subir al Ávila bien temprano y por las tardes tirarme en parapente, es decir, ¡seré dinámico!, dejando atrás la despreciable manía de recorrer taguaras y peñas hípicas los fines de semana, para convertirme en asiduo de lounches y un entusiasta del sushi, aunque ruego me sea permitido llevar guasacaca durante la primera fase de la dura transición.
He de asegurarme de tener ideas progresistas, participar en intercambios de parejas, y enterarme qué es eso del calentamiento global para comenzar a crear conciencia. Ya anoté en la agenda (electrónica, obviamente): “hablar pestes de La Guerra de los Sexos y cada noche, antes de dormir, echarle pichón a un capítulo de Osho u otro autor de pasmosa sabiduría”, que no quiero pasar por bruto, quedándome con la boca cerrada en la primera reunión de adultos contemporáneos a la que asista durante mi debut, y venga un tercio y descubra -¡la pistola!- mi terrible pasado como adulto a secas.

viernes, marzo 14

Un liguero para Frufrú

Es habitual ver en la calle como perros y gatos lucen coloridas camisetas, pantalones vaqueros y hasta prendedores y kimonos, muestras de que el mundo de la moda extendió exitosamente su agitación entre el reino animal. Una boyante industria prospera tras este boom, por lo me sirvo del presente espacio para promover el lanzamiento de mi propia línea de ropa y accesorios ideada para convertir a su mascota en el patiquín de la cuadra (les debo las fotos del catálogo en actual proceso de impresión).
Bikini para el gold fish
En ocasiones festivas todos en casa lucen los mejores vestidos, mientras el pececito continúa exhibiendo sus vergüenzas dentro de la pecera. Para enmendar esta desnudez acuática, ¡nada como un exclusivo traje de baño en dos piezas o enterizo elaborado con tela impermeable y colores variados para combinar con las piedrecitas del fondo!. Estupendo para acentuar la figura de platys y arlequines, el kit incluye una atrevida tanga para el corroncho.

Acures dark
Si sospecha que su mascota pertenece al movimiento gótico, no se ponga remolón y sorpréndala con unas finas botas picudas adornadas con tachuelas, vistosos piercings para el hocico, y corsés rematados con encaje negro ideales para remarcar la melancólica personalidad de su hamster, cunaguaro o babilla.

Bufanda para loros
¿Su loro se niega a hablar o decir al menos “trua trua”? Quizá se deba a un resfriado a combatir con una regia bufanda 100% de algodón e incrustaciones de azabache. También puede usarla la vieja cacatúa (el ave; no ese miembro de la parentela política llamado por el mismo nombre) y el pato de la familia.

Accesorios para alimañas
Olvídese de lidiar con los bichos mediante costosas fumigaciones y acicálelos con el último aullido de la moda. La extensa colección comprende cintillos para chiripas inspirados en diseños de la alfombra roja, pantalones tubito para piojos, sandalias rajadeo para tuqueques, y muñeras con las que podrá engalanar cada una de las antenas de las hormigas que suben por la pared del patio. La transformación requerirá un poco de paciencia, pero hacer feliz a un animalito vale el esfuerzo.

Canela´s Secret
¡Por primera vez ropa íntima sexy para la perrita consentida de la casa! Seductoras bragas y corpiño push up ajustable para 8 ó 10 tetillas. El combo de lencería incluye hilo dental, baby doll y (si ¡escribe ahora! al mail aquí publicado) se lleva gratis un sugestivo salto de cama de mucha utilidad en caso de que la mimosa esté en celo y quiera enloquecer a sus pretendientes luciendo como la perra más perra del vecindario.